Por
la República y la voluntad popular
Marcelo Álvarez *
Deia
16 de Abril de 2008
Quién lo
iba a decir casi ochenta años después, pero actualmente la plaza del pueblo de
Argantzun, en Trebiñu, muestra orgullosa a toda persona que por ella pase una
placa que la apellida como Plaza del 14 de Abril. Lo curioso del hecho
-aparte que pocas plazas habrá con dedicatoria similar- es que es la original,
es decir, que dicha placa es la que un día cualquiera entre aquel día de abril
de 1931 y julio de 1936 pintaron allí manos esperanzadas ante el nuevo tiempo
que estaba alumbrándose.
La placa salió a la luz hace pocos meses cuando unos treviñeses de corta edad
que pateaban su balón en la plaza, fueron elegidos váyase a saber por qué ley de
la historia o de la memoria para convertirse en instrumento casual de la misma,
haciendo caer de un soberbio pelotazo la placa normal, la de toda la vida, bajo
la que se encontraba, sin nadie saberlo, la placa republicana. Salió así a la
luz una realidad, una parte de la historia de los habitantes de ese pueblo que
algunos, desde el 18 de julio de 1936, se habían venido esforzando hasta la
actualidad en tapar.
Desde Ahaztuak 1936-1977 creemos que merece la pena reseñar el hecho, más aún
cuando se produce a las puertas de un nuevo 14 de abril y por tanto de toda una
serie de actos y declaraciones en torno a esta fecha de las cuales la inmensa
mayoría estarán, al igual que en años precedentes, perfectamente pensados para
-al contrario que los chavales de Argantzun- no tirar la placa normal, esto es,
la placa monárquica que desde 1975 está implícitamente colocada sin habernos
preguntado en todas nuestras plazas.
Esta forma de actuar será sin embargo aún más evidente en torno a este 14 de
abril habida cuenta de que la práctica totalidad de las personas y fuerzas
políticas que saldrán haciéndolas han votado hace pocos meses en el Congreso
español -en su totalidad o en parte- una Ley de Memoria Histórica que, entre
otras cosas, sigue manteniendo jurídicamente culpables a los impulsores y a los
defensores de la República, lo que es tanto como decir manteniendo culpable a la
República misma. Igualmente son esas mismas personas y fuerzas políticas las que
aquí y ahora, en el día a día, van dictando y amparando -con su participación o
su calculada pasividad- leyes de excepción más o menos encubiertas que sin duda
construyen nuevos obstáculos para una nueva posibilidad republicana al aceptar y
avalar con su discurso y su práctica política unos comportamientos que poco
tienen que ver con más democracia. Y que, por tanto, poco tienen que ver con ir
construyendo la posibilidad de ejercitar algún día el derecho de la ciudadanía a
decidir sobre República o Monarquía y a que esa decisión sea efectivamente
respetada. Esa realidad -ese aquí y ahora enlazado entre la memoria y el futuro-
es lo que hace que desde Ahaztuak 1936-1977 no realicemos ni nuestra reflexión
ni nuestras actividades en torno a este 14 de abril como un ejercicio de mera
nostalgia cuasi-historicista o irrealizable utopía, sino de reivindicación de un
futuro más democrático frente a esta cada vez más deficiente democracia actual,
donde entre otras cosas se condena a quince meses de cárcel a un ciudadano por
colocar una bandera republicana en un edificio oficial o asistimos a un
reforzamiento de la simbología y del discurso de la inmovilidad de la
Constitución que impusieron en la Transición. Estos hechos nos demuestran que
hoy la opción republicana, por más que algunos agiten engañosamente consignas y
frases en época electoral o en torno al 14 de abril, sigue siendo tan imposible
de llevar a la práctica como la opción independentista, por lo que si hablamos
de rememorar, conmemorar y reivindicar la experiencia republicana como expresión
de la voluntad popular ineludiblemente creemos que hay que hacerlo desde la
reivindicación de una democracia real y efectiva en todos los ámbitos aquí y
ahora y desde la movilización para conseguirla. Creemos asimismo que al igual
que en lo referente a las víctimas del franquismo, creemos que respecto a la II
República también hay que exigir verdad, justicia y reparación: verdad sobre lo
que fue realmente esa experiencia y su potencialidad democrática; justicia tanto
para los que lucharon por defenderla como expresión de la libertad y de la
voluntad popular que era como para los que la arrasaron con la fuerza y la
muerte; y reparación, entendiendo como tal la posibilidad real de la ciudadanía
a poder volver a elegir libremente su forma de gobierno y a que esa elección sea
respetada sin cortapisas.
"Ya no vivo, pero voy / en lo que andaba buscando / y otros que siguen peleando
/ harán nacer otras rosas / en el nombre de esas cosas / todos me estarán
nombrando", cantaba el turco Cafrune. Y República, Democracia, Libertad,
Justicia, respeto a la voluntad popular… serán ideas que hemos nombrado este 14
de abril. Y con ellas a aquellos que trabajaron, que vivieron, que lucharon y
que murieron por ellas. Y con ellas en Eibar a José Agirre y Félix Larrañaga
fusilados en Derio en 1937, y a Félix Azpiazu y José Lasagabaster fusilados en
Etxano el mismo año, y a Roberto Pérez Jáuregui, asesinado en diciembre de 1970
por disparos de la Guardia Civil durante una manifestación de protesta por el
Juicio de Burgos, y a tantos y tantos otros.
* Portavoz de Ahaztuak