Carta abierta al primer ministro Zapatero
Jaume d'Urgell
UCR,
31 de marzo de 2008
Querido Pepe,
Como antiguo compañero de partido, en primer lugar, me gustaría felicitarte
por tu reciente victoria electoral. Celebro que la ciudadanía haya valorado
con satisfacción el compromiso de la familia socialista hacia las minorías más
necesitadas; una apuesta firme, que se ha concretado en el abandono de la
guerra ilegal contra el pueblo iraquí; en la supresión de la discriminación
por cuestión de orientación sexual para el acceso al derecho de matrimonio, en
la aprobación de la Ley de Igualdad, en la aprobación de la Ley de
Dependencia, en la adopción de diversas medidas contra la violencia de género
e incluso en la tímida tentativa legal de recuperar la Memoria Histórica.
Gracias de corazón, ex compañero primer ministro, porque el triunfo socialista
implica que el Partido Popular no podrá llevar a cabo sus propuestas
programáticas para la legislatura entrante, un programa de miedo y odio, que
–con permiso del profesor Dieterich–, bien podría llevar el nombre de:
"Franquismo del S. XXI".
No voy a ocultarte que somos muchos los súbditos españoles, a quienes estos
comicios nos dejan un sabor agridulce, habida cuenta de la dureza con la que
en esta ocasión se ha manifestado el resultado de aplicar el truco de las
circunscripciones en la asignación de escaños para Izquierda Unida. Y eso,
por no mencionar el estado anormal de las cosas que atraviesa la tierra de los
vascos, donde todavía incurrimos en el terrible error de prohibir ideas, en
lugar de corregir métodos.
Todavía recuerdo con emoción esas palabras de tus mayores, que constituyeron
el núcleo central de tu primer discurso de investidura: "…un amor infinito por
la Paz, la búsqueda del bien y el mejoramiento social de los humildes…". Ahí
estaba nuestro candidato, frente a un panorama social convulso,
enorgulleciéndonos de ser militantes socialistas.
Aquel no fue un discurso vacío, escasos días después impartiste la orden de
retirada de tropas de Iraq. Es más, en cierta forma, la impartimos nosotros
–la mayoría– a través de tus labios. Eso fue democracia en estado puro: el
pueblo deteniendo una guerra.
Gracias, Pepe, porque tras cuatro años de gobierno socialista, España es hoy
un país más digno, al menos sobre el papel.
En efecto, estamos mejor que bajo el gobierno de aquel presunto genocida al
que te empeñas en defender en las cumbres iberoamericanas y cuya extradición
al Tribunal Penal Internacional te niegas a firmar.
El caso es que, ante la perspectiva del cuarto aniversario de aquella primera
orden, desde el más sincero afecto militante, me gustaría proponerte la
adopción de algunas medidas, para hacer que el inicio de esta segunda
legislatura sea igualmente memorable:
PRIMERO. Apreciado primer ministro: ¡echa al rey, hazte presidente! Todos te
hemos visto mentir con desgana, para explicar, por qué todavía no has llegado
a un acuerdo con la otra mitad del bipartidismo, a fin de suprimir ese puesto
extemporáneo de la Función Pública. Como sabrás, a veces el progreso de la
Humanidad exige el despido de funcionarios, por ejemplo, cuando la República
Francesa optó por prescindir de los servicios del último verdugo oficial, al
desaparecer las leyes que le deban trabajo. Todos sabemos que no existe
ninguna razón legítima para consentir que esa horda de vagos continúe
malversando el Erario Público. Si sus cargos no son electos, y, como se
afirma, hay democracia, entonces su existencia constituye una usurpación.
Ambos sabemos que descender de una estirpe de déspotas no es razón suficiente
para veranear gratis en Miravent, por más lazos de cómplice amistad que
mantuvieran con el extinto golpista… eso quedó para los libros de Historia,
pero no en ningún caso para los Presupuestos Generales del Estado en 2008. La
monarquía, al igual que la antropofagia, la esclavitud o la inquisición, es un
concepto que pertenece al pasado, incompatible con el nivel de desarrollo
cívico de nuestros días; opuesto a la democracia y la concepción actual del
Derecho.
SEGUNDO. Aprovecha el proceso de reforma constitucional abierto por la
necesidad de civilizar la forma de gobierno, para redefinir el modelo de
organización territorial del Estado. Federal… confederal… tú verás, asesórate,
propón y acepta el resultado en referéndum vinculante. Solo así hallaremos una
forma de convivencia democrática, voluntaria, justa, pacífica y estable. Si
no, seguiremos con lo que ahora hay: imposición militar y tabú político.
Precisamente, una de las características fundamentales de la España de
nuestros días, es que somos de las pocas poblaciones civiles del planeta que
temen más a su propio ejército que al de los vecinos.
TERCERO. Amnistía inmediatamente a las todas personas que has mandado
encarcelar a sabiendas de que no habían cometido ningún delito. Sabes
perfectamente a lo que me refiero: reunirse pública y pacíficamente para
debatir sobre cuestiones políticas, no es un hecho punible, y si alguna ley
dice lo contrario, esa ley no se ajusta a Derecho. Conculcar la Justicia no es
forma de avanzar hacia la Paz, al contrario, la Paz es consecuencia de la
Justicia, y esta, del respeto al Derecho ajeno.
CUARTO. Asegúrate de que toda la población reclusa cumpla sus penas lo más
cerca posible de sus domicilios. Ambos sabemos que hacer eso no es una
concesión política al terrorismo, sino simplemente, cumplir la legislación
humanitaria internacional. Te recuerdo que la vigente Constitución Española
señala que el objetivo de la pena es la reinserción social y que existe
consenso académico en afirmar que la dispersión de presos dificulta su
posterior reinserción.
