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presencia. Juan Carlos «El Rey» |
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25 de abril de los claveles
Patxi Andión La Estrella Digital
El 4 de abril pasado tuve la suerte de comer con algunos de ellos en la Asociación 25 de Abril como invitado privilegiado. Más tarde participé en el concierto conmemorativo que se organizó en el Coliseo dos Recreios junto a los cantautores que prestaron sus voces a la revolución una vez que se consolidó. Tuve el privilegio injustificado de cerrar ese concierto y es un hecho que guardaré en mi memoria indeleblemente. La revolución del 25 de Abril fue la demostración palpable de que era posible reponer las libertades donde los regímenes autoritarios apenas dejaban entrar la luz por escasas rendijas, y desde luego fue para los españoles una suerte de ensayo general para la libertad. La imagen de la revolución de abril dio la vuelta al mundo inaugurando una suerte de maridaje entre sociedad civil y Fuerzas Armadas insólita. Una imagen de la que nos quedan fotografías históricas que pasearon la desde entonces conocida como Revolución de los Claveles por todo el mundo. ¿Y cómo fue posible? Dos cosas se sumaron para crear la imagen descrita. La primera fue la prontitud con la que la sociedad civil se unió a los soldados en las calles en las plazas, sobre los tanques, junto a las metralletas. En todas las fotos posaron juntos civiles y militares. Un portento. La segunda cuestión fue, como cuenta la historia, una casualidad histórica, una coyunda astral. El dueño de un restaurante del centro de Lisboa encargó a una empleada que comprara unos claveles para adornar las mesas. Cuando la empleada llegó, el dueño decidió cerrar el local y lógicamente le pidió a la mujer que se llevara las flores. Ella se sumergió en las calles tomadas por los civiles y los militares y al pasar junto a uno de éstos, el soldado le pidió un cigarro. La mujer dijo que no tenía. Pero a cambio le ofreció un clavel que deslizó en el cañón del fusil de asalto, componiendo así la imagen universal que hoy celebramos todos los civiles de bien, agradecidos a aquellos capitanes que después de jugarse el cuello en las selvas africanas se la volvieron a jugar por las libertades con claveles-bala. No se disparó un solo tiro. ¿Quién iba a despreciar tanto clavel rojo? La luz incomparable se abre paso a raudales y se desborda rampando. Abril rojo
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