Borbones y República
Tres veces los Borbones se alzaron con la Corona de España y las tres veces, suprimiendo
libertades, apoyados en la fuerza de las
armas. Felipe V tras la guerra de Sucesión, Alfonso
XII tras el cuartelazo del general Martínez Campos y Juan Carlos I llega al Palacio Real de la
mano de un general felón aupado por una mafia
de terratenientes, banqueros, militares y obispos
General felón que contó con el apoyo militar
de la Alemania nazi de Hitler, la Italia fascista de
Mussolini y el Portugal del Dictador Salazar.
Vale recordar que hace ya setenta y dos años, el 14 de Abril de 1931, el
pueblo español
acogió con verdadero entusiasmo la proclamación
pacífica de la II República. Cabe decir que en
1931, como en 1873 I República, se pensaba que los caminos de la libertad y el progreso de España
quedaban abiertos y que ya no alzarían
mayores obstáculos que los ya conocidos pues-
tos por el Trono y el Altar. Y que la libertad necesaria para acabar con el caciquismo, la
ignorancia, la explotación despiadada y el militarismo borbónico que atenazaban la voluntad popular,
permanentemente reprimida, comenzaba a abrirse
paso.
Conocidas son las palabras de D. Antonio Machado que escribió por
entonces. “Aque-
llos días, dios mio, tejidos todos ellos con
el más puro lino de la esperanza, cuando unos pocos
viejos republicanos izamos la bandera tricolor en el Ayuntamiento de Segovia. Recordemos,
acerquemos otra vez aquellas horas a nuestro
corazón. Con las primeras hojas de los chopos y
las últimas flores de los almendros, la primavera traía a nuestra República de la mano. La
naturaleza y la historia parecían fundirse en
una clara leyenda anticipada en un romance infantil”.
La primavera ha venido / del brazo de un capitán
/ cantad niñas a coro / Viva Fermín Galán.
“Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios, una de las dos Españas
ha de helarte
el corazón”, había escrito también el
viejo maestro poeta. Acabar con la República se puso a la
orden del día para las castas dominantes en España. De nuevo la “España luz de Trento y
martillo de herejes” volviendo por donde solía transformando iglesias y púlpitos en tribunas
derechistas donde en nombre de la fe y la
sacrosanta propiedad privada de los medios de producción se
reclamaba la insumisión frente a la República
y al Gobierno surgido de la voluntad popular y a
las leyes por este promulgadas, ya fueran las
de la reforma agraria, la separación de la Iglesia y
el Estado o la modernización del Ejército.
Ahí estaban los cardenales Segura y Gomá, invocan-
do obscenamente “Que la ira de Dios caiga
sobre España si la República persevera” al decir del
primero, o el “No me cabe en la cabeza la
monstruosidad cometida”, dicho por el segundo al re-
ferirse al exilio romano de Alfonso XIII tras
la victoria republicana del 14 de Abril.
Y junto a estos prelados, y contra la República, los dueños de la
tierra, y los dueños del
dinero, los terratenientes de veinte mil,
cincuenta mil o cien mil hectáreas y para los que, seño-
res feudales, hablar de reforma agraria o
jornadas de ocho horas reclamadas por los braceros era
un atentado intolerable a sus intereses y
privilegios sustentados en el sacrosanto derecho de pro-
piedad antes citado. Y estaban los banqueros a lo Juan March, “el último pirata del
Mediterraneo” al decir del novelista
Benavides. Banquero que sufragó en parte la sublevación franquista
y del que un diputado de la época llegó a
decir, con verdad y fortuna en la expresión una frase
que pasó a la historia: “ o la República
acaba con Juan March o Juan March acaba con la República.
Y junto a prelados, banqueros y terratenientes, los caciques de los “
burgos podridos”,
que decía D. Manuel Azaña, reyes de la
baraja de la partida en el Casino, cabecillas de aquella
España “devota de Frascuelo y de María”.
Y estaban los militares que habían perdido todas las
guerras, servido a monarcas corruptos y que
aspiraban, como tiempo después ocurrió, ha ocupar
con las armas su propio país para imponer su ordeno y mando cuartelario venciendo a
un ejército de obreros y campesinos en
alpargatas tras tres años de lucha desigual.
