

Manera, moral, petróleo
Eduardo Haro-Tecglen
El País 29/12/04
Llueven urnas sobre un país después de las bombas. Son maneras para asegurarse su adhesión. Muchos países de Gobiernos tiranos pasan el tiempo a gusto gracias a las urnas made in USA de manera que pueden aplastar las rebeldías en nombre de la democracia. Las urnas de Irak no conseguirán pacificación, democracia y justicia, pero sí sus nombres.
Un gran rasgo de la política de nuestro tiempo consiste en "hacer como si". Harán como si un gobierno y un presidente iraquíes fueran legales, y una cámara, legislativa. Un purista diría que las elecciones no son válidas porque para ellas es necesario un país con libertades, con una oposición serena y decente. Un proceso final tras una situación de violencia. Pero la situación de violencia está viva. Y los puristas se quedan sin trabajo en esas condiciones.
¿Por qué queremos establecer un simil de la democracia? Hemos de fingir que hubo un tirano que amenazaba occidente con bombas terribles, que tiranizaba y mataba a su pueblo; y fuimos a defendernos y a liberar a sus víctimas. La guerra terminó rápidamente, se restableció la paz y se propone un orden republicano.
Eso sí, hay terroristas,
partidarios del tirano encarcelado, que hasta se suicidan por lo que llaman su
libertad sin creer que la libertad es una estatua frente a Nueva York y un
manuscrito en Washington. Hay que exterminarlos, y una manera es hacer como si
no existiesen y continuar con el proceso de la república honesta y sana. Las
maneras triunfan sobre la moral. Ah, he venido a la frase de un personaje de
Oscar Wilde: "Manners before morals". Ya se sabe lo que le pasó: los
moralistas le condenaron a trabajos forzados, y el dandy salió herido de
muerte. Le condenaron por sodomita, que no era, sino felador: aunque lo hubiera
sido. Pero las maneras...
Es interesante: los críticos ingleses subdividen un género teatral como
"comedia de maneras" y destacan que los autores que desnudaban la alta
sociedad inglesa por sus maneras que encubrían un cinismo depredador eran
homosexuales: Wilde, Maugham, Coward, Orton (aquí, Benavente). No es necesario
explicar por qué: perseguidos por las "maneras" de la sociedad
dominante, como aquí por la Iglesia y sus políticos, descubren cómo esas
maneras tapan una inmoralidad peor: la de "las personas decentes"
(Enrique Gaspar, 1890). Si las urnas que llueven junto al Séptimo de Caballería
son de buenas maneras, la moral que mantienen es la del petróleo.