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consiento que se hable mal de Franco en mi presencia.
Juan Carlos
«El Rey»
El exilio español
Fernando Serrano Migallón
El Universal (México) 20 de Octubre de 2005
Del 3 al 7 de octubre pasado, la sociedad civil española, que se conocía antes como pueblo, a través de diversas organizaciones culturales y públicas, encabezadas de manera ejemplar por Rosa León, rindió un homenaje a México y al general Lázaro Cárdenas, por el rescate de los españoles republicanos derrotados y perseguidos al final de la Guerra Civil española.
Este homenaje reunió a mexicanos y a españoles en la reflexión sobre la figura de Cárdenas, sobre el republicanismo y sobre la recuperación de la memoria de este episodio de la historia, que nos une a españoles y mexicanos.
Entre 1936 y 1945, amparados por la Bandera mexicana, más de 18 mil familias cruzaron el océano de España a México. Estas familias llegaron a un país del que poco sabían, pero que se había ofrecido, valiente y solitario, como único lugar de refugio posible para una República malograda antes de poder consolidarse. Dejaban atrás todo cuanto habían poseído y todo por lo que habían luchado.
A casi 70 años del golpe militar que dio muerte a la República española, el imaginario colectivo ha construido una idea mítica de esa migración histórica. En los círculos académicos y políticos se suele recordar aquel exilio como el de los intelectuales por antonomasia; sin embargo, siendo eso fue también mucho más.
A México llegó, por invitación y acción del gobierno cardenista, una muestra íntegra de la sociedad española; los intelectuales, como en la España de la preguerra, no rebasaban 1% de todos los ciudadanos; era lógico, en aquel país al momento de la guerra, la mitad de la población era analfabeta. También llegaron familias completas cuya vida había terminado en su tierra natal; sin posibilidades de sobrevivir ni de desarrollar su vida: obreros, campesinos, comerciantes, profesionistas, ciudadanos en una palabra.
No existe un censo final y confiable sobre las actividades que desarrollaron ni sobre los lugares en donde se asentaron. No puede existir, apenas unos cuantos siguieron perteneciendo a las asociaciones que los representaban y que con los años dejaron de ser entidades de emigrantes para convertirse en centros de cultura hispano-mexicana. Era natural, porque desde que llegaron, una larga espera los llevó a integrarse hasta formar parte del paisaje social de México. No perdieron identidad, pero tampoco se instalaron en un gueto.
Este fue un homenaje más que merecido, aunque quizás haya que esperar a que la Bandera tricolor vuelva a ondear en tierras españolas para que se celebre el homenaje de Estado que Cárdenas y México merecen, uno que rememore el tiempo en que dos repúblicas fueron hermanas.
Hay que reconocer que para España el exilio está muerto, murió a fuerza de traiciones y de olvido.
Los republicanos derrotados una y otra vez, al ver perdida la República, al presenciar que los arreglos internacionales permitían sobrevivir al fascismo en España, al ser ignorados en las conversaciones que reconstruyeron la democracia española para instalar una monarquía, traicionados cuando el socialismo triunfante omitió su participación en la historia de España y olvidados en fin, en un país donde ya no podían reconocerse, no tuvieron más patria que México.
Para México, el exilio español vive. Extraña paradoja de la historia; si allá el tema apenas comienza a tocarse y se hace con toda la delicadeza con que se abordan los tópicos más espinosos, en México el exilio republicano vive no sólo en su tercera generación de mexicanos de origen español sino en su legado de ideal democrático, de honor y de colaboración con el pueblo que fue en un primer momento su refugio, posteriormente su casa y hoy su propia patria.
Para México, el ejercicio activo del derecho de asilo respecto de la España republicana significó su retorno a los escenarios internacionales después de la etapa armada de la Revolución, constituyó el ejercicio de la madurez en el manejo de su diplomacia y sus embajadas, amplió el marco de su defensa de la legalidad no sólo a España sino también a Abisinia, Austria y China para fincar así la tradición de un Estado respetuoso del orden jurídico internacional, convirtiéndose en un promotor de los valores de paz, justicia y legalidad en las relaciones entre las naciones.
Nunca será suficiente repetirlo: gracias. Porque la operación diplomática del asilo español se realizó en uno de los momentos más dramáticos de la historia del siglo XX, porque se llevó a cabo a las puertas de una guerra mundial, por un país que apenas retornaba a los escenarios internacionales después de una revolución, por el interés personalísimo que Cárdenas puso en cada una de sus etapas; por el éxito con que la operación se llevó a cabo salvando más de 250 mil vidas y por el éxito histórico que se manifiesta en la tercera generación de descendientes del exilio para los que México es su hogar y su patria. Este fue un homenaje entrañable, aun en la paradoja de realizarse en la capital de España, que tiene una avenida Juan Domingo Perón y un parque dedicado a Eva Duarte, pero que no tiene una calle con el nombre del general Cárdenas y que su único monumento en la ciudad haya sido costeado por los exiliados españoles.
Director de la Facultad de Derecho, UNAM.
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