El
PP no homenajeó a los antifranquistas porque intenta rescribir la historia y
apropiarse del alma democrática de la República
LA
RAZÓN DE LOS VENCIDOS
El
Periódico 8-12-03
Ha habido que esperar 25 años para que el Parlamento
rindiera homenaje a las víctimas del franquismo. Un cuarto de siglo de espera,
como si además de víctimas de la dictadura fueran también molestos para la
democracia. Pero ¿acaso la libertad no fue su causa, la misma que persigue la
democracia? ¿Por qué molestan?
Por lo que recuerdan. Son los últimos testigos de una memoria que recuerda un
pasado interrumpido violentamente y que la democracia, tras un paréntesis de 40
años, reanuda de forma nueva y distinta. Así lo viven ellos. Ramón Xirau
o Sánchez Vázquez, dos filósofos exiliados en México, ven esta
democracia como un eslabón de la magra historia española de libertad que también
pasó por la Segunda República.
EL GESTO del Congreso, otorgándoles un diploma que reconoce su mérito en la
lucha por las libertades, supone una gran novedad. Nos hemos cansado de decir
que la transición política fue modélica porque hizo posible la reconciliación
entre las dos España al precio del olvido. Ellos eran los olvidados, por
partida doble.
Primero fue la amnistía de 1977, que supuso para los franquistas con cuentas
pendientes una ley de punto final, mientras que para los antifranquistas fue un
canje de injusticia pasada por normalidad presente. Luego vino José María
Aznar predicando en 1996 aquello de la "segunda transición", que
era nueva losa sobre el pasado republicano: decía que había que acabar con las
dos Españas, pasando página tanto del franquismo como del socialismo (del
republicano y del felipista) y recuperando el liberalismo, "lo mejor
que le ha pasado a este país en su historia", según gustan decir. Aznar
se erigía en heredero de Manuel Azaña. Se apropiaban el alma democrática
de la República dejando a estos abuelos ofendidos y humillados cual restos
fratricidas de la España roja.
Para que este revolcón a la historia fuera eficaz había que encerrar bajo
siete llaves a estos testigos que colocan a la democracia actual en la estela de
la República, condenando por tanto a los herederos de la dictadura a tener que
justificar su conversión democrática.
El PP entendió perfectamente el sentido del acto, por eso no fue. Y hay que
agradecer a su portavoz, Luis de Grandes, que verbalizara lo que piensan
en silencio: que aquello era una velada de espectros, y ¡cómo iban a ir ellos
a la fiesta si los habían enterrado dos veces, una en cada transición! El
problema no era la lejanía de este "revival con olor a naftalina",
sino la significación que tiene reconocer en el Parlamento que las víctimas
del franquismo forman parte de la tradición de libertad.
Ese gesto es un atentado a la reescritura de la historia en la que andan tan
empeñados el Gobierno del PP y sus escribanos, según la cual la matriz de la
democracia fue el franquismo sociológico y no la herencia republicana. Invocan
la ley del más fuerte para explicar que la República se esfumó, al perder la
guerra, y lo que quedó fue la dictadura franquista. Ése es el humus material
del que surgió la democracia, siendo toda la oposición antifranquista el
problema que tuvo que resolver Adolfo Suárez. Envalentonados con esta
particular teoría dan un paso al frente y se declaran guardianes de una
Constitución que medio votaron, o protagonistas de un patriotismo excluyente.
Dan, claro, la bienvenida a exrepublicanos, exiliados, exguerrilleros y tutti
quanti a esta nueva España, pero sin exigir significación especial. Son
ciudadanos españoles, con todos sus derechos, pero no tienen una significación
política específica porque políticamente sólo son espectros de un pasado
archivado.
ESO LO sabía bien el PP y lo que hay que preguntarse es qué pretendían los
organizadores del acto en el Congreso. ¿Por qué han tardado tanto? ¿Por qué
historiadores y protagonistas de la transición no reconocen que se hizo lo que
se pudo, pero renunciando a exigencias morales que hubieran enriquecido la vida
política? ¿Por qué confunden perdón con olvido?
Seguro que los abusos del PP en la interpretación de la historia de la
democracia les ha puesto en alerta por lo que hay ahí de expolio a la lucha
antifranquista en la construcción de la democracia. Pero, más allá de estos
juegos políticos, está el poder de la memoria: las víctimas sólo son
espectros, seres virtuales, para sus verdugos; para los demás son una exigencia
moral de la que debe beber el futuro si quiere ser diferente al pasado. Esto
también vale para los organizadores.