¿CON QUÉ BANDERA?
Fui peregrino en mi patria desde
que nací
y lo he sido en todos los tiempos
que en ella viví.
José Bergamín.
“Cuando hubo que introducir el ataúd en la tumba surgió el problema
de qué bandera debía envolverlo. Me lo preguntó Miguel Castell y le respondí
que si alguna bandera podía ser apropiada era la republicana. Idígoras dijo
entonces: ¿Dónde coño encontramos ahora una bandera republicana? Teresa
Bergamín zanjó el problema: Que sea la ikurriña”.
Quizá tenga un gran valor simbólico como si fuera su última metáfora,
este hecho de la vida/muerte de Bergamín, el poeta que al volver del gran
exilio se exilió de nuevo de los viejos guerreros, de los señores de la
tierra, ahora convertida en solares para la especulación, de los jerarcas de un
Dios falsificado y justiciero, y se refugió en el País Vasco. Buscaba un rincón
republicano que le ayudase a romper el silencio antes de que llegase la
“cosecha del olvido”, sus mejores amigos fueron otros españoles en el mismo
exilio interior de Euskadi, Como Alfonso Sastre o Joaquín Navarro, y algunos
vascos, de los que habían dejado de ser españoles de la España monárquica e
imperial.
Bergamín era un español y un poeta, pero sobre todo, era un compañero
de camino de los perdedores, de los perseguidos de su Pueblo. Nunca se envolvió
en una bandera propia, ni siquiera en su muerte. Como Machado pudo decir:
Españolito que vienes
al
mundo, te guarde Dios.
Una
de las dos Españas ha de helarte el corazón.
Porque
no hay más que dos Españas, la de. los conquistados, que somos casi todos y la
de los Conquistadores, de la Patria, de la Sociedad,. de las Conciencias.
¿No
será hora de repensar casi todo, la Monarquía, la República, el Estado, las
Autonomías,...?
El
primer sociólogo europeo, Ben Jaldun Consejero. del Sultán de Granada en el
siglo XIV ya enunció proféticamente: “los Estados nacen de la Conquista;
para ello se precisa una sociedad que esté animada del mismo espíritu y
persiga el mismo fin”.
¿No
tendremos que sustituir la Conquista por el Consenso, hoy tan banalizado, pero
ennobleciéndolo como instrumento de diálogo y conveniencia?.
El
Estado de las Autonomías es un autobús de magnífica carrocería, con un motor
renqueante que se atasca en cualquier repecho: del paro, del terrorismo, del
GAL, del Prestige, del urbanismo especulativo. Solo los Conquistadores lo
jalean, los conquistados se dejan llevar.
Los
Ayuntamientos, Los Gobiernos de las Autonomías, a través de las listas
cerradas electorales, con una vida democrático/participativa de un día cada
cuatro años, más que organismos democráticos vivos, parecen campos en estado
vegetativo, próximos al encefalograma plano.
Ya
no se trata de envolver el cadáver de la Democracia. Con una u otra bandera. De
lo que se trata es de que no la maten. Y no con un Golpe de Estado, que es
imposible ¿Contra quién lo iban a dar?. Sino por fatiga, por asco de los que
debieran ser sus células vitales, los ciudadanos, pero que son engañados,
ninguneados.
Todavía
estamos a tiempo. En un momento largamente sentido y dolorosamente concebido
nació el Estado de las Autonomías. Por primera vez, en muchos años, a los
españoles, las sirenas políticas les cantaron que eran libres, que eran autónomos.
No ha sido así. En contra de su voluntad, España se ha visto metida en una
guerra ilegal, injusta y cruel. En contra de los intereses de la mayoría, se
han generalizado los contratos de trabajo/basura. En contra de su presente y
futuro democráticos, los medios de difusión estatales se han convertido en
instrumento de los Conquistadores.
¿Seremos capaces los ciudadanos de todas y cada
una de las Autonomías del Estado de decirle a éste que aceptamos libremente
unirnos, para hacer de ese Estado un magnifico mosaico republicano, pleno de
vida democrática y de una rica diversidad cultural y sociológica?.
Empeñamos y luchar por ello esta
vez sin armas, seria la única forma de hacer que España, si el nombre todavía
es recuperable, puede ser lugar habitable para todos, como Bergamín y Machado, y
muchos millones con ello soñaron, pero murieron en el intento.