Sombras en la despedida política de Aznar:
El borrón de las azores y las mentiras de la guerra
Antonio Casado :
04/12/2003
acasado@elconfidencial.com
Una de las mentiras
útiles de Aznar –útiles para él, se entiende- es mezclar en la
misma cruzada planetaria contra el terrorismo a ETA y las guerrillas
iraquíes que actúan contra los extranjeros. No es la única ensartada en su
argumentario. Como si la sarta de mentiras, sobrevenidas al apagón de la
coartada inicial (armas de destrucción masiva), pretendiese ocultar el
borrón de las Azores cuando se acerca su salida de Moncloa.
Quienes vomitamos cada día contra el
aplastamiento de las libertades y el terrorismo que nos aflige en el País
Vasco, y al tiempo estamos contra una guerra ilegal, inmoral, innecesaria
e inútil, nos sentimos insultados. El reproche a la guerra no supone
apoyar a los secuaces de Sadam Husein (otra perversión que se nos
administra en el argumentario del PP), de la misma manera que la
impugnación del GAL por parte de Aznar no significaba de ninguna manera su
apoyo a ETA.
El terrorismo de ETA se practica en
un régimen democrático, de contrastada circulación de libertades, donde la
expresión y la difusión de las ideas (también las nacionalistas, faltaría
más) están constitucionalmente protegidas. Y cuando algunos `servidores
públicos´ quisieron combatir ese terrorismo mediante la llamada `guerra
sucia´ del Estado, el mismo Estado, a la luz neutral de sus propias leyes,
los metió en la cárcel porque “contra el terrorismo no vale todo” ni “el
fin no justifica los medios” (frases reiteradas en intervenciones públicas
del actual presidente del Gobierno en el año
95).
Lo de Iraq es otra cosa pero los principios
son universales. El terrorismo en Iraq brota como respuesta a una invasión
armada exterior. Eso no lo justifica, pero puestos a buscar
justificaciones –seguro que los iraquíes ya las han encontrado-, éstas no
serían ni mejores ni peores que las utilizadas por la coalición de las
Azores para usar la fuerza armada sin consentimiento de la ONU contra un
país miembro de la ONU.
La perspectiva cambia,
claro, si abrazamos sin más las razones de George Bush, inoculadas
a su vez en el argumentario de Aznar. Eso pone de manifiesto la
insoportable levedad de la posición de éste cuando dice: “No hay
alternativa”. ¿Quién puede asegurar que EEUU no decide de pronto cambiar
de posición ante un nuevo cálculo político o electoral del señor Bush? ¿Se
quedaría sola España en Iraq porque “no hay otra
alternativa”?
Aznar y Rajoy piden a los
ciudadanos solidaridad con las familias de los españoles asesinados en
Iraq. No hace falta. Los ciudadanos la expresan de forma espontánea,
sincera y generosa. Pero si lo que está pidiendo es solidaridad con una
apuesta política, debe saber el señor Aznar que vivimos en una sociedad
madura donde no es obligatorio estar de acuerdo con las decisiones del
gobernante de turno que, por el hecho de serlo, no lleva aparejado ningún
suplemento de lucidez.