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La secta católica: Análisis crítico de sus doctrinas esenciales (I)

 

Antonio García Ninet *

UCR 11 de Enero de 2008

 

 

La larga historia de la secta católica ha determinado un progresivo fortalecimiento fosilizado de su estructura política interna en la que existe una clara diferenciación entre el grupo de los máximos dirigentes -el Papa, los cardenales, arzobispos, obispos y altas jerarquías en general- y el resto de fieles integrados en la organización, de forma que, mientras las altas jerarquías gozan de lujos faraónicos y un inmenso poder visible e invisible en muchas partes del mundo, los simples creyentes ni disfrutan de los beneficios económicos de su Iglesia ni participan democráticamente como elementos activos que puedan influir de algún modo en la política de su organización, en la reflexión y en la discusión acerca del valor de sus diversas doctrinas y de las metas a conseguir de acuerdo con la ideología básica de tal organización, ni en el nombramiento de sus jerarquías, que son elegidas por el Papa, el cual, a su vez, elige a dichas jerarquías, lo cual implica evidentemente un absoluto rechazo del sistema democrático que queda sustituido por un sistema pseudoteocrático, es decir, por un sistema según el cual se pretende que el jefe supremo ha sido elegido directamente por su dios, inspirando a los cardenales a lo largo de sucesivas votaciones hasta que les llega con suficiente claridad la correspondiente inspiración, y a continuación es el jefe supremo quien, iluminado directamente por ese dios, elige a los nuevos cardenales, quedando así cerrado el núcleo de quienes participan de modo directo en el negocio de la secta y quienes participan como meros corderos a las órdenes de su “pastor”, sometiéndose a lo que digan los jerarcas y sin derecho a voto acerca de nada que no sea la petición de celebrar una misa más o menos, o la de proponer una peregrinación a Lourdes o a Fátima.

La doctrina católica está formada en lo esencial por un conjunto de dogmas que, por ello mismo, no se basan en la razón ni en la experiencia y representan una creación de nuevas doctrinas míticas o una continuidad de antiguas creencias que cierran los ojos al pensamiento racional o científico de los últimos siglos.

A continuación se presentan a la consideración de quien desee razonar un poco algunos de los mitos más importantes que han ayudado a la extraordinaria prosperidad económica y política de una secta que en principio se había presentado con una misión que parecía encaminada a una labor de ayuda a los pobres y desheredados de la Tierra, pero que casi desde el principio traicionó este ideal para ocuparse casi en exclusiva de su propio enriquecimiento y poder, aliándose con todo tipo de gobiernos opresores, y asesinando sin escrúpulos en nombre de su dios y mediante el mecanismo de su “Santa inquisición”, a quienes disentían -o así les parecía- de alguna de sus doctrinas.

Desde el punto de vista doctrinal la secta católica asume toda una serie de mitos que conviene exponer y denunciar por su carácter contradictorio y en todo caso por su influencia perniciosa sobre la sociedad.

A lo largo de entregas sucesivas y a fin de que puedan meditarse con serenidad, presentaré algunas de estas contradictorias doctrinas en las que se ha tenido adormecido al pueblo a lo largo de los siglos como consecuencia de que hasta hace poco la cultura ha sido un bien muy alejado del pueblo, en cuanto se entendió por parte de la jerarquía religiosa, unida al poder político de las monarquías absolutas de la Edad media y de la Edad Moderna, hasta el siglo XIX o hasta el siglo XX en diversos lugares del planeta, que el nivel cultural de la población y la aceptación de doctrinas irracionales se encontraban en una relación de proporcionalidad inversa, lo cual ha determinado que durante los últimos años haya descendido de manera muy considerable el índice de aceptación de tales doctrinas religiosas y el correspondiente descenso de la cantidad de seguidores de la secta católica.

Entre las doctrinas católicas que considero esenciales y a la vez contradictorias o simplemente falsas en lo que es la dogmática de la Secta Católica puede destacarse en primer lugar:

1. La DOCTRINA que afirma la existencia de un ser perfecto al que llaman Dios, que sería infinito, creador del universo, omnipotente y omnipresente, misericordia y amor infinitos, y que, por definición, no podría ser percibido, ya que ni siquiera sería material.

