Salir de Irak
Editorial Gara 3-12-03
Tal y como han venido
desarrollándose los acontecimientos en Irak, era sólo cuestión de tiempo que
la resistencia, cada vez más activa, golpease de lleno a las fuerzas españolas.
Y fue el sábado cuando se produjo la emboscada que acabó con la vida de siete
agentes del Centro Nacional de Inteligencia. Las bajas, no por esperadas, han
dejado de causar lógica conmoción en el panorama político del Estado español,
y a ella cabría atribuir las declaraciones de determinados líderes que
resultan poco coherentes con la postura contra la ocupación que teóricamente
mantienen.
La que es absolutamente coherente con esta guerra, basada en las más burdas
mentiras, es la declaración de José María Aznar, que incluye párrafos tan
significativos como el siguiente: «Un grupo de naciones libres, comprometidas
con la defensa de la paz y la seguridad internacional, respaldadas por las
Naciones Unidas y por la razón, están en Irak para liberar al pueblo iraquí
de una tiranía atroz y para combatir una red de terrorismo internacional que
amenaza nuestras vidas y nuestras libertades». Es coherente porque,
simplemente, nada de lo que dice es verdad.
Las bajas del CNI son parte del tributo de sangre que ha de pagar el Estado español
porque su gobierno respaldó ciegamente una aventura militar anglonorteamericana
alimentada por intereses geoestratégicos, que no respaldaron ni la ONU ni la
razón, al menos la de la mayoría de la población del Estado que, según todas
las encuestas, era contraria al ataque y al envío de tropas. Tropas que no están
para ayudar a la población iraquí, que necesitará medicinas, pero espías,
seguro que no. En todo caso, parece claro que no quiere ser ayudada de esa
manera.
Añadió Aznar que la retirada es «el peor de los caminos posibles». En
realidad, no sólo no es el peor, sino que es el único. El problema es que, tal
y como están las cosas, ni siquiera eso es fácil. Baste recordar que el plan
de Washington para acelerar el traspaso de poderes, al menos formalmente, a
manos iraquíes, es rechazado por suníes y chiíes.
Los españoles fallecieron en un fin de semana especialmente sangriento, pues la
resistencia también se cobró la vida de dos japoneses, dos coreanos, dos
norteamericanos y un colombiano. En noviembre han sido 110 los ocupantes
muertos. Pero este dato no debe hacer olvidar que la inmensa mayoría de las víctimas
son nativas. EEUU declaró haber matado, sólo ayer, a más de medio centenar de
iraquíes. Las víctimas iraquíes son tantas que ni siquiera existe un registro
fiable y las estimaciones oscilan entre las 25.000 y las 50.000.