
¡ESPAÑOLES!*
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Manifiesto del Primer Gobierno de la II República Española
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urge de las entrañas sociales un
profundo clamor popular que demanda justicia, y un impulso que nos mueve a
procurarla. Puestas sus esperanzas en la República, el pueblo está ya en medio
de la calle. Para servirle, hemos querido tramitar la demanda por los
procedimientos de la Ley, y se nos ha cerrado el camino. Cuando pedíamos
Justicia, se nos arrebató la libertad cuando hemos pedido libertad, se nos ha
ofrecido como concesión unas Cortes amañadas como las que fueron barridas,
resultantes de un sufragio falsificado, convocadas por un gobierno de Dictadura,
instrumento de un rey que ha violado la Constitución, realizadas con la
colaboración de un caciquismo omnipotente.
Se
trata de salvar a un régimen que nos ha conducido al deshonor como Estado, a la
impotencia como Nación, y a la anarquía como sociedad. Se trata de salvar una
Dinastía que parece condenada por el Destino a disolverse en la delincuencia de
todas las miserias fisiológicas.
Se trata de salvar a un rey que cimenta su trono sobre las catástrofes
de Cavite y de Santiago de Cuba, sobre las osamentas de Monte-Arruit y de Anual;
que ha convertido su cetro envara de medir, y que cotiza el prestigio de su
majestad en acciones liberadas. Se trata, por los hombres del pasado y del
presente de una cruzada contra los hombres del porvenir para estorbar la acción
de la justicia popular que reclama enérgicamente las responsabilidades históricas.
No hay atentado que no se haya cometido, abuso que no se haya perpetrado,
inmoralidad que no se haya trascendido a todos los órdenes de la Administración
Pública, para el provecho ilícito o para el despilfarro escandaloso. La fuerza
ha sustituido al derecho, la arbitrariedad a la ley, la licencia a la
disciplina. La violencia se ha erigido Autoridad y la obediencia se ha rebajado
a la sumisión. La incapacidad se impone donde la competencia se inhibe. La
jactancia hace veces de valor, y de honor la desvergüenza. Hemos llegado por el
despeñadero de esta degradación al pantano de la ignominia presente.
Para salvarse y redimirse, no le queda al país otro camino que el de la
revolución. Ni los braceros del campo ni los propietarios de la tierra, ni los
patronos, ni los obreros, ni los capitalistas que trabajan, ni los trabajadores
ocupados o en huelga forzosa, ni el productor, ni el contribuyente, ni el
industrial, ni el comerciante, ni el profesional ni el artesano, ni los
empleados, ni los militares, ni los eclesiásticos... nadie siente la interior
satisfacción, la tranquilidad de una vida pública jurídicamente ordenada, la
seguridad de un patrimonio legítimamente adquirido, la inviolabilidad del hogar
sagrado, la plenitud de vivir en el seno de una Nación civilizada.
De todo este desastre brota espontánea la rebeldía de las almas que
viven sin esperanza y se derrama sobre los pueblos que viven sin libertad. Y así
se prepara la hecatombe de un Estado que carece de justicia y de una Nación que
carece de ley y de autoridad. el pueblo está ya en medio de la calle y en
marcha hacia la República.
No nos apasiona la emoción de la violencia culminante en el dramatismo
de una revolución; pero el valor del pueblo y las angustias del país nos
emocionan profundamente. La revolución será siempre un crimen o una locura
donde quiera que prevalezcan la justicia y el derecho, pero es derecho y es
justicia donde prevalezca la tiranía. Sin la asistencia de la opinión y la
solidaridad del pueblo, nosotros no nos moveríamos a provocar y dirigir la
revolución. Con ellas salimos a colocarnos en el puesto de la responsabilidad,
inminencia de un levantamiento nacional que llama a todos los españoles.
Seguros estamos de que para sumar a los nuestros sus contingentes se abrirán
las puertas de los talleres, de las fábricas, de los despachos, de las
Universidades, hasta de los cuarteles, porque en esta hora suprema todos los
soldados, ciudadanos libres son, y todos los ciudadanos soldados serán de la
revolución al servicio de la Patria y de la República.
Venimos a derribar la fortaleza en que se ha encastillado el
Poder personal, a meter la Monarquía en los archivos de la Historia y a
establecer la República sobre la base de la Soberanía Nacional, y representada
en una Asamblea Constituyente. De ella saldrá la España del porvenir y un
nuevo Estatuto inspirado en la conciencia universal que cree para todos los
pueblos un Derecho nuevo ungido de aspiraciones a la igualdad económica y a la
justicia social.
Entre
tanto, nosotros, conscientes de nuestra misión y de nuestra responsabilidad,
asumimos las funciones del Poder Público con carácter de Gobierno provisional.
¡VIVA
ESPAÑA CON HONRA!
VIVA
LA REPÚBLICA!
Miguel
Maura Fernando
de los Rios
Santiago Casares Quiroga
Marcelino
Domingo Nicolau
d’ Olwer
Diego Martínez
Barrios
Francisco Largo Caballero Alvaro de Albornoz