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presencia. Juan Carlos «El Rey» |
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¿La izquierda debe gobernar para las clases medias?Joaquim Pisa Aventura en
la Tierra 19
de Febrero de 2008
Leo en un foro socialista duras críticas a que
supuestamente la campaña actual del PSOE vive sólo de la confrontación
con los obispos. Ojalá un partido de la izquierda gobernante realmente
"viviera de los obispos"; significaría que de algún modo estaría en
lucha contra los representantes de la alienación ideológicapor
excelencia en España. Por desgracia no es así, y si los obispos se ponen
tan chulos es precisamente porque saben que enfrente no se les va a
oponer nadie, ni sus intereses van a resultar perjudicados a corto y
medio plazo. Basta leer los dulces comunicados de respuesta emanados por
la dirección del PSOE o interpretar el sorprendente silencio de IU (más
allá de las cuatro frases de rigor de Llamazares), para darse cuenta de
esto.
Ocurre que la izquierda española sigue empeñada en ocupar el "centro", es decir, el espacio de la derecha moderada, la que integran las nuevas clases medias emergentes: urbanas, educadas, mileuristas... Estas gentes son moderadamente "progresistas", pero en modo alguno socialistas y ya ni siquiera socialdemócratas. En correlación, en la dirección de los partidos de izquierda apenas quedan ya socialdemócratas no digo ya socialistas, y sí hay cada vez más social-liberales y liberales a secas.
Sin embargo la base social de la izquierda, la que le saca las castañas del fuego a los partidos en las elecciones y a la que se apela cuando, como en el momento presente, se siente que la derecha cavernícola anda cerca de ganar, esa base social sigue estando formada por las clases populares y trabajadoras, y éstas juntas forman la mayoría de la masa ciudadana. La falta de sintonía pues entre la realidad social del país, sus necesidades y aspiraciones, y la idea que de ella tienen en la cabeza los políticos profesionales de izquierdas y quienes a través de los mecanismos de cooptación interna aspiran a serlo, no puede ser mayor.
Fíjense en esta misma
campaña, planteada inicialmente por los ¿estrategas? de Ferraz como un
guiño continuo a esas nuevas clases medias, objeto de la llamada "política
social" del Gobierno durante toda la legislatura. Al ver la marcha de las
encuestas, sin embargo, han tenido que recurrir aprisa y corriendo a los
viejos lemas de la izquierda (antifranquismo, laicismo, lucha por la
igualdad, etc), luego de haberlos tenido arrumbados desde el 14-M. Pura
retórica para atraer desencantados de izquierdas, que sin embargo
funcionará. Al final, probablemente la responsabilidad y la conciencia de
muchos -eso que llaman "voto útil"- salvará una vez más la situación; pero
alguien se está dejando a girones la credibilidad política y personal, y
puede que un día no lejano se le acabe el saldo.
Para ganar elecciones la izquierda política
necesita desesperadamente el apoyo de la izquierda social, cuyos
intereses abandona en cuanto alcanza el poder. Porque la verdadera
política social no son los cheques-bebé, ni el retorno indiscriminado y
lineal de los 400 euros, ni las subvenciones a jóvenes para que se
entrampen alquilando pisos: la verdadera política social es la que
transforma la sociedad y la va acercando al ideal socialista, y eso sólo
se logra interviniendo en la política económica con planteamientos
verdaderamente de izquierdas: por ejemplo, que paguen más impuestos los
que más ingresan, en vez de eliminar o rebajar substancialmente los que
les afectan. O acabando de una vez con esa vergüenza de rango mundial,
que es el que año tras año el promedio de ingresos anual declarados ante
Hacienda por los empresarios resulte ser inferior al que declaran los
asalariados, aquellos que por un sueldo cada vez más recortado generan
las plusvalías crecientes que se embolsan precisamente sus empleadores.
Acabar con esas situaciones sí es hacer política social; lo demás
(matrimonios gays, natalismo, promoción de "la mujer" en abstracto, etc)
es simplemente, propiciar la extensión de derechos; modifica y embellece
la epidermis, pero no cambia nada en la substancia del sistema.
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