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No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia.
Juan Carlos
«El Rey»
La broma de la COPE
Carlos Carnicero
El Plural 22 de Diciembre de 2005
El ilusionismo era el único camino que no estaba explorado en la emisora de la que son propietarios los obispos españoles. Ahora, cuando la veda se ha extendido a la caza mayor de presidentes elegidos democráticamente en un país soberano, los límites de la decencia política están nítidamente sobrepasados. El tema, burlarse de un político de izquierdas, recién elegido por abrumadora mayoría, perteneciente a los sectores más desfavorecidos de su país y claramente indígena, debiera suscitar una profunda reflexión por las connotaciones que tienen de engreimiento neocolonialista, de racismo encubierto y de falta de respeto a los más elementales principios de la democracia.
No me imagino yo a los
responsables de esta gamberrada intentando engañar al presidente de Estados
Unidos, de Gran Bretaña o de cualquier potencia media europea; es mucho más
fácil ensañarse con los más débiles.
De momento, lo que hay contra Evo Morales son prejuicios y tergiversaciones
simplistas de sus primeros discursos. El desconocimiento de la realidad
Latinoamericana es enciclopédico hasta el punto de no saber diferenciar lo
que significa el cultivo de hoja de coca de la elaboración de la cocaína.
Nada más fácil que disparar con sal gruesa para la descalificación basada en
simples prejuicios.
La broma de la COPE tiene una clara intencionalidad política de carácter múltiple. Lo primero que se perseguía era ridiculizar a un político modesto en el día de su elección. Como en los patios de los colegios, los matones siempre eligen al más débil. En segundo lugar, la broma estaba servida con la intención de incidir en la recurrente línea crítica del PP contra la política exterior de España. Y en tercer lugar, una información obtenida desde el fraude y el engaño se brinda para que el PP la pueda utilizar como munición en su lucha política que no respeta ni la política exterior de España.
No sé que más tiene que pasar para que los obispos españoles se den por aludidos en los comportamientos de la COPE. Tal vez debieran llamar a los curas que viven en Bolivia y preguntarles si están conformes con que la Iglesia española permita que desde sus emisoras se ridiculice a su presidente sin darle tiempo siquiera a tomar posesión de su cargo. Con esos mimbres, la influencia española en Iberoamérica tiene un largo recorrido asegurado.