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  No consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan  Carlos «El Rey»   

11-S: Cuatro años de mentiras
Kepa Menéndez Pera 

IzaroNews  11 de Septiembre de 2005

Aquella luminosa mañana del 11 de septiembre de 2001, la Gran Manzana neoyorquina se despedazaba aún con los restos del aguacero que durante toda la noche había descargado sobre la ciudad más poblada de los Estados Unidos. Recobrando su pulso habitual, las extensas avenidas, bocas de metro, estaciones de tren y embarcaderos volvían una vez más a convertirse en testigos de la actividad febril de millones de personas que con paso taciturno se aprestaban a iniciar una nueva jornada laboral.

Pero lo que prometía ser un día cualquiera se tornó repentinamente en tragedia. En poco más de una hora, un grupo de terroristas secuestró cuatro aviones comerciales y los estrelló contra lo que consideraban símbolos del poder económico y militar de la civilización norteamericana: las Torres Gemelas de Nueva York y el edificio del Pentágono, en Washington. Durante horas el caos y el miedo se apoderaron de la nación más poderosa del planeta, haciendo que ésta se sintiera frágil e insegura. Para muchos analistas aquella fue la jornada en la que cambió el mundo pero sobre todo un país: Estados Unidos.

2.700 personas, en su mayoría trabajadores del World Trade Center y la totalidad de los pasajeros de las aeronaves secuestradas, perdieron la vida en los atentados del 11-S, cifra que supera el que hasta entonces se erigía como el ataque más importante de la historia de EE.UU., el que en 1941 llevara a cabo Japón contra la flota estadounidense anclada en la base naval de Pearl Harbor, que se saldó con la muerte de 2.400 soldados y civiles.

Nada más producirse la agresión, George Bush acusó al grupo terrorista islámico Al-Qaida, encabezado entre otros por Osama Bin Laden, de ser el instigador de la misma, y con la aquiescencia del Congreso puso en marcha la llamada ‘Guerra contra el Terrorismo’, primero en 2002, con la intervención en Afganistán que dio origen a la caída del régimen talibán, y un año más tarde, en violación directa del Derecho Internacional y sin aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con la invasión de Irak cuyo fin perseguía el derrocamiento de Sadam Hussein.

Desde entonces nada ha sido lo mismo. Los gobiernos de España e Inglaterra, retratados por sus respectivos presidentes Aznar y Blair en la conocida como ‘Foto de las Azores’ junto al inquilino de la Casa Blanca, prefirieron seguir la estela del hombre más poderoso del mundo que atender lo que en la calle les dictaba la ciudadanía, y la respuesta al envío de efectivos militares a suelo iraquí se tradujo en los indiscriminados atentados del 11-M madrileño y el 7-J londinense.

Por otro lado, la sociedad estadounidense, favorable en un principio a las pretensiones de Bush de responder a la política anti-USA de Hussein, comenzó a observar con reticencia el macabro desfile de féretros de marines caídos en combate y a cuestionar las primeras palabras de su presidente en las que advertía de que la entrada en Irak, lejos de constituir una peligrosa misión militar, sería un paseo triunfal para sus tropas. Los innumerables errores, la descoordinación entre mandos y la subestimación de la guerra callejera de los insurgentes, llevaron a muchos padres a pensar que se había llevado allí a sus hijos a morir.

Tras la caída del dictador, todo hacía indicar que la paz estaría más cerca. Sin embargo, el caos y la anarquía se convirtieron en aliados perfectos para que aflorara una nueva guerra, ésta ya de carácter interno, la que durante siglos venían caracterizando las relaciones entre las comunidades chií, de implantación mayoritaria, y la minoría suní, afín al régimen de Hussein y que alimenta las filas de la insurgencia con sus sanguinarios muyahidines. Resultado de dicha confrontación civil, un rosario de cruentos atentados que a diario estremecen la convivencia en un país totalmente desmembrado.

