Mª Teresa Molares
UCR 13 de Marzo de 2008
En la noche electoral se le atragantó
la pluralidad al señor Blanco, portavoz del PSOE.
Se enredó con las consonantes. Pudo ser un simple tropiezo articulador en el
momento final de un día intenso por la espera y la esperanza o un síntoma de
mala conciencia como diría don Segismundo (Freud). Resulta impensable, en estas
elecciones más que nunca, que a los grandes partidos les interese la pluralidad
política. Se ha instalado un modelo de democracia formalista hacia el que España
avanza, en eso sí, sin duda ninguna. Y es normal que se le atragantara al que
hablaba en nombre de quienes han podido cambiar las condiciones pactadas en la
transición, la ley electoral entre ellas, para avanzar hacia un modelo
bipartidista que, hay que subrayarlo, les está saliendo muy bien.
Porque, a pesar de la insoportable evidencia de la injusticia del sistema d’Hont,
nadie ha movido un milímetro sus intenciones para introducir el más mínimo
cambio, la más leve corrección con las que empezar a arreglar las cosas. Ni
siquiera han desaparecido las Diputaciones provinciales, esa obsolescencia
innecesaria e indecente. Y no se ha hecho en las legislaturas con mayoría
absoluta, pero tampoco en las de mayoría endeble, necesitadas de apoyos e
intercambios. Tampoco la última legislatura en la que el gobierno de ZP ha
manifestado buenas intenciones de izquierda y hasta ha intentado satisfacer
algunas esperanzas de la izquierda, (ay, tan pocas, tan débilmente). Un gobierno
que ha recibido apoyos por parte de una izquierda complaciente conducida por
Llamazares, no ha tenido el menor interés en desbrozar su difícil camino
electoral. Así que el “tsunami bipartidista” lo ha pillado a la intemperie. Hay
que ponerse a buen resguardo mucho antes. Las campañas electorales suelen ser el
colofón de una legislatura. Mantienen el tono, los modos buenos o malos, los
protagonismos.
Aunque con retraso, ocho años de retraso, se le atragantó el bipartidismo a
Llamazares, por fin diputado solitario de IU en el parlamento español. Brillará
con luz propia, la que ha estado alimentando durante los últimos años, desde su
llegada a la coordinación general de IU. Sólo y libre para decidir, negociar,
pactar, legislar. Ahora que probablemente nadie la hará requiebros. A no ser que
se decante por una forma de presencia parlamentaria rompedora de formalidades
estériles. Porque vuelven las alianzas con los partidos de la derecha
nacionalista, la defensora de los intereses del dinero, del capital, catalá,
euskaldun, o chino... Tendría que ser una presencia y una voz multiplicadora de
las necesidades reales de una sociedad que, aunque con el “escaso” apoyo de casi
un millón de votos, reclama la existencia de un pensamiento y de una práctica de
la izquierda que IU ha representando. Una presencia a través de la cual se
recuperara la articulación en Izquierda Unida. Es la tarea obligada para quien
ha intervenido destructivamente en el modo de funcionamiento participativo de
esto que no consigue llegar a movimiento político Y social. Porque el sistema de
recuento que perjudica a la pluralidad se aplica desde 1979. Porque no ha habido
otro coordinador general en IU mejor tratado por las grandes corporaciones de la
comunicación. Porque la tarea de desmantelamiento de un pensamiento crítico en
IU y desde IU no podía augurar más que lo que ha sucedido.
Si la tarea resulta excesiva para quien ha conducido el barco al dique seco del
aislamiento institucional, debería no sólo abandonar el timón, sino también el
escaño. Sus consejeros áulicos, los que ha usado en vez de los órganos de
dirección colegiada, deben elegir en el mismo sentido. Que la vida está llena de
puestos de trabajo, de subsidios de paro, de instrumentos de “búsqueda” de
empleo.
Mírenlo desde la galaxia « perdedora » de los años 90, dirigida por un equipo al
que se le demandaba la dimisión en cada proceso electoral.
Los demandantes eran los López Garrido, Sartorius, Villalonga, Almeida y otros
de menor cuantía. Mírenlo con atención, analícenlo con respeto. Los nuevos
sujetos sociales, los antiguos luchadores por alcanzar una sociedad justa, no
sólo más justa, merecen esa atención y ese respeto. Los eslabones del
pensamiento crítico no se interrumpen aunque se debilite la presencia
institucional.
Como decía el himno de Izquierda Unida, también abandonado, mañana empieza hoy.
Mª Teresa Molares, Bruselas 11 de marzo 2008