DESPEDIDAS Y LLEGADAS
JOSE LUIS Corral *

El señor Aznar se ha despedido del Congreso de manera absolutamente impropia de un demócrata. Tras cuatro años de mayoría absoluta, este torvo señor, al que inexplicablemente algunos siguen considerando como "un buen político", ha perdido la oportunidad de abandonar el cargo con grandeza. Fiel a su talante huraño, maleducado y grosero, ha aplicado hasta el fin el esquema que ha repetido durante su mandato: ser inflexible con los débiles y servil con los poderosos, signo inequívoco de cobardía. Aznar se va, pero deja un país más desvertebrado y más insolidario de lo que lo encontró, y con una pesada herencia de desencuentros con la Europa a la que tanto nos costó llegar. Pero entre tanto, nos invaden de modo insoportable los preparativos de la boda real, una fiesta, vamos. Mientras la novia es presentada a esa entelequia llamada Consejo de la nobleza, una esperpéntica asociación donde sueñan con tiempos pasados una retahíla de duques, marqueses y condes de opereta bufa a los que se les da una cancha que ni tienen ni merecen, los voceros de la añoranza presentan la boda del príncipe y la plebeya divorciada como un signo de modernidad. En la Europa que se avecina, las monarquías que restan no tienen asignado ningún papel, lo que las convierte en meras anécdotas pintorescas, algo así como el relevo de la guardia del palacio presidencial de Atenas. En el siglo XXI las monarquías son antiguallas de la historia, y una vez amortizado Aznar, la modernidad no es otra cosa que la República. Pues eso, felices fiestas.

*Profesor de Universidad y escritor

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