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En el blog de Manolo Saco encuentro
el comentario de un tipo que dice que su abuelo fue fusilado en Paracuellos,
y que el "acta de fusilamiento" (sic) está firmada nada menos que por D.
(sic) Santiago Carrillo. Naturalmente, quien eso afirma lo hace al amparo
del anonimato y no dá de sí más referencias que un pseudónimo cualquiera.
La verdad es que empieza a ser
realmente preocupante el modo en que los adherentes de la extrema derecha
parlamentaria que nos ha tocado en desgracia en este país, violan a diario
la historia conocida, estudiada y fijada por legiones de historiadores
profesionales españoles y sobre todo internacionales desde hace décadas. A
ellos les dá igual. Lo suyo no es el conocimiento de la realidad sino la
difusión de la propaganda, entendida ésta en el sentido más puramente
hitleriano del término. |
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Es sabido que la historia oficial de regímenes como el
franquista se ha escrito siempre al servicio de los poderosos, falseando lo
que hiciera falta para adecuarla a la defensa de sus intereses. No es nueva
pues -y menos en España- la reelaboración de los hechos históricos, más aún
cuando cada vez quedan menos testigos directos que les contradigan, y por más
que los documentos que reducen a polvo la versión franquista sumen toneladas,
y se hallen en los archivos de todo el mundo. Pero este desparpajo, esta falta
del más mínimo sentido de la vergüenza con el que hoy día difunden sus
mentiras los seguidores de los delirios de Jiménez Losantos, Pío Moa, César
Vidal y otros eximios representantes de la más pura intoxicación gobbeliana
celtibérica, realmente no conoce precedentes.
Lo que están haciendo de unos años a esta parte no es ya
revisar la historia para conformarla a sus propios intereses, sino torcerle el
pescuezo a los hechos e inventar otros que les suplanten. Así, alguien puede
afirmar en público en un foro que su abuelo fue fusilado en Paracuellos del
Jarama por orden directa de Santiago Carrillo, y sostener con toda impavidez
que "eso" consta en una supuesta "acta de fusilamiento" que él posee o que al
menos conoce de primera mano. Y claro, como lo dice él, el nieto del supuesto
fusilado, pues hay que creerle sin más; lo cual dicho sea de paso, me ha
recordado inmediatamente a cuando por estas fechas hace justo cinco años Aznar
miraba fijamente a las cámaras de televisión, y nos conminaba con firmeza de
comulgante: "créanme, las armas de destrucción masiva existen".
Seguramente fusilaron con ellas al abuelo del tipo al
que me refería antes.