
La patria no tiene un significado concreto sino cuando se la reduce al lugar en que nacimos o se la extiende a toda la tierra.
Francisco Pi y
Margall
No deja de sorprendernos que los mismos rostros graves, portavoces de nuestras
burguesías nacionales, que predican la desaparición de las fronteras y las
aduanas que impiden la libre circulación del capital, se enzarcen al mismo
tiempo en una folclórica pugna entre patrias “grandes” y patrias
“chicas”... A la antinomia que supone el modelo de globalización
capitalista -desaparición de aduanas y mantenimiento, y aun reforzamiento, de
fronteras políticas-, la respuesta de nuestra clase dirigente es acabar con
derechos laborales y sociales conquistados con esfuerzo y sacrificio admirables
-lo que eufemísticamente denominan “cumplir con nuestros compromisos
europeos”-, eso sí, bajo el “majestuoso ondear” de un gigantesco y patriótico
lienzo rojo y gualda. Al respecto de esta contradicción del mercado se
preguntaba ya Proudhon -de quien dijo Cánovas: ese hombre
benemérito a todas luces para todos los revolucionarios, para todos los
anarquistas, para todos los socialistas (...) ha escrito el diabólico evangelio
del socialismo- en 1846: ¿No es una cosa evidente por sí misma (...)
que la libertad de comercio, al suprimir toda traba a las comunicaciones y a los
cambios, deja el campo más libre a todos los antagonismos, extiende el dominio
del capital, generaliza la competencia, hace de la miseria de cada nación, como
de su aristocracia financiera, una cosa cosmopolita, cuya vasta red, sin cortes
ni soluciones de continuidad, abraza en sus mallas solidarias la totalidad de la
especie? (1).
Como contrapunto a toda la ola patriotera y de exacerbado nacionalismo que
propugnan los sectores más reaccionarios de los pueblos de España, Francisco
Pi y Margall (2) nos muestra otra forma de ver y sentir la patria y sus
relaciones con las de otros pueblos.
Alfredo
Del Campo & Óscar Mariscal
Francisco Pi y Margall
Amad vuestra patria, conciudadanos; pero no la hagáis nunca objeto exclusivo de
vuestro querer, de vuestro sentir, ni de vuestro pensar. Hay otra patria más
grande: la tierra.
De la tierra vivimos los hombres todos, no de la sola nación a que
pertenecemos. ¿Cuán pobre y estrechamente no viviríamos nosotros sin los
productos del resto de Europa y los del África, la América y el Asia?.
La idea de la patria parcial es bajo muchos conceptos funesta. Excita y mantiene
celos y rivalidades entre las naciones, provoca conflictos, enciende guerras.
Obliga a mantener grandes ejércitos y armadas, y a fortificar las fronteras. Ha
creado las aduanas e imposibilita el libre cambio de productos.
Sólo para el deslinde de tierras contiguas ¡a qué de luchas no ha dado
margen! Recientemente han estado a punto de destrozarse por cuestiones de límites
la Gran Bretaña y Venezuela; Chile y la República Argentina, Colombia y
Nicaragua.
Se refiere la idea de la patria parcial sólo a la tierra, no a los habitantes,
Al paso que las naciones todas están dispuestas a destrozarse por un palmo de
tierra que se les usurpe o crean habérseles usurpado, miran con indiferencia
que sus gentes emigran.
¡Si la idea de la patria parcial hiciese siquiera que se respetase la de otros
pueblos! En nombre y en interés de la patria parcial se invade la ajena, y se
reduce a colonias, islas, y aun costas de lejanos continentes. Allí está mi
patria donde está mi bandera, dicen ahora las naciones.
¡Qué de sentimientos feroces no despierta, por fin, la idea de la patria
reducida! Ni hay crueldad ni barbarie que no engendre ni legitime el
patriotismo. Es la patria el altar en que más víctimas se inmola. Puros son
los sacrificios que en él se hace; nada importan ni nada significan los que se
hizo al dios Moloch y a las divinidades aztecas.
Trabajemos, pues, y suspiremos sin cesar por la patria grande. Sólo cuando la
tengamos en la tierra toda, dejará de rociar la sangre el altar de ese Moloch
moderno y se reconocerán los hombres todos miembros de una sola familia.
Francisco
Pi y Margall, 1898.
NOTAS:
(1):
P. J. Proudhon: Sistema de las Contradicciones Económicas o
Filosofía de la Miseria (1846). Traducción de Francisco Pi y Margall:
Ediciones Jucar, 1974.
(2):
Francisco Pi y Margall (Barcelona, 1824-Madrid, 1901). Al proclamarse la
Primera República (11 febrero 1873), trabajó en la elaboración legal de una
constitución federal y en la puesta en práctica de sus teorías económico-sociales.
Fue ministro de Gobernación (febrero a junio), ordenó la disolución de las
juntas y el restablecimiento de los ayuntamientos, e hizo posible la celebración
de unas elecciones (10 de mayo) famosas por su escrupulosidad. El 11 de junio de
1873 fue nombrado Presidente del Gobierno.