
EL PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA
Y LA TRANSICIÓN POLÍTICA *
Analizar el papel del Partido Comunista de España en la transición
requeriría, sin duda, un mayor espacio crítico que el que pueden proporcionar
estas apretadas notas personales.
Vale señalar que antes de la muerte de Carrero Blanco a manos de E.T.A., la situación del franquismo se había
deteriorado profundamente. Las luchas por las libertades políticas habían adquirido ya un carácter de masas, tanto en
el mundo del trabajo o universitario como entre los intelectuales y artistas. A estas acciones masivas se habían ido
sumando Colegios Profesionales, sectores de la Judicatura y del bajo clero, así como algunos obispos y núcleos
reducidos
de la oficialidad de las fuerzas armadas de nuestro país.
Ante tal avalancha de acciones populares, en las que en la mayoría estaba el P.C.E. como fuerza hegemónica, que la
represión policial empezaba a mostrarse incapaz de contener, fuerzas de la oposición que hasta entonces habían permanecido
a la expectativa en una vida de conciliábulos estériles, comenzaron a moverse para tratar de situarse ante un futuro
democrático que
ya empezaba a vislumbrarse cercano.
Acontecimientos tales como el citado ajusticiamiento de Carrero Blanco, proceso 1.001, nombramiento de Arias
Navarro como Jefe de Gobierno así como la primera hospitalización de Franco, crearon divisiones en el interior de propio
sistema entre los llamados evolucionistas, “bunker” en el lenguaje de la época, partidarios de seguir con la política de palo y
tentetieso. También
se aceleraron los esfuerzos unitarios de la oposición.
“EL PARTIDO” Y
LA OPOSICIÓN
El P.C.E. (prácticamente desde los años 50 era el partido por antonomasia, se decía “el Partido” y ya se sabía que
era el comunista)
a lo largo de años y años de lucha y trabajo unitario y paciente, había
puesto en pie un fuerte movimiento de oposición antifranquista lo más amplio y diverso posible. Movimiento sobre cuyas
espaldas tanto la oposición de derechas como el P.S.O.E. se aprestaban a cabalgar, tal y como, por ejemplo había hecho la
burguesía
respecto al “sans-culotte”
durante la revolución francesa.
La propuesta de un “Pacto
para la Libertad” proclamado por el P.C.E.
para derrocar a la dictadura,
contemplaba la formación de un gobierno provisional de amplia coalición para restaurar las libertades democráticas,
promulgar una amnistía general para presos y exiliados políticos. Se planteaba también, como tarea de dicho gobierno, la
convocatoria en un
tiempo razonable , tras legalizarse los partidos políticos
y las centrales sindicales, de elecciones generales a Cortes Constituyentes para que el pueblo español pudiera pronunciarse
por el futuro
sistema político, monárquico o republicano.
Así mismo el gobierno provisional debería reconocer, junto a las autonomías regionales que empezaban a reclamarse, la
personalidad específica
de Cataluña, Euskadi y Galicia con la puesta en vigor de los Estatutos de
Autonomía.
Una parte de la oposición, la formada por democristianos y liberales,
monárquicos del Conde de
Barcelona la mayoría de ellos, pero que ya empezaban a apostar por el príncipe Juan Carlos, postulaba una reforma no muy
profunda del sistema vigente, estableciendo así un campo de encuentro con los aperturistas de última hora que abandonaban
el barco
franquista y que tenían en sus manos algunos resortes
del viejo poder.
JUNTA Y PLATAFORMA
De otra parte, en posiciones de ruptura se alineaban las fuerzas sociales
y políticas de izquierda que
habían llevado el peso
de la lucha contra la dictadura, tanto de las comunidades históricas como las
del resto de España, así como diversas personalidades conocidas públicamente
y sin afiliación política alguna.
La política unitaria del P.C.E.
cristalizó en aquel momento con la creación de la Junta Democrática
de España junto al
Partido Socialista Popular, Partido del Trabajo de España, Partido Carlista,
Las Comisiones Obreras- CC.OO - y diversos colectivos ciudadanos y un grupo de
independientes tales como Vidal Beneyto o García Trevijano. El Partido Carlista
abandonó enseguida la Junta Democrática, Junta
Democrática que
consiguió muy pronto un importante apoyo político social de masas, como se
puso de
manifiesto a través de
diversas movilizaciones que se llevaron a cabo en diversos lugares del país.