CRÍTICA: El concepto de  ese Dios va ligado a la cualidad de la perfección. Tal concepto hace referencia a la posesión de todas las cualidades positivas que puedan imaginarse, de manera que ese Dios las incluiría de tal modo que, por identificarse con el bien en un sentido pleno y absoluto, nada más podría desear, ya que sólo se desea lo que no se posee, mientras que dicho ser no carecería de bien alguno.

En consecuencia, la existencia de Dios como ser perfecto sería incompatible con la existencia del Universo. Pues, efectivamente, si se pregunta por qué creó Dios el mundo, los jefes de la secta católica suelen contestar que Dios lo creó porque quiso. Sin embargo, quienes dan esta explicación olvidan que sólo es posible querer aquel bien que todavía no se posee, pero, si Dios fuera perfecto, poseería o se identificaría con todo el bien imaginable y ninguno le faltaría, por lo que ya nada crearía. Además, sería absurdo suponer que Dios tuviese deseos o necesidades que quedasen satisfechas a partir de cualquier realidad ajena. Si Dios hubiese creado el mundo, eso sólo habría podido explicarse a partir del supuesto de que necesitaba algo con cuya posesión habría alcanzado un estado de mayor perfección, pero un ser perfecto no puede llegar a serlo más, pues ello habría significado que anteriormente no lo era. En consecuencia, la idea de un Dios creador tiene carácter antropomórfica y parece haber surgido a partir de suponer que Dios se aburría en su eterna soledad y, por ello, decidió distraerse creando el Universo, a los ángeles, al hombre y a los demás seres vivos.

 

El absurdo es todavía mayor si se tiene en cuenta que la misma idea de perfección divina implica no sólo que Dios sabe qué es lo que va suceder a lo largo de cada día, de cada año y de cada siglo, sino que además ha sido él mismo quien ha programado que todo suceda como sucede y no de otro modo, y que encima castiga a quienes dejan de comportarse de acuerdo con aquellos objetivos para los que él mismo les ha programado.       

Otro aspecto de este antropomorfismo es suponer que Dios necesitaba a la humanidad para que le amase y le adorase, lo cual supone ignorar que su perfección quedaría anulada desde el momento en que su felicitad autosuficiente quedase subordinada a la satisfacción que pudiera alcanzar a partir de las acciones y de los sentimientos que el ser humano tuviera hacia él, los cuales, por otra parte, habrían sido programados por el propio Dios. Y, un nuevo aspecto del antropomorfismo de esta idea consiste en suponer que la adoración, las penitencias, los ayunos y las oraciones pudiesen causarle alguna satisfacción, pues nuevamente se estaría subordinando la inmutabilidad y la perfección divina a lo que pudiera ser la actitud del hombre respecto a él. 

Por otra parte, de acuerdo con un aforismo de la filosofía escolástica, el modo de actuar de cada ser es consecuencia de su modo de ser (“operari sequitur esse”), de manera, que, aún bajo la absurda hipótesis de que un ser perfecto hubiese deseado crear algo, en tal caso lo habría creado tan perfecto como lo sería él mismo: Su amor infinito le habría llevado a conceder al hombre la perfección en el mismo grado en que su poder se lo hubiese permitido, y, siendo infinito, nada habría impedido que hubiese creado al ser humano tan perfecto como él mismo, del mismo modo que un padre quiere para su hijo lo mejor –incluso que alcance metas muy superiores a las que él mismo haya alcanzado, aunque no siempre pueda satisfacer este deseo-. Además, ese amor infinito no sólo sería contradictorio con la carencia de perfección por parte del hombre sino también con la existencia del sufrimiento, de las enfermedades, de la muerte y de todas las calamidades que rodean la existencia humana a lo largo de su vida.

Por otra parte y como ya indicó B. Spinoza, la infinitud de Dios impediría la existencia de cualquier otra realidad ajena que pudiera limitar la suya y, en consecuencia, Dios se identificaría con el conjunto de lo real y el ser humano sería parte de Dios en cuanto nada podría existir fuera de él.

Por eso, el concepto de Dios como una realidad trascendente y distinta del mundo representa una forma de antropomorfismo que olvida que la infinitud y la perfección divinas son incompatibles con la existencia de cualquier otra realidad distinta del propio Dios. 

 

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*Antonio García Ninet es  Doctor en Filosofía

 

 

 

 

 

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