Paradojas de una posguerra
Pascual Serrano
Si la preguerra y
guerra en Iraq ya nos ofrecieron peculiaridades y paradojas curiosas, la
posguerra no va a ser menos. La primera es que quizás nos encontramos con la
primera guerra de la historia en la que el bando vencedor está teniendo más
bajas después de haber ganado el conflicto que durante los combates. Ya hace
tiempo que se superaron los 138 muertos que tuvo EEUU desde el inicio de la
invasión a la proclamación del fin de la guerra.
Esas mismas tropas triunfantes, que convirtieron en símbolo de su victoria la
retirada de estatuas y fotos de Sadam Hussein que salpicaban todo el país, se
dedicaron pocos meses más tarde a empapelar Bagdad con la foto del ex
presidente con el objetivo ahora de ayudar a su localización y captura.
En cuanto al papel del gobierno español y nuestro ejército, no deja de
asombrarnos que tras calificar el ministro de Defensa Federico Trillo el área
bajo jurisdicción de tropas españolas de "tranquila" y "agrícola",
el primer día del traspaso de las competencias a la Brigada Plus Ultra, un
coche bomba provocara casi un centenar de muertos en la mezquita de Nayaf. Para
redondear la brillantez de nuestro gobierno, la ministra española de
Exteriores, Ana Palacio, con su habitual genialidad, reclamó "la unidad de
la comunidad internacional contra el terrorismo para devolver la estabilidad a
Irak". O sea que reconoce que antes de la invasión prodemocracia y respeto
de derechos humanos había estabilidad.
Para compensar el fiasco político y militar, el ejército norteamericano anunció
el 21 de agosto la captura de Ali Hassan Al-Majid, alias "Alí el Químico",
primo de Sadam Hussein, y uno de los dirigentes del gobierno iraquí. Nada que
objetar si no fuera porque el 5 de abril los británicos ya proclamó su muerte
tras un bombardeo y toda la prensa mundial publicó su obituario.
Verdaderamente, no se puede rentabilizar mejor la caída de un enemigo.
Y volviendo a la política del gobierno español, asombra comparar la obsesión
con buscar y juzgar al dictador de Iraq con la decisión de no pedir la
extradición de los dictadores argentinos a los cuales no hace falta buscar
porque ya están encarcelados en Argentina y serán liberados si no se
extraditan.
Por último, quizás sería necesario reflexionar sobre el esfuerzo y
presupuesto que los gobiernos occidentales dedican a la lucha contra el
terrorismo y su comparación con otros problemas que afligen a los ciudadanos.
Según los propios gobiernos, la obesidad mata a 300.000 norteamericanos cada año,
en Francia la ola de calor ha provocado 11.435 muertos en Francia y en España
durante 2002, 5.347 personas perdieron la vida en accidentes de tráfico. Son
muertos que no preocupan a los gobernantes, quizás porque ellos pueden
permitirse una dieta equilibrada, sus estancias siempre están climatizadas y
raramente circulan por carreteras defectuosas. Sin embargo, muchos de ellos son
objetivos terroristas.
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