Necesitan petróleo, pero el dólar es más importante
Serguei Glaziev
Sovietskaya Rossia
Traducido para Rebelión por Josafat Sánchez Comín
Una
de las explicaciones que más se están oyendo para entender la agresión contra
Iraq, es la necesidad de bajar los precios del petróleo. Pero ¿es esto
realmente así?. Los EUA tienen muchas palancas para presionar sobre los
exportadores de petróleo. Los mismos países miembros de la OPEP, en varias
ocasiones han mostrado su disposición ha rebajar los precios hasta las 25$ por
barril. Sin embargo los americanos no han recurrido a estos medios.
¿Qué es lo que buscan los EUA con esta agresión? ¿Acaso simplemente el
derrocamiento de Saddam?. De todos es sabido que sus servicios secretos, en
muchos casos se han dedicado a eliminar sin contemplaciones a los políticos
molestos y a organizar golpes militares en otros países. ¿Qué sentido tiene
indignar a todo el mundo, pudiendo hacerlo sin mancharse las manos?.
Fue precisamente así como se provocaron dos guerras mundiales que arruinaron al
Viejo Mundo y enriquecieron fabulosamente a los EE.UU.
Un rayo de luz sobre los objetivos FUNDAMENTALES de esta aventura americana, lo
puede verter el análisis de las leyes que rigen a largo plazo el desarrollo de
la economía mundial. La dinámica de los principales indicadores nos demuestra
que la economía mundial está entrando en una de sus cíclicas crisis
estructurales. La desaceleración en los tiempos de crecimiento económico en
los países más industrializados, la caída de los beneficios y el sobrante de
recursos financieros dan fe del agotamiento de las posibilidades de ampliación
de la producción en sus direcciones tradicionales.
Es aquí donde debemos buscar los motivos reales de la agresión. En esta, al
igual que en guerras anteriores, los EE.UU. están resolviendo una tarea de
vital importancia estratégica para ellos, consistente en el mantenimiento del
monopolio de emisión de divisa mundial.
Comenzando desde el 71, cuando el gobierno americano se negó a la conversión
de dólares por oro, obligaron a todo el mundo a utilizar su moneda nacional en
calidad de divisa internacional. No solo comenzaron a apropiarse de la ganancia
de emisión, sino que pusieron en circulación el 80% de su masa monetaria en dólares
como seguro de sus propias obligaciones estatales. Esto explica que se puedan
permitir todo tipo de campañas militares, por costosas que estas sean, y
mantener a todo el mundo atemorizado.
La emisión incontrolada de billete verde acabó formando una pirámide
financiera mundial. Únicamente 4% de la masa monetaria de los EUA está
respaldada por sus reservas de divisa oro.
Bastaría con que alguien comenzase a lanzar de forma masiva dólares para que
se pudiera dar la destrucción, a modo de avalancha, del sistema monetario
internacional, acabando con el liderazgo económico americano. Saldría a
relucir la deuda de más de 30 billones de dólares de los EUA ante el resto del
mundo.
Para mantener la estabilidad del dólar, los EE.UU. necesitan generar una
demanda constante.
Pero en este proceso de inmersión de la economía mundial en una depresión
estructural, se reduce la demanda general de crédito y al mercado financiero le
dan escalofríos. En los últimos 4 años las perdidas conjuntas en el mercado
americano de fondos, han superado los 7 billones de dólares. El proceso de
formación de la nueva estructura tecnológica asegura la demanda creciente de
créditos. Pero hasta que la recomposición estructural coja ritmo, los EUA
necesitan por todos los medios estimular la demanda de dólares y bloquear los
intentos de emisión.
Organizando la guerra en Yugoslavia, Los EUA desestabilizaron la situación económica
y política en la Unión Europea. La estabilidad del euro se vio así
temporalmente socavada y los planes de ampliar la esfera de circulación de esta
divisa, congelados.
Así se vio frenada la iniciativa de Bruselas de adoptar el euro como moneda par
las transacciones comerciales con Rusia. Los países europeos se siguen viendo
obligados a mantener una parte importante de sus reservas en dólares.
Bajo la excusa de la "cruzada" contra el terrorismo internacional, los
EUA han conseguido que se congelen grandes activos en dólares pertenecientes a
organizaciones y particulares de los países árabes.
Reforzando su influencia geopolítica, valiéndose de la escalada de la tensión
internacional, los EUA han bloqueado las iniciativas de los países asiáticos
de crear un nuevo fondo monetario en sus divisas nacionales.
El embate de los precios sobre el petróleo provocado por los americanos, unos
precios que se fijan en dólares, ha servido para controlar durante un tiempo la
masa sobrante de dólares.
Finalmente, la guerra en Iraq le ha dado a los EE.UU. un instrumento más para
contrarrestar los intentos de emisión de dólares: la congelación de cuentas
bancarias de países enteros.
De esta manera, los EUA actúan de un modo completamente lógico. Les es
extremadamente vital conservar el derecho de emisión de divisa, con el fin de
llevar a cabo la modernización de su economía, a expensas del resto del mundo.
Cualquiera que ponga en duda la conveniencia de la utilización del dólar
como divisa mundial o le cierre sus mercados, representa una amenaza para sus
intereses nacionales. Y que nadie dude que los EUA defenderán sus
intereses.
Evidentemente, esta marcha de los acontecimientos es potencialmente peligrosa
para Rusia y otros estados. El volumen de la pirámide de dólares no cubiertos
es tal, que cada año la posibilidad de su desplome repentino aumenta.
De un día para otro, todo aquel que maneje dólares, perdería una parte
importante de sus ahorros, sino todo.
Si la comunidad internacional quiere frenar al agresor y asegurarse frente a la
constante tensión, alentada por los EUA, desencadenante de guerras regionales,
necesitará abandonar el dólar como divisa mundial. Para esto bastaría con que
se pusieran de acuerdo los Bancos Centrales de los países interesados. El
precio a pagar serían las perdidas de los detentores de dólares y la
desestabilización del actual sistema financiero internacional.
La comunidad internacional necesitaría introducir con urgencia un nuevo sistema
de cálculo monetario e introducir una nueva divisa mundial.
En cualquier caso Rusia debe librarse de la dependencia del dólar, disminuir
radicalmente la parte de los activos en dólares de sus reservas de divisas.
Acordar con la UE, los países de la CEI (países de la ex URSS) y China, la
utilización de sus divisas nacionales en sus operaciones comerciales, y
conseguir la convertibilidad del rublo.
Si a esto añadimos una política de emisión nacional, devolviendo al estado
los ingresos por renta para destinarlos al desarrollo y crear las condiciones
necesarias para lograr el crecimiento de los nuevos sectores productivos, con la
incorporación de las nuevas tecnologías, Rusia podrá recuperar un lugar
honroso entre los líderes mundiales.
Me gustaría creer que la razón se acabará imponiendo, y el elector ruso dará
su apoyo a las fuerzas que de verdad defienden nuestros intereses nacionales.
Solo así tendremos la posibilidad de sustituir el actual gobierno de
incompetentes por auténticos profesionales, capaces de lograr el milagro económico
para el país y no para unas pocas familias investidas de poder.
*Economista y diputado de la Duma (parlamento ruso)