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No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia.
Juan Carlos
«El Rey»
Francia: La rebelión
de los jóvenes airados
José Luis Pitarch
UCR
22 de
Noviembre de 2005
Perdonen mi toniquete en que reincido tantas veces: ya no va a haber
seguridad sin justicia. Ni en Irak ni en Palestina ni en el Sahara ni en
Francia. No se puede globalizar sólo el dinero, amancebado con el poder, y no
globalizar los derechos del hombre. No es agible liquidar las fronteras para el
dinero, y para importar mano de obra barata que llene los más penosos
empleos, manteniendo a la vez la marginación social, económica, psicológica,
profesional, cultural. Así llega la revuelta de los pobres, como dice Sami Naïr.
Ya no va a haber seguridad sin igualdad de oportunidades. Por más que insistan
todos los Sarkozy, Le Pen, Bush, Aznar, Tertsch, el discurso básico no es de
seguridad, mas de reparto del poder y la riqueza. De posibilidades reales, no sólo
teóricas, de promoción para los desheredados, y para sus hijos.
Francia es tierra de revoluciones (busquen otras parecidas, en Europa, en
1.830 ó 1.870, sin hablar de los diez años de la de 1.789). De rebeliones y
motines que abren caminos, ponen sobre el tapete hondas cuestiones europeas,
mundiales. Históricamente, ha sido gran laboratorio donde
ensayar ideas de otros lugares y otras personas no gabachas. No es extraño,
pues, este levantamiento de jóvenes airados, marginados urbanos, en la edad de
la contestación, y viviendo en guetos sociales y económicos. Que se ven sin
futuro, y lo sustituyen por la cólera, la negación. Que buscan llamar la
atención por medio del fuego, de ancestral tradición, valor simbólico y
purificatorio (lean a Vidal-Beneyto, de los pocos que nos quedan, idos Haro y
Montalbán). La cuestión, sustancialmente, no es ideológica, ni religiosa, ni
de “terrorismo”, gran cajón de sastre estigmatizante que manejan a su interés
reputados terroristas y torturadores por delegación, como la banda de
Washington, o sus socios tipo Aznar o Acebes. Hay, sí, un segmento de
delincuentes y bandas de barrio entre los pirómanos, pero minoritario y
detectable, controlable por una policía eficaz. Claro que Monsieur Sarkozy
prefiere policía represiva, le gusta insultar, y hace sin cesar cuentas de qué
le conviene más, personalmente, para sustituir a Chirac. En todo caso, no
olvidemos (lo señala incluso A. Touraine) la tradición colonial francesa. Es
una de las claves.
Resulta doloroso leer artículos como el del neofascista sui generis
Tertsch, el martes 8 (¡ay las “compensaciones” de ese gran periódico que
es El País!), tildando de iracundos
gratuitos, de nuevos vándalos y obedientes a consignas, sin más, a los jóvenes
en revuelta. Postulando, parece, somatenes y piras contra ellos. Este hombre
adora al Estado cuanto se diría que odia a la poesía, y muestra tanta rabia
como los de la “ira gratuita”, por no decir racismo. Quizá no sabe que en
sus barrios hay un paro del 30%, que entre los no cualificados y pobres llega al
50%. Todos ellos no tienen coche, ni casa, ni pueden fundar una familia. Ha
fallado la integración cultural y social (problemas de clase más problemas de
origen: Ramoneda). Pero no hay más salida que hermanar integración y
diferencias.