Invasión Estadounidense de Irak: Guerra de Pega y Resistencia Popular
James Petras
Las
explicaciones de la invasión estadounidense de Irak están cubiertas de
mentiras y distorsiones, que magnifican los éxitos del mando militar de EEUU.
La historia de una victoria rápida, con un número mínimo de bajas, es aducida
como ilustrativa del superior poder militar estadounidense, del genio de los
estrategas del Pentágono y del derrumbe de la moral militar entre las fuerzas
iraquíes al enfrentarse a una fuerza militar superior y a la inevitabilidad de
una victoria militar estadounidense. A pesar de la amplia circulación de estas
explicaciones en todos los medios de comunicación y su virtual aceptación por
parte de los escritores de todas las tendencias políticas, hay varias preguntas
importantes sin contestar: ¿Por qué no fueron utilizados aviones iraquíes
para atacar los puestos de mando estadounidenses en Kuwait y los navíos
estadounidenses (que estaban) a pocos minutos de distancia? ¿Por qué dejaron
prácticamente abandonada militarmente a Bagdad? ¿Por qué ha habido más bajas
militares estadounidenses "después de la guerra" que antes? ¿Por qué
la resistencia y la moral de lucha de los iraquíes no han disminuido bajo la
ocupación militar por tropas estadounidenses?
Estas
y otras preguntas llevan a una cuestión más profunda - ¿Fue el 'contrato'
militar entre las fuerzas invasoras estadounidenses y el gobierno iraquí
realmente una 'guerra'? Más de 30.000 soldados iraquíes y ocho mil civiles
fueron matados y muchos miles más heridos. Esto significa que hubo un ataque
estadounidense muy violento contra ciudades iraquíes e instalaciones militares.
Una invasión militar e incluso una ocupación no necesariamente significan que
se libró una guerra. No quiero decir que no hubiera focos de resistencia,
algunos de ellos bastante decididos, pero lo que está claro es que ciudades
estratégicas, ciudades petroleras del Norte, Bagdad la capital, en el centro y
las ciudades petroleras de las zonas fronterizas del sur, fueron conquistadas
sin encontrar ninguna resistencia de importancia, a pesar de los enormes
escondrijos de armas, un gran ejército permanente y guerrilleros irregulares
armados.
La idea de 'guerra' implica conflicto entre dos ejércitos, lo que en gran parte no ocurrió. Es verdad que EEUU actuó como si hubiera una guerra - bombardearon, mutilaron, masacraron y sus fuerzas de tierra y armamentos móviles conquistaron Irak… pero nunca entraron en combate. Una guerra peculiar con una parte bombardeando y conquistando y la otra parte… implicándose al mínimo. A medida que las horas se convirtieron en días y fuerzas de EEUU fueron arrollando sin esfuerzo, militares estadounidenses sacaron a la luz dos explicaciones, ambas a beneficio suyo y ambas extensamente diseminadas por los medios de comunicación. La primera fue que los ataques aéreos habían "devastado" al ejército iraquí tanto física como psicológicamente y por eso "se retiraron", abandonando sus puestos o rindiéndose. Esta "explicación" suscita aún más preguntas: Si "se retiraron" ¿a dónde fueron, si en ningún momento hubo una "última posición" - una posición concentrada de resistencia de masas? Si abandonaran el ejército, ¿cómo fue que sus comandantes y oficiales militares permitieron que sucediera tal cosa? La responsabilidad de la disciplina, orden y reagrupamiento de un ejército recae en el mando militar - ¿cual fue su papel? En tercer lugar, menos del 5% del ejército Iraquí resultó incapacitado, al menos físicamente, ¿por qué no siguió combatiendo el restante 95% de las fuerzas armadas?
