El obispo caudillo
Rafael Fernando Navarro
El Plural
11 de Abril de 2008
“Los
católicos vieron en Franco un liberador”. Lo ha dicho Mons. Sebastián
sin que ningún miembro del episcopado haya salido a recriminarle
semejante desvergüenza. A lo mejor ya existe libertad de expresión en la
Iglesia. Habrá que preguntárselo a Hans küng (felicidades, maestro) y a
los defensores de la teología de la liberación.
Este Pío Moa de mitra
y báculo, revisionista y falseador de la historia, nos quiere poner, como
ejemplo de gobernante, a Franco-caudillo-de España-por-la-gracia-de-Dios.
Un dictador surgido de un golpe de estado ilegal, que instauró un régimen
fascista, que anuló la libertad de expresión, que castró el pensamiento de
los españoles, que prohibió los partidos políticos, que arrasó la
democracia, que fusiló a cuantos no pensaban como él, que hundió a España
en un atraso histórico del que nos cuesta reponernos, que nos aisló del
mundo, que obligó al exilio a cientos de miles de ciudadanos, que nos
convirtió en súbditos durante cuarenta años, es visto por los católicos,
según la jibarizada mente de un Obispo, como un libertador.
La ofensa hecha a todo un pueblo con el levantamiento militar de 1.936 y
el sometimiento a un régimen de terror durante cuarenta años fue deseado,
recibido y mantenido por unos católicos (al menos el Obispo no dice
cristianos) como una liberación. Mons. Sebastián absolvió la sangre
pecadora del rojerío. Mientras ellos morían, la Jerarquía crecía en
privilegios, atesoraba riquezas, imponía criterios religiosos con
obligación civil de cumplirlos y amancebada con el tirano, conseguía
salvar los propios cánones a costa de la muerte de los otros. Lo de dar la
vida por el hermano dejaba de ser una máxima evangélica. De recibir
prebendas se trataba a costa del llanto de los demás.
“Al menos con Franco vivíamos en paz” (María San Gil) “”El gobierno de
Franco fue un tiempo de bonanza” (Mayor Oreja). Por ahí van, preñados de
añoranza, nostálgicos de un ayer vergonzoso, oscuro, plúmbeo. Rebosantes
de pistolas, de primeros viernes, de mayos-de-María-que-madre-nuestra-es.
Demócratas de toda la vida, afirmando que no se puede ser socialista y
cristiano, que un gobierno socialista es necesariamente contrario a los
principios cristianos, necesitados de palios, de cielos con estrellas de
capitán general, de fajines-de queipos-para-macarenas-morenas.
Y se rechaza la Ley de Memoria Histórica por la maldad de abrir antiguas
heridas. ¿Heridas de quién? ¿De los que se sintieron liberados por Franco?
¿De los que todavía hoy no tienen derecho a encontrar a sus muertos? ¿De
los que desde entonces caminaron siempre con el alma a media asta? ¿De los
que hicieron de la niebla un camino sin camino hacia el futuro? ¿De los
muertos que abonan nuestros campos y alimentan el canto de los pájaros?
Cuánto Obispo insultante, Obispo caudillo. Se dieron en Chile, en
Argentina. Todavía los hay en España. Pregunten por Rouco, por Cañizares,
por Martínez Caminos, por García Gascó, por tantos y tantos otros.
Si nadie sale con urgencia a llamar al orden a Fernando Sebastián, hay que
llegar a la conclusión de que hay muchos que piensan como él.
Me encontré con Jesús de Nazaret en Buenos Aires, en Caracas, en París…
Andaba exiliado desde el 36 sin pasaporte vaticano.