Un círculo
fecal
Joaquín Navarro 18-12-03
El poderoso está esperando
ya un tribunal que lo juzgue. Es un hecho extraordinario. Acostumbrados a la
impunidad del poder, las cosas se revuelven cuando hay que juzgar a quien ha
tenido todo el poder sobre un pueblo y una gran capacidad de intimidación
sobre muchos otros. Comienza una liturgia extraña. ¿Qué tribunal, qué
jueces? Los iraquíes impuestos por los usacos estaban preparando un tribunal
especial para Sadam y sus más íntimos colaboradores. ¿No estaríamos ante
la repulsiva figura del juez que es parte? El imperio manda sin límites en
Iraq y será muy difícil, si no imposible, que existan jueces capaces de la
imparcialidad objetiva que se les exige. Jueces que, sin esperanza ni miedo,
es decir, sin aguardar recompensas u honores y sin sentirse presionados ni
amenazados por nadie, cumplan su tarea con una radical independencia. Dicen
los clásicos que juez natural es el juez del territorio. ¿Aquí también?
No. Dadas las circunstancias, Iraq no es un país libre y sus jueces no son
libres. Sería como celebrar el juicio contra Sadam en la propia USA. Con la
ventaja, en este caso, de jueces más avezados a resistir al poder.
Descartado un tribunal iraquí ¿habría que ir a una Corte
Internacional que se establezca al efecto, es decir, un tribunal «ad hoc»,
como el de la ex Yugoslavia o el de Ruanda? En estos casos, la participación
de la ONU supone una garantía de objetividad. El problema surge de inmediato.
¿Dará su conformidad USA? El Consejo de Seguridad de la ONU no legalizó la
guerra contra Iraq y Annan ha censurado públicamente esa guerra, aunque haya
convocado a participar en la reconstrucción. Pero ¿no querrá USA «hacer su
juicio»? Se aproximan las elecciones presidenciales y un juicio «exitoso» y
«opulento» puede venirles muy bien a Bush y a los suyos, sobre todo si se
culmina con una buena ejecución pública, lo que no sería posible con los
auspicios de la ONU.
Hay que tener en cuenta que no sólo sería juzgado Sadam,
sino también sus más íntimos colaboradores. Será como un Nüremberg
mesopotámico. Un auténtico número internacional que no puede perderse USA.
Sus dirigentes hablan ya, entusiasmados, de un juicio justo y de la aplicación
de las Convenciones de Ginebra. Algo es algo. Sadam será tratado como
prisionero de guerra y no como «combatiente ilegal», al estilo de los pobres
reclusos de Guantánamo. Sin embargo, los comienzos no han sido buenos. La
exhibición de Sadam a la curiosidad pública, con barberos, dentistas, etc.
No se compadece con lo exigido en esas convenciones. Su desaparición,
tampoco. ¿Quiénes velan en estos momentos por los derechos y las garantías
procesales de Sadam? ¿Rumsfeld y sus amigos?
Quedan aún problemas mayores. ¿Dónde, cómo y cuándo un
tribunal que juzgue los crímenes de guerra, contra la paz y la humanidad de
USA y sus aliados al agredir al pueblo iraquí sin la autorización de la ONU
y ocupar violentamente el territorio de un país soberano? ¿Por qué sólo
Sadam? Una única respuesta posible: ha sido derrotado. Los vencedores son
siempre criminales impunes. Decía Sciascia que estamos rodeados de mierda y
no encontramos camino para romper ese círculo fecal. El círculo de mierda
es, en este caso, especialmente denso e impenetrable. Sin embargo, es bueno
recordar a los miembros del tribunal que se constituya un viejo pensamiento de
Campanella: «Todo juez que no ha juzgado según la ley, sea decapitado». Muy
bien, pero ¿qué se hace con la Corte Penal Permanente de La Haya? ¿Un
adorno duradero? USA tiene mucho que decir. Cuando se creó la Declaración de
Roma, que constituía esa Corte se alzó la ilusión colectiva de que los
grandes tribunales para juzgar gente poderosa juzgarían por igual a
vencedores y vencidos. Estamos como estábamos. Igual que en Nüremberg y
Tokyo, sólo los vencidos pueden ser juzgados. «¿Vae victis!»
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