EL PIRÓMANO BOMBERO

Viernes, 12 de Diciembre de 2003

Enrique Meneses

La capacidad de sonrojo de algunos es tan ilimitada como el espacio sideral. El Amo del Mundo, ha decidido que quienes tienen derecho a reconstruir Irak son solo aquellos países que han contribuido, de un modo u otro, a destruirlo. Ya saben: en la próxima oposición al Honorable Cuerpo de Bomberos solo se admitirán pirómanos con unos cuantos años de experiencia en incendios provocados. Reconstruir sin antes haber hecho sus pruebas de destructor es totalmente inadmisible. ¿Cómo vamos a aceptar en el Cuerpo Nacional de Policía a quienes jamás hayan cometido un asesinato? ¿Se imaginan un cuerpo de policía compuesto por miembros de la Cruz Roja? ¡Inaceptable!

El presidente Bush, después de destruir Irak en busca de unas armas inexistentes y unas conexiones entre el régimen laico baazista y el ultrareligioso Al Qaeda, y no encontrar ni una cosa ni la otra, con el mismo descaro con el que sirvió a sus hombres un pavo de plástico el día de Thanksgiving day (el día de Acción de Gracias) tan sagrado para sus compatriotas como la Navidad, dice ahora que solo pueden beneficiarse del negocio de reconstruir Irak aquellos que colaboraron previamente a destruirlo. Entre estos países, está el nuestro. Esos sinvergüenzas de franceses, alemanes, rusos y canadienses que se negaron a colaborar en la destrucción, no tienen ningún derecho a beneficiarse de la reconstrucción que se paga con el petróleo de los invadidos por Fuerzas Humanitarias.

Ya lo avisó en España JEB Bush, el hermano que falsificó las elecciones para que George W. fuese presidente en vez de Al Gore. Nos lo dijo bien claro. Podíamos hacer negocios muy buenos si nos poníamos del lado de los Rangers de Texas. Y nuestro ínclito presidente se tiró a la piscina sin comprobar si había agua. Quería sacarnos del rincón de la Historia en el que nos metió Felipe González para ponernos a la cabeza de Europa y del Imperio. Le decíamos que estaba fuera de cuestión atacar a un país amigo que no solo no nos había hecho nada sino que bastante desgracia tenía con ser gobernado por un dictador. De eso sabíamos mucho los españoles, de dictadores, y de algunos Aznáres destacados en el antiguo régimen.

Y a Francia se le dijo aquí, por plumas indignas de esta noble profesión, que los franceses no adoptaban esa postura antibelicista por razones morales sino por los negocios que tenía en aquel país árabe. Lo que Francia, Alemania, Rusia y Canadá tienen en Irak es un montón de dinero que les deben y que les gustaría recuperar, aunque no les den trabajo a sus empresas para esa reconstrucción. Pues ¡No se lo van a creer! Después de comunicarles que no tendrán acceso a los contratos de reconstrucción por no haber contribuido a la previa destrucción, James Baker III, encargado por Bush para arreglar el problema de las deudas iraquíes, les solicita que perdonen las deudas que Irak tiene con ellos. Vamos que después de darles una ostia, les reclamamos un beso. Cuando les digo que hay que tener una cara de cemento, no exagero ni un ápice.

Y nuestro Ánsar, “el victorioso” en árabe, ya tiene contento a los del acero vasco con los subcontratos (es decir migajas) y a los de Repsol y Cepsa. Un triunfo ¡oiga!

Mandamos al ejército español a una zona sin peligro, una tranquila zona parecida a la huerta murciana, hortofrutícola ella, tan querida por Trillo, ese costalero del Opus que tanto se identifica, junto con Ana Palacio, con los ayatolás de Diwaniya y Nayaf. Con solo 1.300 soldados nuestros, y otros tantos salvadoreños, hondureños y demás centroamericanos, que están allí, no para destruir sino para incrementar la cifra de resultados de nuestras principales empresas españolas, amigas de Aznar como el presidente de Halliburton lo es del vice-presidente Cheney. Una serie de empresas americanas, que ya han sacado tajada de los contratos de reconstrucción, van a dar a Bush el dinero que necesita para renovar por cuatro años su presidencia de los Estados Unidos.

