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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   

 

 

 

Presentación del número extraordinario de la revista: Memoria antifranquista del Baix Llobregat 

 

Francisco Ruiz Acevedo

Revista: Memoria antifranquista del Baix Llobregat

 

 

 UCR  21 de Marzo de 2008

 

Durante los 40 años de dictadura se nos imponía el catecismo y los mandamientos de la Ley de Dios y de la Santa Madre Iglesia. Ésta nos recordaba que al menos una vez al año era obligatorio confesar y comulgar con ella y de paso con los principios del glorioso movimiento nacional. Hay que reconocer que con el advenimiento de la monarquía parlamentaria, heredada de la legislación del dictador Franco y aceptada en los pactos de la transición por los padres de la actual constitución, esta obligación se ha extendido a periodos de cada cuatro años, cuando los ciudadanos son requeridos a participar en las elecciones generales para confesar, pero no comulgar, su aprobación o desaprobación de las promesas electorales y de la actuación de nuestros representantes en el Parlamento Español a la hora de legislar. Este sistema de baja participación ciudadana viene provocando, cada vez más, un aumento significativo de la abstención en las últimas consultas electorales, cosa realmente preocupante para el sistema democrático. Si Dios no lo remedia, el barómetro popular nos indica que la abstención seguirá incrementándose como forma de apatía o desconfianza hacia la clase política en general, y que afectará en mayor medida a las formaciones de tinte democrático para beneficio de una derecha totalmente crecida por los últimos acontecimientos y, en especial, por la controvertida Ley de la Memoria Histórica.

 

Dios nos coja confesados si la cúpula conservadora de la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana nos retrotrae de nuevo a los tiempos del catecismo de Jerónimo Ripalda (1616) o si Fraga sigue padeciendo la nostalgia de la paz y el orden franquista: la paz de los inocentes fusilados, la paz de las fosas comunes, la paz del exilio, la paz de las cárceles y los cementerios que vistió de luto a media España no sólo en el periodo de la guerra civil (1936-1939) sino hasta casi la muerte de Franco en 1975. Tendríamos que solicitarle al fiscal general del Estado o al juez Garzón que dedicara un poco de su tiempo a procesar a Fraga por hacer apología del franquismo, y que empezara así a aplicar el contenido de la Ley de la Memoria.

 

Una Ley que se ha pactado, deprisa y corriendo, en clave electoral, para no perder cotas de poder, y que puede perfilar las posibles coaliciones en la próxima legislatura. Una Ley que finalmente se asemeja a la negociación de un convenio colectivo en donde algunas formaciones políticas recibirán sabrosas cantidades de dinero a cuenta de los patrimonios incautados por el franquismo. No estamos en contra de esto último, pero lo que no nos parece de recibo es que se haya mezclado en la negociación de la Ley y ello sirva de moneda de cambio para acallar conciencias mientras se argumenta que para la gran mayoría de los familiares o victimas del franquismo no habrá indemnizaciones algunas.

 

Una Ley que no contentará a nadie, que no cerrará herida alguna, y que mucho nos tememos que terminará en los tribunales internacionales. De lo que si estamos seguros es que en las fuerzas democráticas llamadas de izquierda se ha abierto un profundo pozo de división que más temprano que tarde traerá sus consecuencias negativas.

 

Una Ley que en su tortuosa tramitación y en su resultado final no ha llegado con claridad a la sociedad civil y especialmente a los centenares de miles de familias afectadas por la represión franquista. Una ley en la que no se han tenido en cuenta para nada las opiniones de la gran mayoría de entidades memorialistas, tanto del interior como del exilio, por lo que se tiene la impresión de que ha sido pactada con nocturnidad y alevosía.

 

Con esta presentación no queremos entrar en valoraciones más profunda del contenido de la Ley. Para ello le damos la palabra a los que creen que “más vale poco que nada” como a los que opinan que “más vale nada que una miseria”. De lo que si estamos seguros es que todos tenemos que presionar para que se cumplan los contenidos positivos que pueda tener la Ley y conseguir una unidad mínima que podemos resumir en dos puntos esenciales:

 

·         Que se declare la ilegalidad del régimen franquista.

·         Que se anulen de pleno derecho todas las sentencias políticas.

 

Ello justifica la aparición de este número extraordinario de nuestra revista Memoria Antifranquista del Baix Llobregat, en la que colaboran con sus artículos de opinión una variada gama de entidades y personas relevantes de una gran parte de España, de Catalunya y también de los hijos de los exiliados en Francia, así como de los portavoces parlamentarios que han intervenido en la negociación de la llamada “Ley de la Memoria Histórica”. Con ello pretendemos que la sociedad civil tenga una mayor información y que los ciudadanos saquen por sí mismos sus opiniones positivas o negativas sobre el contenido y las repercusiones que se derivaran de dicha Ley.  

 

   Francisco Ruiz Acevedo es  Presidente de la AMHDBLL

 

 
 

 

 

 

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