
Alameda,
5. 2º Izda. Madrid 28014 Teléfono:
91 420 13 88 Fax: 91 420 20 04
Correo
No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia.
Juan Carlos
«El Rey»
Estados Unidos es el principal responsable de que la pesadilla nuclear pueda hacerse realidad
En la era del terror
Noam Chomsky
The New York Times 8 de Mayo de 2005
Durante
la semana pasada, una conferencia de las Naciones Unidas a la cual asisten 180
países signatarios empezó a examinar el Tratado de No Proliferación
Nuclear, considerado como la base de cualquier esperanza seria de evitar la
catástrofe que está virtualmente garantizada por la lógica de las armas
nucleares.
"El tratado nunca ha parecido más débil, o el futuro menos
seguro", ha señalado Thomas Graham, exrepresentante especial de Estados
Unidos en las negociaciones sobre control de armas y autor del libro Sentido
común en materia de armas de destrucción masiva (2004). Graham ha advertido
de que si el tratado fracasa en las próximas semanas, se hará realidad
"un mundo de pesadilla nuclear". Como otros analistas, Graham admite
que la principal amenaza al tratado es la política del Gobierno de EEUU, aun
cuando otros estados que poseen armas atómicas también tienen
responsabilidad. En el tratado, las potencias nucleares prometieron realizar
esfuerzos "de buena fe" para eliminar las armas nucleares, el
crucial artículo 6. Sin embargo, ningún país lo ha hecho aún, y el
Gobierno de Bush ha ido más allá, al declarar que ha dejado de aceptar la
estipulación principal del tratado, e intenta ahora desarrollar nuevas armas
atómicas.
El Tratado de No Proliferación se basa en el compromiso con otros convenios
internacionales: el Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares, rechazado
por el Senado republicano en 1999; el Tratado de Misiles Antibalísticos, que
Bush rescindió, y, probablemente aún más importante, el Tratado para la
Reducción de Materiales de Fisión que, según escribe Graham, permitiría
bloquear la amenaza de añadir "más material de fabricación de bombas
nucleares a la vasta cantidad ya existente". En noviembre pasado, el
Comité de Desarme de la ONU votó a favor del tratado por 147 a 1. El voto
unilateral en contra, de EEUU, es, en efecto, un veto. En este caso, un regalo
que fue sin duda alguna bien recibido por Osama bin Laden.
Previamente, la Administración de Bush envió a su hombre de confianza, John
Bolton, para informar a Europa de que se habían acabado las prolongadas
negociaciones destinadas a hacer cumplir la prohibición de usar armas biológicas,
pues no satisfacían "los intereses de EEUU", aumentando de esa
manera la amenaza del bioterrorismo. Eso es coherente con las declaraciones de
Bolton: "Cuando EEUU marca el rumbo, la ONU debe seguirlo. Cuando sea
adecuado a nuestros intereses hacer algo, lo haremos. Cuando no sea adecuado a
nuestros intereses, no lo haremos". Resulta natural que sea designado
embajador de EEUU ante la ONU, en un insulto calculado a Europa y al mundo.
CON LA POLÍTICAactual, "un enfrentamiento nuclear es en última
instancia inevitable", advierte Michael McGwire, explanificador de la
OTAN. "En comparación con el calentamiento global, el costo de eliminar
las armas nucleares sería pequeño", ha señalado McGwire. "Pero
los resultados catastróficos de una guerra nuclear global excederían en gran
medida aquellos de un progresivo cambio climático, pues el efecto sería
instantáneo y no podría ser mitigado. La ironía de esta situación es que
estamos en condiciones de eliminar la amenaza de una guerra nuclear global,
mientras que el cambio de clima no puede ser eludido", añade.
Las advertencias de McGwire se reflejan de este lado del Atlántico en Sam
Nunn, exsenador demócrata y uno de los principales líderes políticos en
materia de control de armas y en los esfuerzos para reducir la amenaza de una
guerra nuclear. "Las posibilidades de un ataque nuclear accidental, erróneo,
o no autorizado, pueden estar aumentando", escribió Nunn en diciembre en
el Financial Times.
Nunn aludía a una fuerte expansión de los programas militares de EEUU, que
alteran el equilibrio estratégico de una manera que hace a Rusia "más
propensa a lanzar un ataque ante una amenaza sin esperar a ver si ésta es
cierta". La amenaza está agravada, añade, por el hecho de que "el
sistema de alerta de Rusia está en malas condiciones y es muy posible que
ofrezca avisos falsos sobre la llegada de misiles".
Una preocupación adicional es que las armas nucleares pueden caer, tarde o
temprano, en manos de grupos terroristas. Y esa posibilidad es más plausible
por el hecho de que, como disuasión contra las amenazas norteamericanas,
Rusia se ve obligada a mantener su propio arsenal nuclear, diseminado por su
vasto territorio, con materiales muchas veces en tránsito.
"ESTEmovimiento perpetuo crea una vulnerabilidad muy grave, pues el
transporte es el talón de Aquiles en materia de seguridad de armas atómicas",
señala Bruce Blair, presidente del Centro de Información de Defensa y quien
fue previamente funcionario de lanzamiento de los misiles Minuteman. El riesgo
se extiende más allá de Rusia, añade. "Los problemas de los sistemas
de alerta y control que afectan a Pakistán, la India, y otros países
nucleares son aún más graves. A medida que esos países avanzan hacia
situaciones de confrontación, la amenaza terrorista hacia ellos se acrecentará",
escribe Blair.
El terrorismo de Estado y otras amenazas del uso de la fuerza han llevado al
mundo al borde de la aniquilación nuclear. La conferencia de la ONU haría
bien en atender el llamamiento formulado por Bertrand Russell y Albert
Einstein hace medio siglo: "He aquí, el problema que les presentamos,
duro, temible, y del que es imposible escapar: ¿debemos poner fin a la raza
humana o debe la humanidad renunciar a la guerra?".
©Noam Chomsky. Distributed by The New York Times Syndicate.
* Profesor de Lingüística del Instituto de Tecnología de Massachusetts y
autor de Hegemonía o supervivencia