Cuando
los racistas, neo-conservadores y lumbreras sionistas y académicos hacen sus
frecuentes e ignorantes incursiones en la "Mente Árabe", expresan
abierto desprecio por la carencia de disciplina de los "Árabes", su
capacidad para luchar y su capacidad para hacer frente a un adversario democrático
decidido como Israel y EEUU. Usan estos clichés imperialistas genéricos para
"explicar" cada éxito militar, y justificar futuras invasiones
militares. Esta "explicación" omite hablar de los ataques ejecutados
a diario por la resistencia iraquí contra el ejército de ocupación
estadounidense "después" de terminada la guerra. Además esta opinión
racista sobre los "Árabes" especialmente por parte de los sionistas
del Pentágono es la responsable de los mayores "errores de cálculo"
estadounidenses respecto a la guerra: la equivocada noción de que los iraquíes
se doblegarían ante la ocupación estadounidense, que habría poca resistencia,
y que la "calle árabe" podría ser intimidada mediante las 'grandes
bombas' (según Kagan)
La
mayoría de las tropas iraquíes no se rindieron - muchos de los iraquíes
hechos prisioneros lo fueron después de la guerra. El mando estadounidense y
británico informó acerca de sólo unos miles de prisioneros militares. La
mayor parte de las armas militares iraquíes no se rindieron porque los
portadores de las mismas no las entregaron. EEUU no desarmó al ejército Iraquí
porque nunca lo capturaron para desarmarlo - como normalmente ocurre cuando un
ejército victorioso captura tropas enemigas.
La
invasión militar estadounidense de Irak resultó ser una guerra de pega, donde
EEUU fingió enfrentarse en combate contra un enemigo, cuando de hecho ocupó
violentamente el país con un mínimo de resistencia. EEUU no ganó una guerra,
como declaran sus líderes políticos y militares, los generales Iraquíes y
algunos de sus políticos clave les entregaron el país.
EEUU
ocupó Irak rápidamente debido al comportamiento traidor de sus comandantes
militares. El comportamiento de sus líderes políticos promoviendo la guerra -
en particular en relación con Naciones Unidas también minó severamente las
defensas iraquíes. Sin mando, estrategia o dirección, las fuerzas armadas
Iraquíes apenas combatieron el avance militar estadounidense. Además los
tratos secretos entre generales Iraquíes y EEUU, les proporcionaron una huida
segura a cambio de desmovilizar las fuerzas Iraquíes en particular en Bagdad y
otras ciudades y preservar los yacimientos petrolíferos para su explotación
por EEUU. Las fuerzas armadas Iraquíes no fueron derrotadas en combate, pero su
capacidad de resistir la primera fase de la invasión fue minada.
Posteriormente
sin el mando general traidor y habiendo sido desahuciados por el segundo virrey
estadounidense (Bremer), muchos de los ex-soldados se transformaron en
resistencia anticolonial, que a diario ejecuta docenas de operaciones de combate
contra las fuerzas armadas estadounidenses.
Contrariamente
a lo que dijo Bush, la guerra estadounidense-iraquí comenzó, no terminó,
el 1 de mayo de 2003. Por primera vez el pueblo iraquí no estaba dirigido por líderes
conciliatorios que permitieron a Naciones Unidas inspeccionar, desarmar e
informar sobre las defensas iraquíes, proporcionando así inteligencia estratégica
vital y apoyo a los preparativos de guerra estadounidenses y británicos. La
resistencia anticolonial iraquí representa una nueva y más eficaz configuración
de adversarios militares contra el imperio estadounidense, y es capaz de una
guerra popular prolongada, lo que resultaba inconcebible bajo Saddam Hussein y
sus mandos militares.
Para
entender el brote de la verdadera guerra estadounidense-iraquí es útil revisar
el proceso que condujo a ella.
