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La
izquierda: geografía e historia
Luis
Arias Argüelles-Meres.
Excelente
el artículo publicado en LA OPINIÓN por Adrián Fernández
Martín. Es de esas intervenciones polémicas y
valientes que dan paso a discusiones fértiles. Para
empezar, ataca un tópico. Para seguir, recupera
conceptos históricos que han venido siendo
intencionadamente sepultados. En efecto, se puede ser
español y de izquierdas. Parece una perogrullada decir
esto, pero se vuelve necesario en la medida en que se
consiguió algo pernicioso, como que el franquismo y
España fueran términos identificables. Mucha geografía
para tan exigua y miserable historia.
Tiene
razón don Adrián. La expresión Estado español se
utiliza a partir del llamado Estado de Burgos en 1936.
Por cierto, si se lee la mejor biografía de cuantas se
publicaron sobre Azaña, la de Cipriano Rivas Cherif,
podrá comprobarse que no le gusta nada a don Manuel lo
de Estado español. Hubo un tiempo en que se hizo toda
una metafísica de España desde la llamada Generación
del 98 hasta la generación de Azaña y Ortega. Fue este
último quien se preguntó, con cierta retórica
grandilocuente, aquello de ¿qué es España?. Américo
Castro indagó en ello y nos ofreció una obra, hoy casi
desconocida, realmente gigantesca para el caso que nos
ocupa.
El
franquismo se encargó de lograr con éxito la
identificación entre España y aquel régimen. El
problema está en que para gentes de mi generación la
bandera española tiene unas connotaciones de estanco y
de cuartel. Son los colores del Todo por la patria. Y
nos es muy difícil sentir eso que llaman patriotismo.
El problema es, en suma, que la guerra la ganó Franco,
y que cierta idea de España sigue siendo suya y de sus
herederos.
Por
supuesto que Azaña fue un gran patriota español, lo
que, por otra parte, no le impidió tener suficiente
amplitud de miras para abrir paso a una especie de
Estado Federal: Así se explica en el discurso
pronunciado en Barcelona el 26 de septiembre de 1932:
“La autonomía de Cataluña es consecuencia natural
de uno de los grandes principios políticos en que se
inspira la República, trasladado a la Constitución, o
sea, el reconocimiento de la personalidad de los pueblos
peninsulares”
Desde
luego que no se es más de izquierdas por ser más
nacionalista. El caso del PNV lo ejemplifica sin duda
alguna. Ya en su momento Unamuno (hablamos del 14 de
septiembre de 1891) denunció la inconsistente base del
ideario del fundador del PNV: “De la más pura
sangre de Aitor había nacido Lope de Zabalarestieta
Goicoerrotaeche, Arana y Aguirre, sin gota de sangre de
moros, ni de judíos, ni de godos, ni de maquetos.
Apoyaba su orgullo en esta nobleza tan casual y tan
barata” Desde luego que los partidos políticos
cercanos a ETA son racistas y fascistas. Nada tienen de
izquierdas. Lo que sucede es que esa izquierda por la
que clama don Adrián, según colijo, clamor al que me
vengo sumando desde hace años, la izquierda del
republicanismo español, tiene una concepción de España
no centralista y sí plural
Para
un asturiano, como yo, y, por tanto, español de la
periferia, sería muy deseable que determinados asuntos
se clarificasen. Recuerdo la polémica que generó el señor
Jiménez de Parga con sus declaraciones acerca de los
llamados territorios históricos, expresión
desafortunada donde las haya, porque es territorio histórico
todo aquel donde hayan habitado seres humanos. El
reconocimiento del idioma, de las tradiciones culturales
y de las instituciones de autogobierno allí donde sean
reivindicados es algo indiscutible, sin que nada de ello
supusiese ínfulas de superioridad de unos sobre otros,
o distintos tratamientos desde ámbitos estatales.
Ortega,
polemizando con Azaña, a propósito del Estatuto de
Cataluña, fue muy certero cuando dijo: “Yo
sostengo que el problema catalán, como todos los
parejos a él, que han existido y existen en otras
naciones, es un problema que no se puede resolver, que sólo
se puede conllevar”. No es posible la marcha atrás
en la historia, y la forja de España como nación
estuvo condicionada por inconveniencias a las que se
refirió en su momento Américo Castro: “La
angustia española de los subnacionalismos y los
separatismos no tendrá alivio mientras los capítulos
de agravios y dicterios no cedan el paso al examen
estricto de cómo y por qué fue lo acontecido. El
convivir de los individuos y las colectividades se basó
en Occidente en un almohadillo de cultura moral, científica
y práctica, pues en otro caso hay opresión y no
convivencia. Castilla no supo inundar de cultura de
ideas y cosas castellanas a Cataluña, como hizo Francia
con Provenza y luego con Borgoña”
Soy,
en efecto, español y de izquierdas. Si es cierto que la
patria es el idioma, me siento orgulloso de pertenecer a
la misma patria que Cervantes y Quevedo. Si es cierto,
como escribió Rilke, que mi patria es mi infancia, me
siento orgulloso de haber nacido en una tierra como
Asturias, isla en el sentir colectivo, en la que
clamaron las voces y los ecos de Jovellanos, Clarín y Pérez
de Ayala, en la que se cobijó la ironía fina de un
gallego como el Padre Feijoo.
El
problema, señor Fernández Martín, es que la España
con la que me identifico está en los cementerios y en
las fosas que de un tiempo a esta parte se vienen
descubriendo para mayor horror de los abanderados de la
desmemoria, el señor González Márquez, entre ellos.
Al tiempo que esto sucede, la España cañí sigue viva.
Por
lo demás, hay discursos nacionalistas horteras,
fascistas y racistas. Por lo demás, no sé muy bien cómo
puede recuperarse aquella España del cincel y
de la maza, de la rabia y de la idea. Pero le
aseguro a usted que sería fantástico arañar siquiera
esa sombra. En todo caso, le agradezco su artículo, da
frescor a la opinión publicada y es valiente y
oportuno. Yo también me siento un español de
izquierdas.
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