Meses después, y aunque se habían llevado a cabo tanto en la Junta como desde el propio P.C.E. conversaciones con
Izquierda Democrática,
grupo democristiano liderado por Ruiz Giménez, y con el
P.S.O.E., este último
con el apoyo de la Internacional Socialista y las “bendiciones” de
Washington, creó
una nueva entidad política unitaria, la Plataforma de Convergencia Democrática (fines del 75). En ella figuraban junto al
P.S.O.E. y la U.G.T., la ya citada Izquierda Democrática que formaba parte del Equipo Español de la Democracia Cristiana,
el Movimiento Comunista, la Organizacíon Revolucionaria de Trabajadores y la Unión Socialdemócrata Española. Al poco
tiempo ingresaría
el Partido Carlista y se marchará la O.R.T.
De otra parte, la Coordinadora de Fuerzas políticas de Cataluña había
decidido no incorporarse a
ninguna organización
unitaria estatal, aunque mantenía relaciones con la Junta y con la Plataforma.
El
P.N.V. conversaba con
todos y no se unía a nadie, ni siquiera en Euskadi.
Tras la muerte de Franco y la caída del gobierno Arias, Juan Carlos de
Borbón, que ya venía asu-
miendo por segunda vez
interinamente la jefatura del Estado, fue nombrado Rey en una de las últimas
sesiones de las Cortes
Franquistas el 22 de Noviembre del 75. Uno de sus primeros actos fue nombrar
Jefe de Gobierno a
Adolfo Suárez.
De algún modo, en mi opinión, en aquel tiempo andaba yo, como miembro de la dirección del Partido en las andanzas
de la política unitaria, la creación de la Plataforma, con el moderantismo que a la misma impuso el P.S.O.E. con el apoyo del
equipo de la Democracia Cristiana (la Plataforma no contempló jamás la posible consulta al pueblo español sobre la forma
del futuro estado democrático) reflejaba bien a las claras el buen trabajo de los hombres del entorno de Juan Carlos cerca de
ese sector de la oposición, y supuso el comienzo del fin de la ruptura política plantada por la Junta Democrática y por el
P.C.E.
LA
“PLATAJUNTA”
Junta y Plataforma constituyeron en
Marzo del 76 la llamada “Platajunta”, y aunque ésta
proclamara en un comunicado que “el camino a la democracia no es el reformismo
sino la ruptura” , la procesión
iba por dentro y ya en los primeros contactos entre el gobierno de Suárez y la oposición se vislumbraron ciertos intentos de
marginar al P.C.E. en las negociaciones. Lo que se planteaba, desde la
reforma, era que
a la izquierda del P.S.O.E. no se legalizara a ningún partido. hay que
decir que la política de Washington
(por medio de la “guerra fría” y la experiencia portuguesa) era
favorable a las posiciones reformistas en
España, pero no a la legalización del P.C.E.
En este contexto, diversas fuerzas políticas de la oposición, a las que
solo dos o tres años atrás había
que buscar con candil, entre ellas el P.S.O.E. comenzaron a respaldar la
reforma de Suárez. El P.S.O.E. en
su 27 Congreso había decidido participar en unas futuras elecciones “aunque no estuvieran legalizados todos los partidos”. Es
decir, el Partido Socialista aceptaba la posible marginación
electoral de P.C.E. en los
primeros comicios generales y constituyentes, tal y como en más de una ocasión nos había dicho Felipe González o Enrique
Múgica en conversaciones bilaterales. Afirmaban, ambos, que aunque ellos solo consiguieran un solo diputado, como en
tiempos de Pablo Iglesias, lucharían denodadamente desde el Parlamento por la legalización del P.C.E. , Una historia un tanto
cínica y oportunista, sin duda.
A partir de ahí, el Partido llegó al convencimiento de que había que insertarse en la reforma para ensanchar ésta lo más
posible, colocando en el centro de nuestra política la legalización
del P.C.E. Aunque
en mi opinión, manifestada entonces en una reunión de una parte del Comité Ejecutivo celebrada clandestinamente en un molino
de la provincia de Guadalajara, era la de que si presionábamos en la calle aunque, seguramente la Junta no tenía fuerza por sí
sola para imponer la ruptura- la marginación del Partido y de aspectos importantes de su política les iba a resultar bastante
difícil, tanto a los evolucionistas de última hora -Suárez incluido
- como a los anticomunistas de la oposición.