A lo largo de los años 1990 el régimen iraquí adoptó una política conciliatoria hacia EEUU. A pesar la propaganda del gobierno estadounidense y los medios de comunicación sobre la "no-cooperación", la "intransigencia" de Saddam Hussein y sus armas secretas de destrucción masiva, el régimen de hecho se sometió a las misiones de Naciones Unidas de busca y destrucción en todas las principales instalaciones militares, fábricas de armas e instalaciones científicas. Bajo la dirección del Secretario General designado por EEUU, Kofi Annan, los inspectores de Naciones Unidas que incluyeron a Richard Butler y otros que estaban trabajando con y para la CIA, entregaron a la inteligencia estadounidense datos estratégicos sobre la posición de objetivos militares y capacidad iraquí. Además, proporcionaron información obtenida en entrevistas con científicos, generales y funcionarios políticos, sobre su grado de compromiso con el régimen y las probables reacciones ante un futuro ataque estadounidense. En el transcurso de la década, los equipos de inspección de Naciones Unidas y sus colegas de la Agencia Internacional de Energía Atómica dirigida por otro cliente designado por EEUU, El Baradei, destruyeron totalmente todo sistema de armas concebible que pudiera haber defendido a Irak e infligido bajas a un ejército invasor estadounidense. El bombardeo constante e impune de Irak por parte de la fuerza aérea y mísiles estadounidenses y británicos durante la década da fe del éxito del programa de desarme unilateral de los inspectores de Naciones Unidas. Las Naciones Unidas hicieron cumplir las sanciones económicas dictadas por EEUU que mataron a más de un millón de iraquíes, incluidos más de 500.000 niños, debilitando aún más la capacidad defensiva de Irak. En la parte norte de Irak, EEUU creó un protectorado colonial, armando y protegiendo a sus señores de la guerra Kurdos. Aunque el régimen iraquí protestó enérgicamente por las constantes violaciones de su soberanía, la división del país, los bombardeos de terror de los EEUU y el desarme, por parte de EEUU/ONU, en última instancia se sometió en cada punto.
El
régimen iraquí creyó que su franqueza política aminoraría su vulnerabilidad
militar, esperando que cada concesión lograría el levantamiento de las
sanciones económicas. De hecho, sucedió lo contrario, cada concesión aumentó
la presión estadounidense, porque Washington las interpretó como signos de
debilidad y como una brecha para conseguir el control total del estado Iraquí y
sus yacimientos petrolíferos por medio de un régimen cliente. El régimen
dictatorial debilitó todavía más la capacidad defensiva de Irak al proscribir
la emergencia de las bases de movimientos populares antiimperialistas,
excluyendo las iniciativas independientes locales, controlando todas las
decisiones a través de un círculo muy reducido de leales a Saddam y generales
de cuestionables compromisos y capacidad. La emergencia de los movimientos
antiimperialistas de masas y la resistencia militar tendrían que esperar a la
caída de la dictadura de Saddam y el desmantelamiento del mando militar
subsiguiente a la invasión estadounidense.
Las
cámaras de televisión de los reporteros empotrados destacaron las explosiones
de bombas y mísiles, la quema de tanques iraquíes, y el avance de las tropas
británicas y estadounidenses. Casi todos los reporteros asesinados eran
periodistas y fotógrafos independientes no-estadounidenses, que fueron matados
por militares estadounidenses, no por fuego Iraquí. Los medios de comunicación
recogieron la dispersa resistencia, la captura de docenas de prisioneros y sobre
todo las ruedas de prensa de los generales de salón que dirigían la invasión
desde el cuartel general de Florida. A medida que avanzaron las fuerzas
angloamericanas, la resistencia principal fue ofrecida por pequeñas unidades en
los pueblos y en la ciudad de Basora, y estaba en gran parte formada por
destacamentos iraquíes bajo mando local y fedayines Baazistas. Para apuntalar
la imaginería de una guerra a gran escala y por supuesto hinchar los logros
militares de los generales, cada escaramuza fue magnificada y se dió una
importancia exagerada a cada cruce de fuego. A medida que la máquina de guerra
estadounidense avanzaba con poca oposición militar, los medios de comunicación
y los oficiales militares le atribuyeron un poder formidable, el consumado
esplendor de la estrategia militar de Rumsfeld, la perspicacia de los planes de
guerra de Wolfowitz y el absoluto espectáculo del poder de la pandilla de
militaristas-sionistas (Kagan, Perle, Kristol, Cohen, Adelman, Feith, y Pipes).
En algún momento, un periodista no empotrado advertía inoportunamente que tal
vez el rápido avance militar estadounidense tuviera algo que ver con el hecho
de que el "otro lado" no estaba luchando con mucha fuerza, que los
EEUU no habían encontrado el grueso del ejército iraquí, que no fue lanzado
ningún misil iraquí de corto alcance y que no había atacado ningún avión
suicida.
"Pasará en la próxima oportunidad," decían los generales y los medios de comunicación lo adornaban. Después "sus militares no estaban preparados," dijo otro estratega de Washington (¡cómo si la acumulación de tropas estadounidenses y el anunciado ataque militar, con seis meses de adelanto, fuera el ataque más secreto de la historia militar moderna!). Luego un genio militar sumamente bien situado declaró solemnemente, "aprendieron en la última guerra del Golfo que serían masacrados con una guerra en el desierto. Se han retirado a las ciudades. Están concentrando sus tropas y armamento en Bagdad para la resistencia última."
