Carta abierta de una víctima del franquismo.-
Todos los días son 31 de marzo
Jesús Estrada Arrondo
AHAZTUAK 1936-1977 1 de Abril de 2008
El 31 de Marzo de 1937 es una jornada dramática para Araba, aquella noche fueron sacados de la prisión vitoriana de la calle La Paz un total de 16 presos políticos para ser ejecutados. Esta carta es un homenaje a la memoria de José Luís Abaitua, Víctor Alejandre, Casimiro Cerrajería, Eduardo Cobo, Manuel Collel, Jaime Conca, José Domingo, Jesús Estrada, Juan Francisco Díaz de Arcaya, Antonio García, Daniel García de Albéniz, Francisco Garrido, Constantino González, Teodoro González de Zarate, Prisco Hernáez y Manuel Hernández.
Un piquete de falangistas, requetés y
guardias civiles los asesinó, enterró sus cuerpos en una fosa común a unos 100
metros de distancia de la carretera que sube al puerto de Azazeta, a la altura
del Km 16. A los cinco años aproximadamente, rescataron tres cuerpos (González
de Zarate, Abaitua y Collel) y fueron trasladados al cementerio Santa Isabel de
Vitoria, formalizando así su defunción. Algunos familiares de los otros
asesinados se negaron a participar en esa exhumación mientras las autoridades
franquistas no reconocieran el crimen. Así que los 13 restantes permanecieron
allí hasta agosto de 1978, entonces en un solo féretro se trasladaron desde la
fosa común al cementerio de El Salvador.
Conozco muy bien esta historia porque mi tío es uno de los que estuvo más de
cuarenta años enterrado en el bosque. De hecho me llamo igual que él por
decisión de mi padre, que me puso el mismo nombre como homenaje a raíz de su
asesinato. También llegué a ser interrogado por el sanguinario fascista Bruno
Ruiz de Apodaca que participó en éste y en cerca de cien asesinatos más en
Gasteiz... en definitiva, hablo de la represión franquista con conocimiento de
causa, como víctima y como activista por la recuperación de la memoria
histórica. Porque durante gran parte de mi vida me he esforzado en mantener viva
la llama de la memoria de mi tío y del resto de víctimas, incluso fui
encarcelado en la misma prisión franquista en la que ellos pasaron sus últimas
horas.
Gracias al compromiso de más personas y de algunos colectivos, por fin hemos
conseguido sacar a las calles de Gasteiz la denuncia política del franquismo en
general y de la matanza de Azazeta en particular. Uno de los mejores ejemplos
fue el acto de homenaje que organizamos desde la asociación Ahaztuak el año
pasado con motivo del 70 aniversario y al que asistieron varios cientos de
personas.
Por lo demás ninguna institución ha hecho nada serio en esta ciudad para dar a
conocer esta historia y por desgracia en el único lugar público que se cita algo
de lo ocurrido (en la lápida del cementerio de El Salvador) la información que
en ella se da es incompleta y errónea. Por eso hago un llamamiento a quien
corresponda para que sea corregida y modificada. Espero que los responsables
políticos se tomen esta molestia, tomen nota y actúen.
Porque la de Azazeta es la mayor matanza de civiles cometida por los franquistas
en nuestro territorio, en cuanto a número de personas asesinadas en una misma
acción represiva se refiere. El caso es que en dicha placa aparecen sólo 12
nombres, cuando es sabido que los restos mortales que allí descansan
corresponden a 13 personas. Uno de los ejecutados en Azazeta, Manuel Hernández
Ibáñez de Garayo, no ha quedado reflejado en la inscripción, y en el caso de
Prisco Hernáez Arejola, su apellido está incorrectamente grabado, en la lápida
dice Hernández en lugar de Hernáez. Además los términos empleados en la leyenda
de la lápida no parecen los más exactos para describir una ejecución múltiple de
presos, el actual -Muertos en el Puerto de Azaceta, la noche del 31 de Marzo de
1937, víctimas de la guerra civil- debe ser sustituido, ya que se ajustaría más
a la realidad -Asesinados en Azazeta. Víctimas de la represión franquista-. Creo
que a estas alturas de la transición se podrán decir por lo menos las cosas como
son, que ya han pasado demasiados 31 de Marzo.
Quiero destacar otro aspecto sobre esta fecha, y es que el 31 de Marzo de 1937
fue el bombardeo de Durango (más de trescientos civiles muertos), por lo tanto
también se cumplen 71 años de otro acto de terrorismo. A diferencia de la agenda
institucional vitoriana y alavesa con respecto al aniversario de Azazeta, en
Durango han programado varios actos para recordar a los cientos de víctimas de
aquella lluvia de bombas fascistas.
A diferencia del vacío que existe en Araba, en Durango colocaron el pasado año
una gran placa con todos los nombres de aquellas personas y precisamente con
motivo de este aniversario incluirán tres nombres más que han conseguido
identificar. Algo parecido ocurre en el Pueblo de las Viudas de Sartaguda, donde
sólo quedan seis semanas para la inauguración del Parque de la Memoria, un
entorno para la reflexión donde han grabado en un gran muro los 3.280 nombres de
los asesinados por el franquismo en Nafarroa.
Mientras tanto aquí no tenemos nada de eso, aunque queda menos para conocer las
características del monumento a las víctimas del franquismo que de la mano de la
Diputación Foral va a ser colocado en Gasteiz. Quiero recordar la propuesta que
hizo Ahaztuak al respecto, para que en dicha escultura, a semejanza de los
proyectos ya materializados en Durango o Sartaguda, fueran incluidos todos los
nombres de las víctimas de la represión franquista en Araba. Para poder
homenajear así públicamente a esos cientos de alaveses exterminados por el
fascismo; primero con fusilamientos extrajudiciales, “paseos” y desapariciones
forzosas, después con consejos de guerra sumarísimos y penas de muerte.
Sobre todo para que los familiares de los desaparecidos, de esas personas sin
tumba, tengan un lugar donde acudir. Y porque es necesario divulgar la verdad de
lo ocurrido en Araba, incluyendo también los nombres de los centenares de presos
políticos que murieron tanto en el Campo de Concentración de Nanclares de la Oca
como en el de Murgia. La recuperación de la memoria de Araba requiere gestos de
valentía y medidas reales como la que proponemos. Se lo debemos a todas esas
personas asesinadas por defender la libertad frente a aquellos golpistas que
impusieron su dictadura durante cuarenta largos años y algunos más de propina.