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  No consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan  Carlos «El Rey»

Lázaro Cárdenas

 

Rafael Morales

 

www.canariasahora.com/  13 de octubre de 2005

 

Instituciones españolas han ofrecido durante estos días diversos homenajes al ex presidente mexicano Lázaro Cárdenas, fallecido en 1970. Algunos familiares de Cárdenas, entre ellos su hijo y ex candidato presidencial Cuauhtemoc, viajaron a Madrid para participar en los actos en recuerdo de un personaje solidario. No sólo autorizó la venta de armas al gobierno de la República ante el levantamiento fascista del general Franco sino que, además, ofreció amparo a miles de familias republicanas. A los inmigrantes políticos de nuestra guerra civil.

 

Lázaro Cárdenas merece ser recordado por otras muchas cosas, además de por haberse mostrado generoso con el exilio republicano español, aunque en los tiempos que corren no podría considerársele políticamente correcto. Quizás por ese motivo muy pocos han contado su biografía política durante estos días. Nació mestizo (1894) y desde niño trabajó como tipógrafo. Se incorporó muy joven a la revolución, editó una publicación que apoyaba a Madero (las tropas de Huerta quemaron la imprenta donde trabajaba) y tan pronto como en 1934 había llegado a general de Brigada. Fue gobernador de Michoacán durante dos años. Las elecciones de 1934 lo colocaron en la presidencia del país, al que gobernó durante seis años.

México, probablemente, contempló con Cárdenas las últimas medidas subversivas de la revolución misma. Combatió el latifundismo, repartiendo 18 millones de hectáreas entre los campesinos, a quienes además ayudó a organizarse en una federación nacional. Favoreció el desarrollo de los sindicatos obreros. Dedicó muchos recursos a superar el analfabetismo de millones de ciudadanos y estableció la enseñanza laica, gratuita y obligatoria. Impulsó el desarrollo de nuevas industrias. El 13 de junio de 1937 decretó la nacionalización de los ferrocarriles. Un año después asumió esa misma responsabilidad con respecto a la industria petrolera, lo que inmediatamente le ganó la enemistad de Gran Bretaña primero y de los Estados Unidos después. Como estos centros imperialistas se negaron a comprarle petróleo, Lázaro Cárdenas tuvo que vender durante un tiempo el oro negro a los alemanes. El boicot fracasó porque el Gobierno mexicano mantuvo con firmeza su política nacionalista. Pero esta actitud le valió que la prensa democrática de la época lo acusara de actuar en interés de… Hitler. Esta gente hubiera resuelto el problema sencillamente con comprarle ellos mismos el petróleo a México. ¿O no?

Pero la campaña contra este presidente fue más lejos. Cárdenas le había dado asilo político a muchos perseguidos. Entre ellos, al revolucionario ruso León Trotsky porque ningún otro país le concedía un visado de entrada. Pues bien, la prensa de la época acusó a Cárdenas de haber expropiado la industria petrolera por consejo del “bolchevique comunista Trotsky”. A lo que el revolucionario ruso respondió lo siguiente tras negar semejante acusación, aunque añadiendo que le parecía bien la nacionalización del petróleo: “El hecho de mezclar mi nombre persigue dos objetivos: primero, los organizadores de la campaña desean darle a la expropiación un color bolchevique; en segundo lugar, desean dar un golpe al amor propio nacional de México. Los imperialistas tratan de presentar las cosas como si los hombres de Estado de México fueran incapaces de determinar por sí mismos su camino. ¡Miserable psicología de los herederos de los esclavistas!”. Cárdenas no cedió ante las presiones exteriores y siguió manteniendo el petróleo en manos del Estado. También mostró su carácter independiente en las relaciones internacionales cuando condenó la invasión soviética de Finlandia o la ocupación de Etiopía por parte de las tropas de Mussolini. Lo dicho. Lázaro Cárdenas hizo algo más que arropar a nuestros exiliados políticos. Y también merece recordarse.

 

rafaelmorales@canariasahora.com

 

 

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