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presencia. Juan Carlos «El Rey» |
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Laicismo, clericalismo y sociedad civil. La imposible modernización de la Iglesia y del Antiguo Régimen Javier Fisac Seco *
La beligerancia de la jerarquía católica, único magisterio en cuestiones de doctrina y moral, contra la soberanía nacional, impulsada por todos los papas desde la Revolución francesa hasta hoy por el actual Papa, quien, en sus agitados mensajes no desaprovecha para cuestionar la legitimidad legislativa de los parlamentos democráticos y exigir su sumisión a la “moral cristiana”, nos ha dejado al descubierto dos cuestiones: la del laicismo y la de las “diferentes corrientes, tendencias y divisiones que existen dentro de la Iglesia Católica”, según afirman los modernistas católicos. A estos dos asuntos quiero dedicar este artículo citando las declaraciones que, sobre este tema, ya habían hecho los papas desde el siglo XIX. Que no se lo pierda nadie, hablan por sí solas.
Poco después sería aprobada la “Virginia Statute of Religious Liberty”, la ley sobre libertad religiosa frente al Estado. Curioso. Pero no voy a detenerme, ahora, en esta brillante paradoja. Porque lo que quiero destacar es que todas las revoluciones liberales no sólo establecieron la ruptura con la Iglesia Católica, sino que, ignorando el hecho religioso en sus constituciones, establecieron que “la soberanía es el pueblo”, (concepto que se irá dilatando con el paso del tiempo) y que la sociedad es una sociedad civil integrada por hombres (y en su momento mujeres) libres. Y son libres y ciudadanos porque tienen derechos a la libertad, a la seguridad, a opinión, a la expresión, a la creencia o incredulidad… etc. Y esto es lo que yo quiero plantear en los mismos términos. Sólo existe una sociedad, la civil, constituida por ciudadanos libres que disfrutando de estos derechos individuales pueden creer o no creer en uno o más dioses. Por lo tanto, proclamado este derecho individual, huelgan otros conceptos, como el de libertad religiosa, porque la libertad, religiosa o de cualquier otro contenido, sólo puede ser un derecho individual y nunca el derecho de una organización o institución. Si admitiéramos este derecho corporativo entraríamos en contradicción con los derechos individuales que son, con el individuo, el único fundamento de la sociedad democrática. De manera que ningún Estado democrático puede establecer relaciones bilaterales, de igual a igual, con instituciones religiosas para acordar el establecimiento de privilegios a estas instituciones en nombre de un concepto supraindividual: la libertad religiosa, inexistente en cualquier declaración de derechos fundamentales. Las relaciones con las instituciones religiosas deberán ser como las que mantenga con cualquier otra asociación como una ONG, por ejemplo. Relaciones de soberano a súbdito. Dejando bien claro que los soberanos son los ciudadanos y los súbditos cualesquiera instituciones supraindividuales. Y como no es admisible esta relación bilateral, ningún ciudadano y ninguna religión pueden tener unos valores contrarios a los democráticos. Y en ningún caso pueden imponer esos valores a los ciudadanos. Cada ciudadano, siendo libre, es anterior a la religión y como tal sólo está obligado a cumplir las leyes aprobadas por sus instituciones democráticas. Si quiere cumplir otras será en su intimidad y siempre que no entren en contradicción con los Derechos Humanos o las declaraciones fundamentales de derechos, contenidas en las constituciones democráticas. Tanto Peces Barba como Díaz Salazar son personas que han mantenido vínculos con la Iglesia Católica. Díaz Salazar, y aquí es a donde quería llegar, representa una corriente de opinión según la cual dentro de la Iglesia Católica existen varias iglesias y corrientes de pensamiento enfrentadas. El problema del fundamentalismo no es un problema contenido en la doctrina de esta religión sino una actitud característica de una corriente dentro de la Iglesia. Bastaría con derrotar a los fundamentalistas para que los “modernos” modernizaran la Iglesia. Bien, Díaz Salazar, sin tener que militar necesariamente en el PSOE, es un teórico de la corriente socialista más derechista y tradicionalista: la representada y encarnada por Bono. Los dos manchegos. Díaz Salazar viene sosteniendo que la renovación ideológica del socialismo y de la izquierda pasa por una asimilación de los valores “humanistas” cristianos por parte de los socialistas (“La izquierda y el cristianismo”, Taurus, 1998). Y Bono lo pone en práctica, pues no en vano presume que el 80% de