Con la conformación de un nuevo gobierno, la vida política actual de Irak pasa por la elaboración de una Constitución que sea capaz de aglutinar las múltiples sensibilidades culturales y religiosas de una comunidad, de 25 millones de habitantes, en la que conviven etnias tan dispares como chiítas, sunitas, kurdos, yazidíes, judíos y cristianos. No obstante, son muy pocos los que creen que la futura Carta Magna vaya a ayudar a la completa liberación de su pueblo, la panacea que ponga fin a la violencia y a los problemas que hay en Irak, y la mayor parte de la ciudadanía ve en la misma un intento más de EE.UU. por no perder el protagonismo en la zona e influir en la vida económica y política del segundo país con mayores reservas de petróleo del planeta.

Asimismo, la vulneración de los derechos humanos durante la contienda ha sido flagrante por parte de las tropas norteamericanas. Baste recordar el degradante espectáculo del que fue testigo la comunidad internacional a raíz de los casos de torturas y vejaciones en la prisión de Abu Ghraib, el no menos esperpéntico de la base militar de Guantánamo y las escandalosas imágenes de marines rematando a rebeldes malheridos mientras éstos suplicaban por su vida. Una buena muestra de lo que Bush prometiera a Naciones Unidas sobre el carácter humanitario de la intervención.

Cuatro años después, y pese a las palabras de la Administración estadounidense de que con la caída de Hussein se abrirían las puertas hacia un nuevo mercado internacional con medidas como el abaratamiento del petróleo, la realidad se torna escéptica y los índices al consumo se empeñan en mostrarnos que, lejos del anunciado aceleramiento, la economía avanza renqueante y no lograr remontar el vuelo; el crudo en máximos históricos; los parqués internacionales supeditados a la inestable situación en esa zona de Oriente Medio; y el turismo asolado por la inseguridad reinante y la carestía de los carburantes.

También erró en su predicción el presidente norteamericano al asegurar que el mundo sería más seguro tras la incursión en Irak. A los ataques ya mencionados de Madrid y Londres, hay que añadir la psicosis que planea sobre los países que, de una u otra manera, dieron su apoyo a las intenciones militaristas del Pentágono. Por no mentar el pánico que se apodera de la sociedad estadounidense cada vez que un piloto despistado viola con su inofensiva avioneta el espacio aéreo restringido.

Las condiciones de vida tampoco han mejorado para los propios iraquíes, una vez producida la invasión. A los galopantes niveles de desempleo que actualmente soporta una sociedad antaño próspera, debemos sumar el recorte de derechos y libertades, la inseguridad ciudadana que provocan los continuos atentados de la Resistencia y la nefasta gestión de la posguerra por parte del Ejecutivo de la Casa Blanca.

Todo ello, unido al incesante incremento de marines muertos –que a día de hoy se acerca a los dos millares–, el imparable número de conflictos en los que el presidente ha inmiscuido y desea seguir inmiscuyendo a su pueblo, la psicosis de un país arrodillado ante un enemigo fantasma que puede volver a actuar en cualquier momento y, más recientemente, la vergonzosa respuesta a la catástrofe humanitaria de Nueva Orleans tras el paso del huracán Katrina, sean tal vez las causas de la espectacular bajada de popularidad que George Bush viene sufriendo desde que en enero del presente año asumiera su segundo período de mandato.

En el cuarto aniversario de la tragedia, Estados Unidos se dispone a llorar a sus muertos. Con el rostro compungido, el máximo mandatario ensalzará los valores de la patria norteamericana, solicitará comprensión a las madres de los soldados desplazados en Irak, rogará a los padres con hijos en edad que los pongan al servicio de la nación, demandará recursos económicos al Congreso para dotar de más medios a su ejército y pedirá a los presentes un minuto de silencio por los caídos, quizás para que así ningún familiar pueda reprocharle en público la cicatera y mentirosa política que tanto él como su gobierno están llevando a cabo en un conflicto que para muchos sigue los pasos de convertirse en un nuevo Vietnam.


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