De otro lado, frente a esa España de “vivan las caenas” y del “lejos de nosotros
la funesta manía de pensar”, la España de “la rabia y de la idea”, la de los jornaleros que reclamaban
tierra y libertad, la de los trabajadores de
la ciudad y del campo afiliados a sindicatos y partidos de
clase, la España de los Ateneos libertarios y “casas del pueblo” la España que quería República y
cambio social, la España heredera de los
ideales de irmandiños agermanados y comuneros, la
España de la Libertad Igualdad y Fraternidad proclamados por la Revolución Francesa, la
soñada por los liberales de las Cortes de Cádiz, la España de la Institución Libre de Enseñanza,
la de la Asociación al Servicio de la República
y su “Delenda est Monarchía”, la España de vascos,
catalanes y gallegos que reclamaban un Estado
plurinacional que respetara sus libertades nacionales.
Derrota republicana. Un millón de muertos. Medio millón a cárceles y
exilios. La noche
negra del falangismo/franquismo duró casi 40 años. Se suprimieron todas las libertades
conquistadas durante los años, pocos,
republicanos. Y en este orden de cosas hay que decir alto y claro
que los grandes avances democráticos de
nuestro país se hicieron en tiempos republicanos y que
fueron necesarios alzamientos militares para acabar con ellos. Así el golpe militar franquista para
agotado este, montarnos otra instauración monárquico/borbónica.
Hoy, como ya hemos señalada, a los 28 años de la muerte del Dictador y
a los 25 de la
actual Constitución, desde Unidad Cívica por la República queremos afirmar que la situación actual,
a pesar de la soberanía popular de la que se reclama dicha ley de leyes, adolece de un vicio
de origen dictatorial dado que la transición
de la Dictadura a la Democracia no terminó
con la devolución al pueblo español de su mentada soberanía. Se restauró la monarquía
española sin darle palabra alguna al pueblo y ello para que, como decía el Príncipe de Salina,
el Gattopardo de Lampedusa, era necesario que
algo cambiara para que todo siguiera igual. Vale decir para que
en lo esencial continuara bajo otras formas políticas el poder de las castas dominantes que habían
venido sustentando antes a la monarquía alfonsina y después a la dictadura franquista y que
agotada esta última parecía necesario, al
menos coyunturalmente enviar al basurero de la
historia.
Cierto es que la República en las que hoy pensamos en este 72 Aniversario de su proclamación
el 14 de abril de 1931 no es, ni puede ser, la
continuidad de lo actual bajo otras formas
políticas simplemente, ni tampoco, aunque nos
consideremos herederos de la de 1873 y de la de
1931, una vuelta al pasado. Se trata de construir desde el presente y con visión de futuro, un
sistema político social profundamente democrático
en el que tengan cabida, si así lo desean todos
los Pueblos de España. La República de 1931 trataba de combinar la democracia formal, el gobierno
de grupos y clases sociales no oligárquicas, pequeña y mediana burguesía, con la conservación
de las estructuras económicas y el aparato estatal de la aristocracia terrateniente y el capital
financiero heredados de la monarquía centralista borbónica. De ese modo el poder real en
nuestro país nunca residió totalmente en su gobierno republicano sino en los grupos oligárquicos
apoyados por la mayoría de los fuerzas armadas. Así, las reformas planteadas por el gobierno
republicano eran inmediatamente boicoteadas
por estas fuerzas. Así, pues, otra tiene que ser
la III República.
Entendemos que la III REPÚBLICA tendrá que ser, para ser viable, para conseguir el apoyo
mayoritario del pueblo diferente, ya lo hemos dicho a la de 1931. Para nosotros, y esperamos que así sea
para millones de ciudadanos, la palabra República
por razones históricas, es
sinónimo de Democracia. Y esa República habrá
de afirmarse a través de la continua expansión
de la democracia económica, política y social. Una democracia, una República de carácter federal
más allá de los límites del actual estado
de las autonomías, que contemple los derechos de
todo orden que asisten a los diversos pueblos del Estado plurinacional español en particular a los de
Cataluña Euzkadi y Galicia.
Una República federal que tenga el poder político necesario para que
los trabajadores
de la ciudad y del campo, intelectuales y
profesionales, mundo de la cultura y otros sectores
sociales no oligárquicos se puedan reconocer,
hablemos en euskera, catalán, castellano, gallego
o no importa que otra lengua de la Península. Una República Federal que tenga en cuenta el desarrollo
desigual existente para poner remedio a las
injusticias. Una República capaz de crear
estructuras de participación ciudadana capaz
de elaborar programas de desarrollo económico,
político y social tanto en el plano local, municipal como en el del Estado. Una República Federal,
la que pensamos y soñamos, para la que será necesario trabajar con inteligencia, con organización,
con el máximo de apertura ideológica. Sumar, sumar y sumar es nuestra tarea, la tarea de
UNIDAD CÍVICA POR LA REPÚBLICA.
Viva
la III República Española. Madrid,
14 de Abril 2003
Armando López Salinas.