ESPAÑA, UN TERRITORIO SIN DEFINIR

 Juan Luis Utrilla

La vigente Constitución Española declara en su Articulo 2 lo siguiente: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.

De dicho Articulo 2 de la Constitución de 1.978, se desprenden varios interrogantes. Si tenemos en cuenta el concepto comúnmente admitido por autonomía, como la formula de compromiso para aquellas comunidades nacionales cuya reclamación supera la de descentralización administrativa, veremos el origen confuso de las mismas, así como su carácter de cortina de humo hacia las reivindicaciones nacionales de ciertas áreas geográficas del Estado Español. Por otro lado la Constitución de 1.978, no clarificas que autonomías son nacionalidades y cuales regiones. 

Pareciera que los Padres de la Patria quisieron distinguir, dentro del galimatías territorial que conforma el Estado Español, las naciones que lo componen - ya que él termino nacionalidad y nación son sinónimos -, y las regiones descentralizadas, y que a su vez, presiones externas hicieron dar un contenido de igual lectura a unas y otras, con el resultado de diecisiete autonomías, mas dos ciudades autónomas, que mas corresponderían a una descentralización a no ser por la existencia de diecisiete parlamentos, gobiernos y presidentes, banderas e himnos que justifican y adornan un hecho tan lógico como la descentralización de un Estado moderno y democrático. A su vez toda esta parafernalia queda anulada al poseer una cámara territorial -El Senado- totalmente inoperante. Pero el Estado no reconoce a esas autonomías de nacionalidades -naciones- y regiones, el derecho de la autodeterminación, derecho natural en aquellos estados de carácter plurinacional. 

Frecuentemente se tergiversa el significado de la palabra autodeterminación, queriendo convertirlo en independencia, cuando la autodeterminación de un pueblo es el reconocimiento de su propio estado que puede permanecer federado al Estado plurinacional primitivo -Estado Federal- o optar a permanecer unido o secesionarse del primitivo Estado, según la voluntad popular — Confederación - . Pero tenemos que tener en cuenta que una nación o pueblo, históricamente tiene derecho a su propia soberanía. Del propio ideario de la Revolución Francesa podemos entresacar este concepto “Cualquier nación tiene la legítima opción de constituir un Estado soberano, partiendo de la primacía de la soberanía nacional y de la libertad de los pueblos “. Por su parte la resolución 1514 de la ONU reconoce el derecho de los pueblos a la autodeterminación. Por último la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos (Argel, Julio de 1.976) dice en su Articulo 5: “ Todos los pueblos tienen derecho incuestionable e inalienable a la autodeterminación. Ellos han de determinar su estatuto político libremente y sin ningún tipo de injerencia exterior”. 

La realidad es que en España, habría que haber empezado por redefinir las provincias, en base a las comarcas, y mediante estas nuevas provincias, redefinir las regiones. Existen comarcas confusas al oeste de Asturias, El Bierzo en León, Treviño y la Rioja Alavesa en Álava, La Rioja Navarra y la clara diferenciación entre el norte y el sur de Navarra, el limite occidental de Aragón, el oeste y sur del País Valenciano, la provincia no manchega de Guadalajara, el norte y el sur de Cantabria, y las diferencias extremas entre algunas comarcas andaluzas y castellanas. Una vez delimitadas las regiones definir cuales son hechos diferenciales y cuales no, en base a una cultura común de origen castellano, y de estos hechos diferenciales — hechos diferenciales que van mas allá de la posesión de un idioma propio — distinguir las naciones federadas de las regiones autónomas. 

Al fin de cuentas, la Constitución vigente no ha sabido abordar un problema, que por más que lo disfracemos, sigue existiendo en el Estado Español. Lo que se pactó en su día con partidos nacionalistas dócilmente acatadores de la Constitución Monárquica, se ha quedado pequeño para muchas de las autonomías, y grande para el nacionalismo español emergente tintado de azul como aquella España no superada Una, Grande y Libre. Aquel medroso puzzle se hizo para satisfacer a unos y otros, y a la postre no satisfizo a nadie. Cierto es que en ciertos momentos de la vida, y mas en política, es necesario hacer eco de la poesía de Blas de Otero cuando nos advierte: . . .maldigo la poesía de quien no toma partido, partido hasta mancharse.”

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