Son los mismos que le ayudaron a ganar de forma dudosa la otra vez, que se cobran ahora sobre la miseria del pueblo iraquí, y que reinvertirán en las elecciones de noviembre del 2004 para seguir haciendo negocios. Eso se llama economía neoliberal

México y Chile han sido apartados de esos beneficios fabuloos que esperan al Presidente de la República Española, porque en el Consejo de Seguridad prefirieron la decencia a la cobardía menos hispana que pueda existir.

Como dice el presidente de algunos españoles: “España tiene que ser un país serio…..” “Debemos salir del rincón de la Historia….” Y alinearnos con un perseguido por la justicia llamado Silvio Berlusconi, (el que hacía cuernos con los dedos detrás de Joseph Piqué en la célebre foto), con la República de Tonga, las Islas Marshall y con una Polonia que todavía no ha perdido el miedo a los rusos, aunque sean los de Putin.

Este José María Aznar es el que acude a la cumbre del Viernes 12, a reclamar el puesto “que le corresponde a España. Después de levantarse contra una Europa que, quiera o no, la construyeron Alemania y Francia y no Francisco Franco ni Manuel Áznar, quiere llegar con pretensiones de gran líder tras el éxito de Marraquech. Un gran líder que no se atreve a decir si nuestra intervención en Irak es militar, civil, de ONG o de grupo folclórico en uniforme caqui.

Que declara acto terrorista la muerte de siete miembros “militares” del CNI para poderles dar una pensión a sus familias por “acto terrorista” y una medalla del Mérito Civil en vez de la militar con honores militares, y rechaza que se pueda castigar a los soldados americanos que asesinaron a José Couso.

Las ceremonias que se ofrecen en Arlington a los cadáveres de soldados americanos, no asiste Bush, si lo hace Berlusconi por sus carabinieri, provisto de un pañuelo lavado con OMO para cuidar su lacrimal.

Aquí, nuestros muertos los atiende un Trillo al que le han hecho una chaqueta de camuflaje menos lucida que las que se llevan en las fiestas levantinas de Moros y Cristianos, pero en cutre.

Desde luego que si me ofreciesen a mí ir a la cumbre del Viernes 12, en la que hay que reclamar a la denostada Vieja Europa, el puesto que le corresponde a España, se me caería la cara de vergüenza. Menuda papeleta, discutir con los que intentaron impedir la destrucción de un país presentándose como un eficiente miembro de la Coalición que derrotó a Sadam Huseín. Lo siento por mi país, pero deseo fervientemente, por ética, que nos den en Europa, el peso que nos merecemos los ciudadanos, no el que pretenden nuestros dirigentes.

Una cosa es defender los legítimos derechos de un país miembro de la Unión Europea y otra buscar a toda costa la posibilidad de reunir minorías de bloqueo que impidan a esa UE avanzar dentro de la laicidad, con la mayor libertad posible en la investigación sobre células madre, la escuela pública universal o la defensa común europea en colaboración siempre con los Estados Unidos pero con la capacidad de ser un contrapeso que haga reflexionar al que sea inquilino de la Casa Blanca. Si hubiese existido esa unanimidad y cohesión entre todos los miembros de la Unión, los EE.UU. y sus aliados de la Nueva Europa no hubiesen metido la pata con Irak como lo han hecho, por no decir el ridículo más espantoso.

Mientras escribo estas líneas, todavía no ha comenzado la Conferencia y por lo tanto no sabemos cual es el as que dice Berlusconi que ha de sacar en el último instante de su manga. Ojalá se llegue a un acuerdo y, puesto que José María Aznar le gusta tanto la compañía de los fuertes y poderosos, se arrime al núcleo duro de la construcción europea, un núcleo que se construyó sobre unos millones de muertos a lo largo de tres crueles guerras entre ambas orillas del Rin.

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