Otra
vez más los medios de comunicación tomaron nota y lo titularon "la
Batalla de Bagdad" y repicaron tambores sobre la próxima gran batalla.
Todos los días y a todas horas, los periodistas empotrados contaban los kilómetros
para la Batalla Final, especulaban sobre cuantos miles de soldados entrarían en
combate, víctimas potenciales, cómo libraría EEUU los combates "casa por
casa" y la "lucha en las calles". En las afueras de Bagdad, había
fuego de francotiradores, algún fuego ligero de ametralladora y por supuesto el
bombardeo estadounidense de la ciudad, barrios pobres, mercados y hospitales.
Miles de civiles resultaron mutilados o muertos, pero de esto no se informó. Se
produjo algún tiroteo disperso en el aeropuerto que fue pregonado por los
medios de comunicación como una importante batalla aún cuando los transportes
acorazados estadounidenses ocuparon en unas horas las instalaciones (donde
varios soldados estadounidenses se produjeron lesiones al irrumpir en los
departamentos de licores de las tiendas libres de impuestos). En un corto
intervalo de tiempo, las tropas estadounidenses, vehículos acorazados y helicópteros
entraron en Bagdad y no hubo prácticamente ninguna resistencia en una ciudad de
6 millones de habitantes. La resonancia de cada tiro fue amplificada por los
medios de comunicación para dar la impresión de un importante y exitoso
combate. Los principales edificios militares, de inteligencia, y del petróleo
fueron tomados intactos. Las tropas estadounidenses tomaron los Ministerios de
Defensa y del Petróleo, pero se negaron a enfrentarse con la muchedumbre de vándalos
que estaban saqueando las principales instituciones civiles. Tendremos que
esperar por un veredicto final que aclare si las tropas estadounidenses se
negaron a intervenir por miedo o por complicidad con los vándalos. Impidieron
la intervención de la policía armada iraquí y hasta dispararon contra los
ciudadanos que trataban de luchar contra los saqueadores.
No hubo ninguna hazaña, ninguna derrota de Estalingrado, ninguna gran batalla, por lo tanto ninguna gran victoria. Ésta tuvo que inventarse.
El
emblema de esta guerra de pega fue el "rescate" de la soldado Jessica
Lynch, una soldado estadounidense con heridas serias a consecuencia de un
accidente de automóvil, que fue capturada y tratada en un hospital iraquí.
Durante su hospitalización, le dieron tratamiento médico de prioridad. Incluso
las enfermeras donaron sangre para sus transfusiones. Sin embargo en la búsqueda
de hazañas, EEUU inventó la historia de una valiente soldado Jessica, la
guerrera adolescente, que luchó y mató a un escuadrón de iraquíes, fue
llevada bajo guardia a un hospital por abusivos soldados y liberada de sus sádicos
captores por un grupo de comandos estadounidenses que lucharon abriéndose paso
hasta el hospital, redujeron a las enfermeras y sacaron a la soldado Jessie
hacia un lugar seguro. Dispararon contra el hospital y lo destrozaron, los médicos,
las enfermeras e incluso los enfermos fueron aterrorizados, esposados, algunos
encapuchados y llevados lejos. No había ningún soldado iraquí en el hospital,
ninguna resistencia armada, sólo pacientes y personal médico que había
salvado la vida de un prisionero enemigo seriamente herido. Lynch, que nunca había
pegado un tiro, presentaba fracturas y heridas consecuencia de un accidente con
su vehículo y no las heridas de bala y apuñalamiento relatadas por la
atolondrada prensa. El fraude se desenredó silenciosamente mientras los
editoriales borboteaban sobre las habilidades combativas de las mujeres soldado
estadounidenses. Lynch, por su parte, declaró sufrir amnesia, fue
honorablemente rebajada de servicio y ahora va tras un contrato de 1 millón de
dólares por un libro con un escritor “negro” (no está mal para una
amnesia). La guerra iraquí fue solamente la escritura ampliada de la historia
de Jessie Lynch.
