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El PCE ante un nuevo desafío histórico

Javier Parra

UCR 25 de Marzo de 2008
 

Si algo ha caracterizado la historia del Partido Comunista de España es el hecho de haber tomado la iniciativa en los momentos más duros para la izquierda de nuestro país. El impulso del Frente Popular para detener el avance del fascismo, el del Ejército Popular para defender la República, la Política de Reconciliación Nacional para sumar fuerzas contra el franquismo, o la unión de las fuerzas anticapitalistas y antibelicistas en lo que fue la creación de Izquierda Unida. Hoy, tras un rotundo fracaso electoral y tras la deriva socialdemócrata de la coalición que él mismo creó, y en un escenario en el que nadie parece saber muy bien que hacer, el PCE vuelve a encontrarse con el deber histórico de tomar la iniciativa.

El PCE no puede permitirse empezar una batalla que no va a ganar, ni abrir nuevos frentes de luchas intestinas que dejen a más militantes por el camino y vacíen más agrupaciones. El PCE puede y debe tomar la iniciativa en este proceso ya que otra cosa no sería entendida ni por su propia militancia, ni por la mayor parte de la izquierda transformadora. Tiene las sedes, los militantes, la organización anticapitalista más grande de España, una historia de luchas ejemplar y su deber histórico, que no puede obviar. Como tampoco puede obviar que el PCE no es nada sin sus militantes, y no contar con ellos en este proceso sería un error porque no habría victoria posible.

Un PCE unido entorno a una apuesta concreta, debatida en el seno de su organización, y que impulsase un proceso de reflexión más allá de ésta, la daría la autoridad moral y la fuerza social suficiente como para liderar la reconstrucción de la izquierda transformadora, sin dejar que marquen la agenda quienes han fracasado con su proyecto socialdemócrata y han llevado a la izquierda a su peor situación organizativa y política de las últimas décadas.

Y pasar a la ofensiva significaría, para empezar, dejar fuera de la organización a los dirigentes de IU que, aún teniendo el carné comunista en el bolsillo, se enfrentan continuamente a su propio Partido en este proceso y han abogado - aunque quizá no ante los micrófonos - por su desaparición. Y es que para cualquier partido debería ser intolerable tener entre sus filas a quienes pretenden acabar con él. Pasar a la ofensiva es abrir la senda de la tercera República y construir un frente amplio entorno a la exigencia de un Proceso Constituyente.

Pasar a la ofensiva significa también reconstruir y reforzar la propia organización; quizá mirando al Partido Comunista Portugués o al de Grecia, donde estos tienen una importante presencia en la calle y una fuerza electoral considerablemente mayor. Pasar a la ofensiva es salir a la calle y ocuparse de los problemas cotidianos de la gente, explicarles lo que nadie les explica: ¿por qué suben los precios? ¿a quién beneficia? ¿por qué la banca tiene un 35% de beneficio y es casi imposible pagar una hipoteca? ¿por qué los inmigrantes aportan la mitad de la subida del PIB y no van a tener pensión? ¿cómo se genera riqueza en este país?¿qué se fabrica?¿qué se va a fabricar?… Pasar a la ofensiva será devolver la ilusión a militantes y simpatizantes, y para ello habrá que visualizar dos cosas: un nuevo modelo de sociedad y un Programa para llegar a ella.

 

 

 

 

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