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No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia.
Juan Carlos
«El Rey»
El
Periódico 30 de
noviembre de 2005
El
PP prestaría un gran servicio a España si liberara al señor Ángel Acebes
de las funciones que ahora desempeña y le encargara otras que le exigieran más
trabajo de gabinete en la sombra y menos presencia pública. La salud mental de
la ciudadanía peligra. Las extrañas complicidades en el tema del Estatut, que
su desbordada fantasía imagina, son un riesgo para todos los que siguen la
actualidad con una cierta atención.
Por menos habrán encerrado a más de uno. Él, en cambio, ha sido ministro y es el número dos de un partido que aspira a gobernar otra vez. Ahora explica urbi et orbi un plan diabólico, según el cual ETA está detrás de las aspiraciones estatutarias de la nació catalana. Igual que ocurre en Euskadi. Si se accede a aquella denominación oficial, puede haber tregua. Si no, puede suceder lo peor. Del poder español depende que no suceda lo segundo. Según la delirante trama que ha destapado el James Bond abulense, el PSC en masa, con el señor Maragall al frente, está de acuerdo con los asesinos de Ernest Lluch, de cuya muerte se han cumplido estos días cinco años.
Hay
que reconocer que cada día se supera con figuraciones más osadas e
imaginativas. Ha convencido a sus jefes Aznar y Rajoy, pero menos
mal que fuera del partido no se le hace mucho caso. Si se le prestara atención,
medio país estaría majara. De continuar con una imaginación tan fértil,
puede llegar un momento en el que los cinéfilos descubran su valor en bruto y
encuentren interesantes sus maquinaciones, en las que la Catalunya del
tripartito asume el papel de mala de la película. Lo más lógico, entonces,
sería aprovechar sus dotes para el cine español de intriga. España puede
perder un político mediocre y ganar un guionista genial, que dé a la patria
muchos días de gloria.