La
explicación de la desaparición de los 250.000 de la consistente Guardia
Republicana de élite, el impedido vuelo de 500 aviones militares iraquíes, el
almacenaje de depósitos de mísiles antitanque, morteros y toneladas de armas
pesadas y ligeras y transportes acorazados, es que se consumó un pacto secreto
entre el Pentágono y los generales iraquíes. No puede darse ninguna otra
explicación sobre el hecho de que los tanques estadounidenses pasaron prácticamente
sin impedimentos a lo largo de carreteras modernas, por qué los tanques y
tropas pudieron cruzar los puentes de Bagdad que estaban minados pero no fueron
volados y por qué miles de soldados estadounidenses estaban cabizbajos en el
centro de Bagdad con tan solo fuego de francotiradores ocasional. Mucha mayor
resistencia se produjo en Basora, An Nassariya, Kerbala, An Najaf que no estaban
bajo el mando central de los generales iraquíes o los altos escalones de la
Guardia Republicana. Entrevistas con soldados iraquíes de la tropa que estaba
en el aeropuerto informaron de que se produjo un breve intercambio de fuego
seguido por órdenes de retirada total.
El
pacto sereto aprobado por el Pentágono ofreció transporte y salvoconducto a
los altos mandos de la Guardia Republicana y sus familias a Estados Unidos u
otras zonas seguras además de importantes sumas de dinero. A los que eligieron
ir a EEUU les garantizaron permiso de residencia y posible ciudadanía. A los
oficiales de grado inferior les prometieron altos cargos en el reestructurado ejército
iraquí que iba a ser organizado por la ocupación estadounidense. A cambio, los
generales desertores y comandantes principales desmontaron las defensas,
desmovilizaron las tropas y silenciosamente rindieron Bagdad. Proporcionaron
información militar detallada sobre la ubicación de los focos de resistencia
militar y la localización de Saddam Hussein, miembros de su familia y 'leales'
que no estaban en el 'ajo'.
Dada
la estructura de mando centralizada, las órdenes de virtual rendición fueron
cumplidas en línea descendente - excepto en los destacamentos locales que
ofrecieron resistencia. Los soldados abandonados con armas, en algunos casos, se
unieron a los saqueadores o alborotadores, ya fuera por lucro personal o para
expresar su ultraje ante la traición.
El
abandono de las estructuras de mando al principio creó desmoralización y flujo
a los focos locales de resistencia que luego se reagruparon en redes de
resistencia guerrillera. El primer virrey estadounidense Garner, conocedor del
"trato" y procurando crear la transferencia ordenada del poder a sus
manos, propuso reorganizar las Fuerzas Armadas reincorporando una parte
sustancial del viejo ejército a la tutela militar estadounidense. Este programa
se encontró con el fuego pesado de los intransigentes sionistas del Pentágono
que buscaban destruir por completo el ejército iraquí y convertir el país en
feudos etno-religiosos controlados por militares estadounidenses para conseguir
que Israel tuviera supremacía absoluta en el Oriente Medio y un régimen iraquí
dispuesto a establecer relaciones con el estado judío (una versión iraquí de
la dictadura Hashemita Jordana). Cuando Bremer sustituyó a Garner procedió a
implementar la línea Wolfowitz-Feith – abolió entero el fuerte ejército
iraquí de 500.000, incrementando con ello el número de parados armados, haciéndoles
accesibles al mensaje de los núcleos originales de resistentes militares que
habían surgido después de la deserción de los generales. La incorporación de
especialistas militares en minas, explosivos y guerra táctica aumentó
enormemente la capacidad de la recién formada resistencia clandestina para
combatir a las tropas estadounidenses en múltiples ataques diarios. La
concentración de los EEUU sobre el control militar, la extracción de petróleo,
y la subcontratación política de la reconstrucción de la infraestructura
iraquí condujo a prolongadas demoras y en última instancia al fracaso en
restablecer los servicios básicos para 25 millones de iraquíes, creando un mar
de hostilidad hacia la ocupación estadounidense y una nueva oleada de reclutas
y simpatizantes de la floreciente resistencia guerrillera. Conforme la
resistencia demostró su eficacia nuevos luchadores internacionalistas se
unieron desde países vecinos musulmanes y árabes.
