
Alameda,
5. 2º Izda. Madrid 28014 Teléfono:
91 420 13 88 Fax: 91 420 20 04
Correo
No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia.
Juan Carlos
«El Rey»
Iraq
hacia la encrucijada
Gabirel Ezkurdia *
Gara 29 de Octubre de 2005
La exacerbada y no casual cobertura de la expansion de la gripe aviar al orondo Occidente, ha mitigado, mas aun si cabe, la tendencia a tratar el drama iraqui como un nuevo conflicto cronico que ha derivado en mera rutina informativa. Pero si bien es cierto que durante meses ha habido acontecimientos de primer orden en el Irak ocupado, no es menos razonable pensar que por primera vez desde la invasion se esta gestando un momento clave en el devenir del conflicto.
Tras
el fracaso práctico, que no publicitario, de los comicios que organizó la
ocupación en enero de este mismo año, de hecho no ha habido desarrollo
institucional que pudiera invertir la situación de caos generalizada, el
referéndum constitucional era por imperativo ocupante un paso ineludible que
había de abordarse con éxito. Públicamente así ha sido. Al margen de la
inhomologable democráticamente constitución de los censos, algo que ya de
por sí deslegitima toda consulta, la alta participación era el argumento
base que afianzaba el éxito del referéndum. Los resultados finales,
publicados bastante más tarde que en el tiempo pronosticado, han dejado a las
claras que la ratificación constitucional, en función de los parámetros que
los mismos constituyentes habían sancionado, ha salido por los pelos. Es más,
son bastante contundentes las denuncias que hablan de un solemne pucherazo en
la provincia de Níneve, en la que a pesar de ganar el no ha sido la única de
las tres de mayoría suní en la que «casualmente» el rechazo no ha superado
la barrera de los dos tercios.
Pero al
margen de la «ingeniería electoral» colaboracionista y ocupante, lo cierto
es que la heterogénea «comunidad suní» ha demostrado ser un bloque
compacto de rechazo al ilegal statu quo, por lo que la consulta ha sancionado
una constante que la ocupación ha sido incapaz o no ha deseado nunca superar,
el de la ruptura definitiva «intercomunitaria», que hoy es un hecho
consolidado.
«CHECHENIZACION»
El agravio
comparativo entre sunies y chiies o kurdos es en estos momentos uno de los
elementos que mejor alimentan la desvertebración del estado iraquí. Tanto
kurdos como chiies han estructurado, en sus zonas de control, sus propios
paraestados. Teniendo en cuenta que el estado iraquí no existe ni por
definición ni en la práctica, el Kurdistán y el sur chií y todas las zonas
donde estos son mayoritarios, Ciudad Sadr en Bagdad etc, están bajo control
de los pesmergas del UPK y el PDK, las milicias Bader del CSRII o AII u otras
milicias chiies menores, y son estos partidos y organizaciones los que
vertebran en la práctica los paraestados.
Por el
contrario, en las tres provincias mayoritariamente suníes, Nínive, Saladino
y Al Anbar (la más extensa de Irak), así como en Bagdad, Diyala o Tamín de
fuerte presencia suní , o sea en más de la mitad del país, el estado no
existe como tal, el enfrentamiento a la ocupación es abierto y la represión
indiscriminada tanto de tropas ocupantes como de tropas colaboracionistas es
brutal y desconocida. La activación creciente de los escuadrones de la muerte
y paramilitares colaboracionistas, proclamada como vital por el experto en el
tema Negroponte en su llegada a Irak hace menos de un año, es una de las
apuestas de la ocupación, si bien es bastante desconocida en Occidente, por
el tratamiento de totum revolutum de «la violencia en Irak» que nos llega.
Son centenares las ejecuciones diarias y las desapariciones en todas las zonas
mencionadas. Junto a la falta de perspectivas políticas de los suníes, el «castigo»
económico que sufren y la represión en forma de ataques militares en toda
regla, lo cierto es que en estos momentos el agravio comparativo
intercomunitario es extremo. La «chechenización» de las condiciones
generales de vida de la «comunidad» suní es un hecho indiscutible.
No podemos
obviar en este contexto de callejón sin salida al que han abocado a la
comunidad chií el juicio a los dirigentes del BAAZ, con Sadam Hussein a la
cabeza, como proceso político a toda la comunidad. La falta absoluta de
legitimidad del Tribunal y las oscuras intenciones ocupantes son tan nítidas
para cualquier observador que el debate sobre las condiciones jurídicas de
los reos y su defensa en el proceso pasan a ser meramente anecdóticas. Pero
no es menos cierto que este juicio parcial, con el que se intenta evitar un
proceso global que agrupe todos los cargos, lo cual permitiría a las defensas
implicar a altos cargos ocupantes con cargos de la acusación (Rumsfeld, por
ejemplo, está involucrado en el gaseamiento de poblaciones kurdas en 1988, de
hecho tras el ataque a la ciudad de Halabja, EE.UU acusó formalmente a Irán
), puede acabar siendo el catalizador definitivo que adelante acontecimientos.
En el caso de que el falaz proceso a la dirección del estado bazzista se
dilate en exceso y se convierta en un escaparate de las esencias patrióticas
y de dignidad resistente de Sadam Hussein y sus compañeros, tanto su ejecución
como otra condena menor serán un verdadero dilema para los ocupantes.
Entre las
falacias acusatorias, la estrategia de identificar al regimen del BAAZ
exclusivamente con la comunidad suní, y estrictamente con el «clan tikriti»,
simplifica en exceso las posibles proyecciones públicas del proceso. De hecho
si observamos la procedencia de un importante número de altos cargos
bazzistas, muchos de ellos son chiies, incluso durante los años 70-80 el
primer ministro de Irak fue chií. Pero no importa, la imagen del proceso es
que los suníes en su conjunto son los que van a ser juzgados y condenados por
«haberse beneficiado durante décadas» de la acción de gobierno baazista.
Por otra
parte, la capacidad operativa de las insurgencias (los últimos atentados tras
la mítica «línea verde» demuestran, además del poder destructivo, un
importante nivel de infiltración), es un elemento determinante en el
escenario descrito. La superación de la barrera psicológica de las 2.000
bajas norteamericanas así como los esfuerzos operativos que dos años y medio
después deben de hacer aún los ocupantes demuestra que la iniciativa es en
estos momentos de la insurgencia, y que la guerra, en estos parámetros, va
para largo.
Es por ello
que la encrucijada se acerca y, o se adelanta una retirada e inicia un nuevo
proceso de reconstrucción y normalización soberano que iguale a las
comunidades en cuanto a posibilidades, o se precipita el enfrentamiento
intercomunitario abierto, que, por cierto, puede ser el escenario táctico que
busca al final el ocupante para poder retirarse, dejando Irak convertido en un
Afganistán fratricida. Si no, ¿qué otra explicación tienen las decenas de
atentados indiscriminados cometidos por los servicios de inteligencia
ocupantes? -
-------------------
(*) Gabirel
Ezkurdia es analista intenacional.