MONARQUÍA
DESLEGITIMADA
Juan Carlos de Borbón y la monarquía eran piezas claves en la reforma, y si el ya Rey quería serlo de todos los
españoles en una democracia, digamos a la Europea, no podía marginar
al P.C.E. que era quien
más había luchado por traer las libertades políticas. Seguramente lo que intuía entonces está hoy más precisado y mejor en estas
líneas. Pero lo cierto es que la monarquía venía de las manos de Franco sin legitimidad alguna, dado que dicha legitimidad la
había perdido la Institución cuando Alfonso XIII apoyó el golpe de Estado de Primo de Rivera, lo que dio lugar, años más
tarde, al advenimiento de la II República. Si el P.C.E. no era legalizado junto a las demás fuerzas políticas, la monarquía de
Juan Carlos estaría cuestionada desde el principio.
Pero, lo más importante, no solo para mí en esa reunión clandestina de
parte del Ejecutivo, era seguir en la calle movilizando.
La Dirección del Partido, para forzar la situación, ya se había reunido públicamente en Roma. También el Secretario
General de entonces , Santiago Carrillo, en unión de otros
dirigentes, celebra una multi
tudinaria rueda de prensa en Madrid, en un local ya abierto por el Partido.
(Donde hoy está la FIM).
Después se produjo la detención de Carrillo y de otros miembros del
Comité Central y Ejecutivo, y la
pronta liberación de todos ellos. Más tarde se llevó a cabo la Cumbre Eurocomunista de Madrid, con la presencia de Enrico
Berlinguer (PCI) , George Marchais (PCF)
y Carrillo , Secretario General del P.C.E.
Poco antes , en Enero, el Terrorismo Fascista había asesinado a cinco abogados militantes comunistas en un despacho
laboralista de la calle de Atocha . El entierro de los mismos mostró
la fuerza del
P.C.E en las calles de Madrid
en un despliegue espectacular de serenidad y disciplina partidaria.
Mientras tanto, la “Platajunta”
había pasado de la ruptura pura y simple, como bien señala Vidal
Beneyto, a la ruptura pactada, de esta a la reforma negociada de Felipe González
que no era otra cosa
que una mezcla de los planteamientos de Suárez con algunos elementos
reformistas de la oposición. Vale
decir que en ese tiempo el P.S.O.E., con el firme apoyo de la Democracia Cristiana, consiguió la aceptación
de la regla de la unanimidad de todas las fuerzas de la “Platajunta” para las movilizaciones que pudieran convocarse. Fue
un error de nuestro partido aceptar dicha situación. De este modo, con una calle relativamente tranquila, que permitió bastantes
maniobras políticas por arriba, la iniciativa quedó fundamentalmente
en manos de Suarez.
Se pactó así la transición del franquismo a la democracia. A la
primera andadura de ésta, legitimando
de algún modo el conjunto de la oposición a los aperturistas del régimen.
La legalización del P.C.E. se produjo, como es sabido,
el 9 de Abril del 77, “sábado santo rojo”, así
ha pasado a la historia. La conmoción política en el país fue grande, lo
que no había ocurrido con ningún
otro partido político. La “cuestión comunista” suscitaba todo tipo de
controversias y pasiones encontradas
producto de 40 años de represión
política e ideológica en España y también de años y años de “guerra fría”
de política de bloques entre la O.T.A.N. y el Pacto de Varsovia. Para la
mayoría de las gentes que habían
apoyado la dictadura hasta el final, el “bunker” tanto civil como militar, legalizar el P.C.E. significaba
algo
parecido a tener que echar por la borda todo aquello por lo que habían
luchado desde el año 1936. Recuérdese que fue entonces cuando se produjo la
primera crisis militar en el camino hacia la democracia, con la
nota de acatamiento a regañadientesde la cúpula del ejército, nota que
fue seguida de la dimisión como ministro de Marina del almirante Pita da Veiga.
Desde entonces, el enfrentamiento de un sector de las fuerzas armadas con
Adolfo Suarez fue un hecho, como se demostró primero en la semiclandestina
reunión de capitanes generales en Játiva y después en
el intento de golpe de estado del 23-F.