QUINTO. ¡Salgamos de Afganistán, por Dios! Nada justifica que nuestros
profesionales de matar permanezcan ni un día más invadiendo un país ajeno. La
ciudadanía afgana no ha hecho nada para merecer ser apuntados por las bocachas
de nuestros fusiles de asalto. Un carro de combate, un cazabombardero, un
inculto armado, una ametralladora de gran calibre o una fragata de apoyo a la
fuerza, no sirven para producir democracia, al contrario, solo generan odio,
miedo, dolor y gastos. Si tenemos voluntad de involucrarnos en el auxilio del
pueblo afgano, condonemos su deuda externa, enviemos maestros, médicos,
arquitectos, bomberos, ingenieros civiles, agrónomos, forestales… pero no
armas, por favor. ¿Tan difícil es de entender? ¿A quién beneficia toda esta
mierda? ¿Quién te impide ejercer tu autoridad? Detén esta locura.
SEXTO. Salgamos del Líbano y hagamos presión diplomática para que la
Comunidad Internacional recapacite. Si acaso es preciso enviar una fuerza de
interposición, envíese a la potencia agresora, pero no a la agredida. La
situación actual no es justa. Más que ayudar al Líbano, nuestros ejércitos
están actuando como vulgares mercenarios de la organización terrorista que
ocupa buena parte de Palestina.
SÉPTIMO. Hagamos uso de cualquier medio puesto a nuestro alcance para
garantizar el respeto a los Derechos Humanos, políticos y civiles de la
población saharaui. Marruecos es hoy una monarquía absoluta, expansionista,
corrupta y hostil, que vulnera sistemáticamente los usos y costumbres de
derecho bélico humanitario. Por eso, deberías suspender la venta de armas a
dicho régimen, puesto que ningún beneficio económico justifica el uso atroz
que posteriormente se da a esas armas. Te recuerdo que hace menos de 35 años
que España abandonó irresponsablemente a su provincia saharaui, es decir,
estamos suministrando armas que se utilizan para asesinar a decenas de miles
de seres humanos que al nacer tuvieron DNI español. Por favor: justicia y paz.
Respétese el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. Cúmplanse las
resoluciones de la Asamblea General y el Consejo de Seguridad de la
Organización de las Naciones Unidas.
OCTAVO. Abandonemos la Organización sobre el Tratado del Atlántico Norte.
Digan lo que digan las palabras, tú y yo sabemos que de facto la OTAN
no es mejor que cualquier otra organización armada, se llame como se llame.
Hace tan solo unos días, la sede de la OTAN en Bruselas fue pacíficamente
precintada por la población civil. Un acto simbólico, que tú podrías convertir
en ejecutivo, al menos en España. ¿Porque aquí mandas tú, no? Permíteme una
suposición retórica: vamos a poner a prueba la soberanía de España –nada
menos–. Si España decide revocar la autorización para el asentamiento militar
estadounidense en Rota (Cádiz)… ¿Realmente las tropas de los Estados Unidos de
América abandonarían el territorio nacional español? ¿O acaso ese suelo ya no
es tal cosa? Pongamos otro ejemplo: ¿Podemos negarnos a autorizar el uso de
nuestro espacio aéreo a las aeronaves de la Agencia Central de Inteligencia de
los Estados Unidos de América? ¿Sería posible, dado que sobrevuelan España,
obligarles a efectuar una escala de seguridad, en la que un secretario
judicial español accediera a bordo de esas aeronaves y –mediante un traductor
jurado español– ofreciera la posibilidad de un habeas corpus a los
viajeros que pudieran encontrarse viajando contra su voluntad? Si no es
posible, entonces ¿quién manda en el espacio aéreo español? Más aún: ¿Puede
nuestro Ejecutivo autorizar la apertura de una base militar cubana en
Fuerteventura? ¿Y un puesto de radares del ejército bolivariano de Venezuela
en Sierra Morena? ¿Podemos autorizarlo? ¿Podría el gobierno de España conceder
permiso al de Teherán para instalar una base naval persa en el muelle de la
Algameca? ¿No? ¿Quién lo impide? ¿Quién manda en Murcia? ¡Largo de la OTAN!
¡Pero ya!
NOVENO. Asumamos el actual momento de desarrollo cívico y renunciemos a
mezclar los asuntos políticos con los de índole religioso. El poder político
debe garantizar la libertad de culto y no-culto de la ciudadanía, por lo
demás, religión y política deben ser dos compartimentos estancos. Una sociedad
avanzada no debe tolerar ingerencias de ninguna jerarquía religiosa en los
asuntos de la Cosa Pública. Asimismo, el Estado debe velar por mantener el
carácter laico de la Enseñanza Pública. Ningún credo debe tener la
consideración de oficial. Ninguna religión debería recibir ni un céntimo de
los fondos públicos. Quien quiera un cura, que se lo pague.
DÉCIMO. Suprimamos el Registro Civil especial para la Grandeza de España. Su
mantenimiento, todavía hoy, constituye un caso flagrante de conculcación del
principio de igualdad ante la Ley. ¿Qué hace mejor a un marqués respecto de un
minero? ¿Qué tiene una condesa que no tenga una profesional del sexo? ¡Por
favor, estamos en 2008! Ningún duque es mejor que mi vecino del quinto, y lo
sabes. Dejemos de derrochar dinero público en llevar una lista de castas,
porque además de constituir un insulto masivo, ese dinero hace falta para
cosas importantes, como por ejemplo, asignar dotación presupuestaria a muchas
de las bonitas leyes aprobadas desde 2004.
No les falles, Zâpâtero, y si te sobra algo de tiempo, adopta alguna medida
política de carácter socialista en materia laboral o económica, aunque sea
para disimular, joder, una al menos.
¡Salud!