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Así
se llama el documento del que ha tenido noticia el diario británico Daily
Mirror. Este periódico informó de que George Walker Bush pensó en
destruir los estudios de grabación de la televisión árabe Al Yazira,
situados en Doha, capital de Qatar, porque la consideraba opuesta a su política
en Irak y Oriente Medio. Pero Tony Blair convenció al gringo, tras fuerte
discusión, sobre los inconvenientes políticos de bombardear a un país
tan amigo como el emirato semifeudal de Qatar.
La
conversación entre Bush y Blair tuvo lugar el 16 de abril del año
pasado, durante la visita del premier británico a la Casa Blanca. ¿Qué
sucedió? Al Yazira había suministrado a la opinión pública las imágenes
correspondientes a los bombardeos con misiles contra la ciudad iraquí de
Faluya. La emisora no sólo transmitió las imágenes de los bombardeos
indiscriminados sino además sus terribles consecuencias sobre la población,
tanto la que combatía defendiendo su ciudad como la otra. Washington montó
en cólera ya que aquellas imágenes de la cobarde destrucción de cosas y
personas, incluidos mujeres y niños, dieron la vuelta al mundo. Porque,
como se conoce, la libertad de expresión consiste en un derecho sagrado
que desaparece en cuanto choca con los gruesos intereses de los poderosos,
mucho más sagrados todavía.
El ex ministro de Defensa británico, Peter Kilfoyle, acaba de solicitar
que el informe Top Secret se haga público, pero Blair amenazó
enseguida con la Ley de Secretos Oficiales a los medios de comunicación
que se atrevan a semejante cosa. La Unión de Periodistas se alarmó ante
las intenciones del Gobierno y lo acusó de “ataque a la libertad de
prensa y de información. Kilfoyle dijo, además, que “si el presidente
George W. Bush quería bombardear Al Yazira en lo que es después de todo
un país amigo… eso plantea la interrogante sobre posteriores ataques
contra periodistas que no estaban asignados a las fuerzas de la coalición”.
Posteriores y anteriores. Estamos hablando, por ejemplo, del español José
Couso, asesinado por las fuerzas estadounidenses en el hotel Palestina de
Bagdad mientras hacía su trabajo. O del reportero Tarek Ayoub, muerto en
un ataque con misiles contra la delegación de la emisora Al Yazira en la
capital iraquí. O del periodista Taysir Alloumi, corresponsal de la misma
televisión, que no estará muerto pero sí condenado por los tribunales
españoles en una desagradable muestra de pleitesía al amigo americano.
Me temo.
¿Quién va a creer a estas alturas que el bombardeo de la emisora de Al
Yazira en Kabul en 2002 por medio de dos bombas inteligentes fue un
efecto colateral y no premeditado, como pretendieron entonces las fuerzas
de ocupación? Declararon oficialmente que se trató de un error porque
para ellos en aquellas instalaciones había un búnker terrorista. No es
de extrañar, pues, la reacción de los dirigentes de Al Yazira, quienes
han declarado lo siguiente por medio de un comunicado sobre la noticia del
Daily Mirror: “Si la información es correcta, será al mismo
tiempo sorprendente y preocupante, no sólo para Al Yazira, sino para los
medios de comunicación en todo el mundo”.
Al Yazira es una emisora de televisión por satélite de lengua árabe,
fundada en noviembre de 1996 por el gobierno de Qatar. Originalmente
gratuita y sostenida por el Gobierno, la emisora empezó a cobrar por sus
servicios y se independizó financieramente. Su importancia informativa
llegó al extremo de que, tras los atentados del 11 de septiembre,
consiguió un contrato en exclusiva con la cadena gringa CNN, un contrato
que se vino abajo por evidentes razones políticas. Saaid al Burini, en su
día candidato al Congreso de Estados Unidos, dijo lo más obvio: “A
Estados Unidos no le gusta la idea de que haya una organización mediática
árabe sobre el terreno (de Irak) que informa con independencia”. Pues
eso. ¡Que viva la libertad de expresión!
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