Algunos
creímos que tras el franquismo vendría un periodo de libertades al que llamábamos
democracia, en el que el ciudadano se encontraría representado y en el que la
libertad de pensamiento seria tal que hasta se permitiría exponer las ideas de
aquellos que opinaban en su contra. Sabíamos que las libertades jamás se
regalan, no obstante caímos en esa vorágine de credulidad acaecida tras la
muerte del dictador y esperamos tranquilamente la llegada de los cambios como un
hecho natural en el devenir de la vida política española. Esos cambios
ansiados, que por supuesto jamás se produjeron, se limitaron al regreso de los
Borbones por la voluntad de Franco, y a una nueva constitución apañada entre
un grupo de notables del antiguo régimen y dóciles elementos de la oposición.
Esta situación supondría de hecho una ley del punto final que eludió el
juicio de los delitos de todo tipo cometidos por el aparato franquista. Estos en
el colmo de la desfachatez, proclamaron como perdón benevolente, la amnistía a
aquellos que lucharon contra el franquismo. mientras se ignoraban los delitos
cometidos en nombre de la dictadura.
Pasados
aquellos primeros años de esperanza, se nos fue congelando la sonrisa inicial
hasta quedar convertida en una mueca por causa de las primeras desilusiones, y
acentuada por el estupor producido al comprobar como el autoritarismo del
gobierno tiende a convertirse en autoritarismo de estado. Pudimos verificar: Que
el sistema antepone la defensa del capitalismo a la defensa de las libertades públicas.
Que el derecho a la propiedad privada es confundido con el derecho a las
escandalosas diferencias sociales que sufrimos. Que la interpretación de la
limitada constitución de 1978 sólo corresponde a unos pocos y siempre a su
favor. Que los medios de comunicación son órganos de expresión de los
intereses de sus propietarios y los grupos de poder financiero que los
sustentan. Que la guerra es una vez mas un instrumento coercitivo del poder. Que
el chantaje político paraliza la efectividad de los partidos. Que la sistemática
desculturización y por lo tanto ausencia de criterio de todo un pueblo, es práctica
común de nuestra sociedad. Que la división de poderes es una entelequia,
estando el poder judicial en manos del . Y por último verificamos como el
imperio de la corrupción se impone al imperio de la ley.
Hoy
vemos como se nos ha escapado de entre los dedos la esperanza en la convivencia
de todos los ciudadanos, libres de perogrullescas razones que nos impone históricamente
el yugo de la omnipresente oligarquía, mientras comprobamos que la sinrazón,
la manipulación y el despotismo continúan presidiendo nuestra vida social, política
y económica. Apelamos a la desobediencia civil, como única arma pacífica de
la ciudadanía en defensa de sus libertades. Apelamos a un cambio de estado,
donde la democracia guíe el rumbo de la nación, desde su primera magistratura,
- presidente de la república - hasta las mínimas normas de convivencia
ciudadana.
Queremos
nuestra propia reforma que sea ruptura con el pasado, en la que el pueblo
soberano marque el camino a seguir, por encima de la voluntad de los poderosos,
reforma que nos devuelva a la legalidad republicana anterior al secuestro de la
voluntad popular por el ejército fraticida. Unamos nuestras fuerzas para lograr
desterrar de una vez por todas de nuestro país la represión, el miedo, la
injusticia y la insolidaridad. Unamos nuestras fuerzas para lograr el estado de
los ciudadanos libres que representará la III República.