El
asombroso éxito de la guerrilla puede medirse de varios modos: la capacidad
para realizar docenas de acciones militares diarias, de manera sostenida, y en
una gran variedad de regiones del país; su éxito en la lucha relámpago que
maximiza las bajas estadounidenses y reduce al mínimo las pérdidas; su
eficacia en el minado de los proyectos del oleoducto colonial cambiando así la
culpa popular sobre los ocupantes; su eficacia en la expulsión de los
auxiliares coloniales en Naciones Unidas, Banco Mundial, Fondo Monetario
Internacional y muchas ONG - que podrían haber hecho incursiones para cooptar
colaboradores locales, en particular entre los profesionales de élite en paro y
los subcontratistas locales. Lo más importante de su lucha es la noción de que
no puede emprenderse ninguna reconstrucción antes de que se acabe el dominio
colonial; la "reconstrucción bajo dominio colonial" sólo perpetuará
los nuevos gobernantes y enriquecerá a las multinacionales que tomarán el
control de las empresas públicas iraquíes, petróleo, electricidad, agua y
otras infraestructuras básicas, establecerá enormes bases militares
permanentes estadounidenses y minará la unidad del país.
La
tentativa estadounidense de "dar marcha atrás al reloj" a un período
anterior de invasiones coloniales y gobierno directo fue una noción extraña
impuesta a los imperialistas de la Administración Bush por los extremistas
funcionarios sionistas y militaristas. Su objetivo no era seguir tácticas
flexibles para crear un nuevo estado cliente, sinó destruir Irak, ahora y para
el futuro, como potencial alternativa al poder israelí en Oriente Medio.
Obligaron a la destrucción total del estado para convertir a Irak en una economía
de subsistencia, forzando a la emigración del Oriente Medio a millones de
trabajadores y profesionales cualificados. Demandaban un régimen presidido por
militares estadounidenses y una colección de clientes del exilio obligados
hacia sus patrocinadores sionistas del Pentágono. Ahmed Chalabi es el ejemplo
principal.
Por
consiguiente, la política de gobernar y arruinar ha tenido el efecto de
aumentar las fuerzas de resistencia armada, provocando la oposición
anticolonial de la aplastante mayoría y minando los esfuerzos del régimen de
Bush por desenredarse de Irak "internacionalizando" su gobierno
colonial con soldados mercenarios de Paquistán, India, Bangla Desh y Europa
Oriental.
La pandilla S (sionista) dirigida por Wolfowitz ahora admite haber "subestimado" el problema de la post-invasión de Irak. De hecho su obsesión principal de defender Israel a toda costa – incluso con aumento de bajas estadounidenses – estaba tras el plan de destruir el ejército iraquí y creer que el poder militar haría agacharse a "los árabes" en eterna sumisión. Los "errores" fueron construidos sobre el anacrónico modelo original israelí de colonización y puño de hierro - que la pandilla de S tiene en gran estima y que elaboraron algunos de ellos (Perle y Feith) en su informe para Netanyahu en 1996.
Ahora
los EEUU están embebidos en una guerra colonial que, la historia nos enseña no
pueden ganar. En EEUU entre algunos Demócratas "liberales" (Kerry) y
Republicanos (McCain) hay peticiones para que se aumente el número de tropas de
ocupación colonial. Otros liberales y conservadores proponen
"internacionalizar" la guerra, compartiendo alguna autoridad con unas
Naciones Unidas flexibles, para traer a 40-50.000 tropas hindúes y Musulmanas
del Sur Asia. La camarilla de Bush teme que un mayor despliegue de tropas le
cueste la elección; Rumsfeld quiere más tropas extranjeras pero sin ceder
ningunos poderes o un monopolio digamos sobre la asignación de contratos, la
estrategia militar y la extracción de petróleo. El régimen de Bush y sus
amplificadores en los medios de comunicación siguen reciclando la noción de
que la resistencia la forman simplemente "extranjeros", "agentes
de Al Qaeda", "remanentes de los seguidores de Saddam Hussein" (o
el Partido Baaz) - en otras palabras, fuerzas marginales e insignificantes que
serán eliminadas en breve a medida que las fuerzas estadounidenses peinen las
ciudades, pueblos, barrios, ayudados por una red de informadores y policía
colonial iraquí."
