El Periódico
ESQUERRA,
EN CUERPO Y ALMA
FERRAN
Gallego
Profesor de Historia Contemporánea de la Universitat Autònoma de
Barcelona
• ERC
crece como movimiento transversal y sabe que sólo adquirirá
centralidad política huyendo de la condición de ingrediente
nacionalista de la izquierda o de condimento izquierdista del
nacionalismo
A estas alturas de la ronda, parece sensato
considerar quién ha sustantivado las elecciones del 16-N, mientras
otros siguen marcando el paso de los adjetivos. Y ninguno de los
numerosos triunfadores de la noche posee la calidad significativa del
resultado de Esquerra. Lo que importa del voto de ERC es, en principio,
su caudal: pero también su densidad. La exactitud numérica no siempre
se corresponde con la precisión del peso político y la medición de
los fluidos culturales. Lo que interesa es la forma en que el partido
independentista ha podido dar el tono de la noche electoral, con el que
han tratado de sintonizar ansiosamente todos los instrumentos de la
orquesta, menos uno. Y, aunque tal ajuste rítmico proceda del número
de votos, también obedece a saber quién se siente más cómodo con la
partitura.
ERC no levantó la tribuna, pero su argumento fue el que mejor se adaptó
a las condiciones escénicas en que la obra había de representarse. Al
manifestar todos los partidos, menos el PPC, que debía entrarse en una
fase de reforma estatutaria como condición previa a cualquier política
de progreso en Catalunya, ERC ha podido identificarse, como ninguna otra
fuerza, con el mensaje implícito que contenía este planteamiento: la
apertura de una nueva fase constituyente. Al hacerlo así, quebrantaba
lo que otros ya habían empezado a hacer: superar una dinámica del voto
que enfrentara a la izquierda y a la derecha, para establecer la
confrontación en un terreno que proporcionaba a su voto, al mismo
tiempo, coherencia y utilidad.
En el campo de conflicto definido en términos de soberanismo, ERC no
aparece como una fuerza "equidistante", sino como un
movimiento transversal. No es un centro político con puntos de encaje a
su derecha y a su izquierda, sino un espacio autónomo en el que
determinadas posiciones hoy yuxtapuestas pueden pasar a sintetizarse. Es
frecuente oír hablar de "las dos almas" de ERC, como si su
naturaleza se definiera por una doble deficiencia más que por una
duplicación de sus recursos. Pero Esquerra no es un "exceso"
de CiU ni la variable "patriótica" de la izquierda. Sabe que
sólo adquirirá centralidad política huyendo, precisamente, de esa
condición de ingrediente nacionalista de la izquierda o condimento
izquierdista del nacionalismo con que quiere interpretarse su lugar en
Catalunya. Tener la llave no se limita a sumar votos decisivos en una
coyuntura, sino que exige cambiar la lógica del proceso político, de
las adscripciones y de la posesión de espacios. Que nadie --y, en
especial, sus adversarios más obvios-- se equivoque en esto: ERC republicaniza
la reivindicación soberanista. Ha transmitido hasta zonas inéditas de
la sociología electoral nacionalista las vibraciones de un discurso
emotivo. Pero también la superación de la mera hipertrofia simbólica
con que se compensan los estados carenciales de ciertos regionalismos,
afirmando la defensa de un espacio que identifica la independencia
nacional con la ciudadanía. Aunque, como es obvio, para ERC esa nación
no es España, sino Catalunya. Y, por tanto, su hegemonía implica una
transformación institucional que debe constatarse, sin considerarlo un
simple recurso de negociación. En eso, desde luego, ERC no es CiU.
No se trata aquí de señalar lo que puede gustar a uno u otro analista,
sino de lo que pretende un partido al definir su espacio. El debate lo
han situado los demás en ese terreno favorable a Esquerra. Y, si ERC
puede afirmar una percepción republicana, cegar las sospechas de
exclusión, si se presenta como una reivindicación de soberanía
ciudadana haciéndola equivalente a la independencia de Catalunya,
convencerá en ámbitos sociales prohibidos al nacionalismo de CiU, como
ya ha empezado a demostrarse. Dejará de poder ser denunciada por sus
competidores como un ente esquizofrénico a la disposición de quienes,
al parecer, disponen de una inequívoca personalidad. Dejarán de achacársele
dos almas para presentarse en sociedad como un individuo completo. En
cuerpo y alma.