los militantes del PSOE manchego son católicos. No voy a entrar ahora en desmentir que el cristianismo no puede ser humanista porque lo que es divino es antagónico de lo humano. Voy, simplemente, a terminar citando a un Papa sobre la otra tesis que viene sosteniendo Díaz Salazar y la corriente derechista, tradicionalista y, ahora también, la posibilista de que si existen corrientes dentro de la Iglesia Católica lo que debe hacerse es destronar a los fundamentalistas y llevar al Poder a los modernos. Entonces, les pregunto, ¿el problema religioso se habría terminado? ¿Deberemos, entonces, someter nuestra voluntad, la voluntad de los ciudadanos, hasta entonces libres, a la voluntad del clero expresada en sus dogmas y su moral sexual represiva, sólo porque, al decir de esta corriente social-cristiana, ya no son fundamentalistas, sino modernos? A ver si alguno nos explica este galimatías porque no hay quien lo entienda. La cuestión es que desde Trento las divisiones dentro de la Iglesia son de forma, nunca de contenidos, porque la moral, la doctrina y los valores son los mismos. Sólo que unos, los modernos, aceptan la debilidad de su institución cuando la sociedad se democratiza y otros, los fundamentalistas, pasan a la ofensiva cuando creen que la sociedad política tiene grietas por las que infiltrase, debilitarla y acabar sometiéndola a su voluntad. Por encima de las diferencias permanece que es una ideología totalitaria. Incompatible con la democracia, los derechos individuales y la felicidad. De manera que, gobierne la corriente que gobierne, el problema seguiría estando ahí: el clero contra el pueblo. Las dos sociedades. Y termino citando al Papa Gregorio XVI quien, el 15 de agosto de 1832 publicó una carta encíclica “Mirari vos” sobre los “errores modernos” (estos son, según los Papas, los derechos individuales, la libertad de pensamiento y la democracia), en la que, anticipándose a las tesis derechistas del PSOE, de Bono y de Díaz Salazar explica cómo los modernos no pueden hacerse con la dirección de la Iglesia por la sencilla razón de que la Iglesia no puede modernizarse. Es una contradicción in terminis. Dice este Papa: “Admirados tal vez estáis, Venerables Hermanos, porque desde que sobre Nuestra pequeñez pesa la carga de toda la Iglesia, todavía no os hemos dirigido Nuestras Cartas según Nos reclamaban así el amor que os tenemos como una costumbre que viene ya de los primeros siglos. Ardiente era, en verdad, el deseo de abriros inmediatamente Nuestro corazón, y, al comunicaros Nuestro mismo espíritu, haceros oír aquella misma voz con la que, en la persona del beato Pedro, se Nos mandó confirmar a nuestros hermanos. Pero bien conocida os es la tempestad de tantos desastres y dolores que, desde el primer tiempo de nuestro Pontificado, Nos lanzó de repente a alta mar; en la cual, de no haber hecho prodigios la diestra del Señor, Nos hubiereis visto sumergidos a causa de la más negra conspiración de los malvados. Nuestro ánimo rehuye el renovar nuestros justos dolores aun sólo por el recuerdo de tantos peligros; preferimos, pues, bendecir al Padre de toda consolación que, humillando a los perversos, Nos libró de un inminente peligro y, calmando una tan horrenda tormenta, Nos permitió respirar. Al momento Nos propusimos daros consejos para sanar las llagas de Israel, pero el gran número de cuidados que pesó sobre Nos para lograr el restablecimiento del orden público, fue causa de nueva tardanza para nuestro propósito. La insolencia de los facciosos, que intentaron levantar otra vez bandera de rebelión, fue nueva causa de silencio. Y Nos, aunque con grandísima tristeza, nos vimos obligados a reprimir con mano dura la obstinación de aquellos hombres cuyo furor, lejos de mitigarse por una impunidad prolongada y por nuestra benigna indulgencia, se exaltó mucho más aún; y desde entonces, como bien podéis colegir, Nuestra preocupación cotidiana fue cada vez más laboriosa. Mas habiendo tomado ya posesión del Pontificado en la Basílica de Letrán, según la costumbre establecida por Nuestros mayores, lo que habíamos retrasado por las causas predichas, sin dar lugar a más dilaciones, Nos apresuramos a dirigiros la presente Carta, testimonio de Nuestro afecto para con vosotros, en este gratísimo día en que celebramos la solemne fiesta de la gloriosa Asunción de la Santísima Virgen, para que Aquella misma, que Nos fue patrona y salvadora en las mayores calamidades, Nos sea propicia al escribiros, iluminando Nuestra mente con celestial inspiración para daros los consejos que más saludables puedan ser para la grey cristiana. --------------- *Javier Fisac Seco es historiador |