Estas
son ilusiones coloniales, necesarias para conservar el apoyo público en vista
del rápido deterioro de la situación. EEUU aún no ha aceptado que lo que
precedió al 1 de mayo fue una guerra de pega, una guerra mediática que fue
ganada por un pacto secreto de la élite, un trato que permitió a EEUU
conquistar Irak y dejó fuera a 25 millones de personas.
La nueva guerra lleva ahora cinco meses - y EEUU no ha hecho progresos en cuanto a la disminución de los ataques, ni ha capturado posiciones estratégicas, porque no hay ninguna - la resistencia está por todas partes. Para la gran mayoría de iraquíes el objetivo político estratégico es la retirada estadounidense de Irak y la disolución del "régimen interino" cliente iraquí. La nueva guerra la libra una fuerza guerrillera sumamente motivada, que no está dirigida desde arriba y desde lejos por corruptos generales de salón ni está amenazada por un gobernante déspota. La forman miles de antiguos soldados, incluidos muchos especialistas militares. La forman cientos de miles de paisanos hartos de humillaciones diarias, incursiones de medianoche reventando puertas y del abuso de sus mujeres e hijas, que han tomado el fusil o proporcionan inteligencia o apoyo logístico a los luchadores. La forman millones de trabajadores en paro y empobrecidos, agricultores y profesionales que no tienen ningún futuro bajo el dominio colonial estadounidense.
Como informa un periodista del Financial Times, "puede que pronto los mandos estadounidenses tengan que afrontar el hecho de que se enfrentan a la rebelión de una región entera de Irak, el Centro Sunni". Prosigue para citar a un miembro iraquí de la milicia apoyada por EEUU (Fuerza de Protección de Falluja o FPF), "la ciudad entera rechaza la ocupación americana… los muyahidin son habitantes de la ciudad …" Concluyó que, "parece (sic) haber un modelo de venganza contra las tácticas agresivas usadas por la coalición (sic) en Fallujah y en otras partes." Cita a un capitán de las FPF que declaró que la resistencia comenzó a principios de mayo después que las fuerzas estadounidenses masacraron a 15 manifestantes pacíficos, mataron a una niña pequeña y a varios otros civiles." (Financial Times, el 25 septiembre 2003 p.6)
Unos
cuantos mullahs cooptados, un par de cientos de exiliados colonizados importados
y unos miles de policías no tienen ninguna posibilidad contra la rebelión que
bulle en las masas de iraquíes que ven cada acto violento directamente
relacionado con la presencia del mando militar estadounidense. Toda la
propaganda de los medios de comunicación estadounidenses destinada a los iraquíes
no cambia la miseria absoluta de su vida diaria, la humillación de los
constantes insultos y amenazas que les lanzan en las calles, en los mercados y
la arrogante sumisión forzada de los sospechosos capturados encapuchados y
empujados al suelo, con una bota sobre sus cuellos, un arma apuntando a su
cabeza, bajo las luces de búsqueda de los vehículos acorazados y helicópteros.
Estas "ayudas visuales", rutinas de gobierno colonial, han liberado un
odio razonado que sólo ahora se ha unido a la guerra contra el imperialismo.
Todavía se harán tratos pero beneficiarán sólo a unos cuantos – ya no existe un mando central para ejecutar órdenes o ejecutar a los sujetos desobedientes. Hay traidores e informadores, pero sus vecinos y colegas los conocen y son tratados en el contexto de la resistencia anticolonial. No hay frentes de batalla - está por todas partes, hay minas en las carreteras porque las plantaron y detonaron comandos locales; no hay ninguna 'Batalla de Bagdad ' - habrá mil y una batallas en Bagdad - en cada camino, callejón, bloque de apartamentos y plaza del mercado. No hay ninguna familia de la élite que sea el objetivo, ningún líder que matar al terminar la guerra; hay millones de familias y miles de líderes. Esta es una nueva guerra. Rumsfeld y Wolfowitz mejor que se preparen para una guerra prolongada, invencible, con bajas diarias que con el tiempo les llevarán a retirarse de la política. Recuerden a LBJ, recuerden Vietnam. Numerosas bajas significan que el gigante durmiente al fin se despertará.
Traducido para Rebelión por Marina Trillo