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 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   

El señor Ratzinger o la hipocresía como método

Antonio García Ninet *

UCR 26 de Abril de 2008

 

          Recientemente el señor Ratzinger, jefe supremo de la Jerarquía Católica, ha viajado a los Estados Unidos de América por diversos motivos relacionados con el funcionamiento económico de la organización que dirige.

         Uno de estos motivos se relaciona no con el hecho de la pederastia bastante generalizada del clero en esa zona del mundo, sino con el hecho de que tal fenómeno no ha podido quedar encubierto, pese al interés del señor Ratzinguer, para evitar al menos parcialmente, el escándalo que su organización “religiosa” (?) está provocando, con la consiguiente pérdida de clientes y de ganancias económicas. Con este motivo el señor Ratzinger ha declarado sentirse “avergonzado” de la conducta de los clérigos de su organización que han sido descubiertos –aunque no parece avergonzado de la conducta de tales señores sino de que hayan sido descubiertos y denunciados-. Y prueba inequívoca de lo que digo es que la Jerarquía católica comete ininterrumpidamente “su” delito secular y milenario del que nunca se le ocurre “arrepentirse”, a pesar de ser infinitamente más grave que el de la pederastia. Se trata del delito de su avaricia y de su falta de escrúpulos a la hora de obtener sus beneficios económicos por cualquier método, por muy inmoral que pueda considerarse desde los mismos principios de la moral católica que en teoría deberían servirle de guía. Ese delito es especialmente grave no sólo por la ambición de bienes materiales que persigue sino muy especialmente porque implica la mayor hipocresía pensable respecto a los fines teóricos de tal organización y los fines que realmente persigue.

          Pues bien, si la Jerarquía católica y su jefe supremo quisieran desmarcarse de la hipocresía que tradicionalmente les ha guidado, debería denunciar y arrepentirse verdaderamente de su máximo “pecado”, el olvido de los pobres, de los necesitados, de los desheredados de la Tierra, de aquellos con quienes Jesús se sentía más identificados. Si la Jerarquía católica quisiera realmente cumplir con la misión que en teoría debería guiarla, se volcaría en ayudar a los pobres del mundo. Y, dada la situación económica de la Jerarquía de esta secta, no es nada aventurado afirmar que con sólo que dedicase un 10 % de sus riquezas al mundo de los pobres, desaparecería toda la miseria de África y se salvaría la vida de alrededor de 30.000 niños cada día.

          Ahí sería donde tendría auténtico sentido que el señor Ratzinger pidiera perdón y se manifestase avergonzado y, sobre todo, que la organización que dirige cambiase de orientación para cumplir con lo que en teoría afirma defender.

          Por desgracia, creo que el señor Ratzinger seguirá actuando con la hipocresía tradicional de su organización y que seguirá dejándose llevar de la misma ambición que ha guiado a sus antecesores desde hace ya demasiados siglos. Y, en consecuencia, no confío en que diga que se siente avergonzado de que su organización no se preocupe de los casi 40.000 niños que cada día mueren de hambre sino de seguir buscando nuevas gentes a quienes exprimir económicamente para incrementar obsesivamente la riqueza incalculable de su organización.         

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*Antonio García Ninet es Doctor en Filosofía y en Ciencias de la Educación

 

 

 

 

 

 

 

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