Lo que esta
sucediendo en Irak no es terrorismo, sino una verdadera guerra
de guerrillas contra todas las fuerzas extranjeras, sin
distinciones. Cuando el ministro de Defensa, Federico Trillo,
habla de terrorismo está engañando al público y se engaña a
sí mismo. Confieso que cuando vi las obscenas imágenes de unos
jovenzuelos bailando de alegría sobre los cadáveres de
nuestros siete compatriotas asesinados, mi reacción fue de ira
y de rabia. Pero hay realidades que es preciso encarar, aunque
sean incómodas, desagradables, y contrarias a nuestros deseos:
jamás puede clasificarse como terrorismo el ataque armado
contra los miembros de una fuerza de ocupación militar formada
por invasores extranjeros.
Una insurrección guerrillera puede usar de forma puntual métodos
terroristas, pero se trata de fenómenos muy diferentes. Un
grupo terrorista no es más que una guerrilla que ha fracasado a
la hora de conseguir el apoyo del conjunto de la población, de
manera que acaba volviéndose contra la misma población a la
que pretendía defender. Cuando la población opta por apoyar a
los insurgentes, aunque sea de forma pasiva, la guerrilla es
invencible salvo que se recurra a métodos extremos como el
genocidio o la limpieza étnica. También las tácticas son
diferentes: una guerrilla es una fuerza de combate y su
principal objetivo es el ejército enemigo. Un grupo terrorista
es una organización esencialmente política, a menudo
extremista y sectaria, por lo que prefiere atacar a civiles
indefensos para eliminar rivales o provocar represalias
indiscriminadas.
Es instructivo comparar la Tercera Guerra del Golfo con la
Guerra de la Independencia Española. Cuando Napoleón derrotó
a los ejércitos regulares españoles también creyó que la
guerra había terminado y cantó victoria como lo haría el
presidente Bush dos siglos más tarde. Las pequeñas partidas
que atacaban esporádicamente al poderoso ejército imperial no
eran más que 'brigands', es decir, bandidos. Esa era la versión
oficial, y el emperador se aferró a ella incluso cuando los
'bandidos' se habían convertido en verdaderos ejércitos, con
millares de combatientes organizados en batallones. Al igual que
Bush, Napoleón declaró sus nobles intenciones de 'salvar' a un
país atrasado y bárbaro, liberándole de un gobierno tiránico
y del fanatismo religioso, proporcionándole las ventajas de un
sistema de gobierno laico más avanzado. Pero los documentos que
se conservan demuestran que Napoleón buscaba tan sólo
aprovechar los recursos de España para su propio beneficio, al
igual que los estadounidenses en Irak protegieron todo lo
relacionado con el petróleo y dejaron que se fuera al infierno
todo lo demás. Napoleón trajo consigo contingentes de sus
aliados y vasallos, de manera que gran parte del ejército
'francés' en España estaba formado por alemanes, holandeses,
italianos y polacos, entre otros. De la misma manera, los
norteamericanos han llevado sus contingentes aliados, incluidos
británicos, españoles, italianos y polacos.
El presidente Aznar envió tropas a Irak porque deseaba
complacer a los norteamericanos, realzar el papel internacional
de España, y de paso el suyo propio, y porque creía que el
todopoderoso Estados Unidos habían ganado la guerra y no existía
riesgo alguno para nuestros hombres. Pero la conquista de Irak
ha sido tan sólo la primera batalla de un largo conflicto. Esta
es la verdad incómoda que nuestro Gobierno no ha querido
admitir. Por el mero hecho de estar allí, ejerciendo tareas de
guarnición de un territorio ocupado, nuestras tropas son
beligerantes en un conflicto bélico que no nos concierne. No
tiene sentido hablar de misión humanitaria o labores de
reconstrucción porque en Irak no hay reconstrucción alguna en
marcha. Tanto en Bosnia como en Afganistán la población recibió
bien a las fuerzas extranjeras porque las veían como
protectores y nadie tenia motivos para guardarnos rencor. En
cambio en Irak, tras doce años de embargo, hambre y
privaciones, la población estaba predispuesta en contra de todo
lo extranjero, ONU incluida. ¿Tras arrasar Irak en 1991, dejar
en el poder a Sadam Hussein, tras doce años de sanciones y
miseria, tras invadir el país y hacerlo migas a base de bombas,
y luego dejar que se desencadenase el caos, van a venir ahora
los extranjeros haciéndose los simpáticos y repartiendo
migajas humanitarias? Esta es la forma en la que ven la situación
los propios iraquíes, y por eso reaccionan como reaccionan. Un
solo dato alentador: la totalidad de las bajas mortales que
hemos sufrido han sido fuera de nuestra zona de ocupación,
cuyos habitantes no parecen sernos hostiles.
Esta situación tiene tres salidas posibles: a) Un escenario
'somalí' en el que hartos de sufrir bajas, y sin un plan para
resolver el embrollo, los norteamericanos se marchan sin más.
b) Un escenario ideal en el que los norteamericanos modifican de
forma muy drástica su política, poniendo sobre la mesa los
ingentes recursos necesarios para reconstruir el país y
atraerse a la población civil. Y c) un escenario 'vietnamita'
en el que la guerra se prolonga durante años y termina con la
derrota militar de los invasores. Este último escenario es el más
probable. En Vietnam los estadounidenses tenían ventajas de las
que carecen en Irak, incluyendo un gobierno adicto, un ejército
autóctono aliado y segmentos de población que los apoyaban, y
aun así perdieron.
Mientras la población iraquí apoye a las guerrillas, es la
guerra, se reconozca o no. ¿Conviene a los intereses de España
hacer la guerra contra un país que nada nos ha hecho, y encima,
perderla?