La
extinción del humanista
Jesús Nieto
Jurado
DIARIOSIGLOXXI.COM
13 de Mayo de 2005
Dispénsenme aquellos lectores que anhelasen una columna torpedeando el
superficial y periférico debate acerca del estado de la nación, en el
que el peso de las decisiones y el compás del parlamento recaen en
bloques nacionalistas insolidarios cuyo fragor independentista es
proporcional a los beneficios económicos que pueden obtener de un
federalismo generado "ex profeso" bajo la complaciente y
resignada mirada de un neófito gobernante, utópico y traicionado por su
bloque político.
Un debate en el que la derecha patria, ha perdido una oportunidad histórica
de desvincularse de los golpistas del 36, de Aznar y sus acólitos, en
detrimento de brillantes políticos como Piqué y Gallardón, quienes bien
hubiesen podido acometer la transición de la derecha española, de un
autoritarismo manifiesto, a un diálogo equiparable al imperante en las
formaciones de centroderecha continentales.
Ante tal resignación, mi crítica, amarga y desconsolada como la de Larra
en sus últimos artículos de costumbres, recae en esta columna en la
decisión del gobierno que preparó los fastos del Quijote de reducir el número
de asignaturas universitarias de letras, la destrucción de una
licenciatura sublime, historia del arte, condenada a la desaparición por
el pragmatismo imperante de la sociedad del momento.
La amputación de las humanidades, no es algo que en esta ocasión pueda
imputársele con impunidad al gobierno de Zapatitos, sino que muy al
contrario supone la plasmación de una tendencia universal del orbe
globalizado consistente en la erradicación de lo trascendente en
beneficio de lo inmediato, lo práctico y lo rentable, esto es, la
sustitución de las letras por las ciencias empíricas como reflejo de la
sociedad y el ser humano que se va idiotizando ante la preeminencia de los
números y de un avance científico y tecnológico, carente de contenido y
beneficioso para unos pocos.
Como periodista, y por ende, humanista, reclamo al gobierno que se supone
de izquierdas, la reflexión concienzuda de la decisión, puesto que sólo
las humanidades son las responsables de crear en el ciudadano una posición
crítica hacia la vida, profunda y necesaria, en la que la economía pueda
ser vencida, o al menos enjuiciada por los contenidos intelectuales, de la
ética y la razón.
Por todo esto, y como han demostrado muchas democracias a lo largo de la
historia, los mejores estadistas han sido aquellos amantes del legado
humano y no los economistas o tecnócratas, pues como asevera García Márquez,
los gobiernos deberían sustuir los reportes económicos por la lectura de
las grandes obras literarias de la humanidad.
Menos dividendos y más Machado ...