EL SIGNO DE LA REFORMA
Así, las elecciones de Junio de 1977 dieron el triunfo a la U.C.D., y el
P.S.O.E., con 118 diputados, se constituyó en el primer partido de la
izquierda. Alianza Popular con Fraga a la cabeza, obtuvo 16 diputados y el
P.C.E. - P.S.U.C. veinte actas para las Cortes Constituyentes. El
resultado electoral produjo ya, en el interior del P.C.E., algunas inquietudes y
desilusiones, aunque la euforia de las libertades políticas se
sobrepuso a todo.
No se había logrado la ruptura y la democracia comenzaba a caminar bajo
el signo de la reforma. Años de anticomunismo y guerra fría, amén del rechazo
militar a la legalización del Partido y la caída de
las movilizaciones populares, habían facilitado que el cambio fuera
pilotado fundamentalmente por U.C.D
y el P.S.O.E., y que la dictadura se fuera adaptando a la democracia. Algo
así como lo dicho por el Príncipe
de Lampedusa, el Gatopardo, que todo cambiara para que todo siguiera garantizando, en una nueva situación política, el
dominio de una oligarquía que se había ido pasando con armas y
bagajes del campo dictatorial al democrático.
Elaboró entonces el P.C.E. la política de concentración democrática
que tendía a alcanzar espacios de
poder para los trabajadores y a reducir la nueva hegemonía oligárquica que
se iba construyendo. También,
para advertir de posibles riesgos involucionistas que seguían manteniendo
encogido el ánimo de muchas y
muchos españoles.
Pero dicha política, que era justa en mi opinión en el terreno de las
instituciones, no casaba bien con
nuestra actividad en la calle, en el tejido social. La política “por arriba” quedaba desdibujada ante las masas obreras y
ciudadanas de nuestro país, como también ante profesionales, intelectuales y artistas, e incluso ante muchos y muchos
militantes. Cabe decir que el resultado de la política de concentración democrática no fue otro que el consenso, sucedáneo de
aquella, y cuyos éxitos, si cabe calificarlos, no fueron otros
que los controvertidos Pactos de la Moncloa y la Constitución de la que hoy
estamos dotados.
El Partido celebró su IX
Congreso en Madrid, primero en la legalidad, Los delegados y delegadas
asistentes representaban a unos doscientos mil militantes. Dicho Congreso aprobó, por mayoría, tras un controvertido debate
que trajo posteriormente consecuencias políticas internas, el
abandono de la definición
del Partido como marxista-leninista a favor de la de
marxista-revolucionario. El P.C.E. se reafirmaba en la
vía democrática al socialismo y por su democratización interna, el
ingreso de España en la Comunidad Económica Europea.
Tras la aprobación de la Constitución en 1978 y asentada así la legalidad democrática, la política de consenso dejó de
interesar tanto a U.C.D. como al P.S.O.E. Estaba claro que la oligarquía, a través del gobierno de U.C.D., quería llevar a
cabo su propio programa político y económico y Suárez convocó elecciones generales anticipadas para Marzo de 1979. Por
su parte el P.S.O.E., que había girado hacia el centro sociológico y político para restar apoyos a U.C.D., pensaba que podía
ganar dichos comicios.
De otro lado, el P.C.E. no era partidario de adelantar las elecciones y sí de un gobierno de concentración
U.C.D.P.S.O.E. y P.C.E. con la
presencia de nacionalistas catalanes y vascos para afrontar los
problemas más acuciantes de la España salida de la dictadura, al modo de lo sucedido en Italia tras la derrota del fascismo
durante la II Guerra Mundial. Pero tal gobierno de concentración, dado que la hegemonía en la transición había quedado en
manos de reformistas no pasaba de ser una aspiración justa en el
sentido
de lo deseable para España en aquel momento, pero condenada al fracaso dada la correlación de fuerzas existente. El P.C.E.,
a buen seguro, tenía razón, pero carecía ya de fuerza para
ponerla en práctica.
De nuevo U.C.D. ganó las elecciones. Unos comicios que apenas modificaon
el mapa político. Hubo
eso sí, una mayor presencia de partidos nacionalista en el Congreso, y
Suarez proclamó, sin duda antes de
tiempo, el fin de la transición y enzarzado con el P.S.O.E. se mostró
partidario de gobernar en solitario, aún
sin mayoría parlamentaria suficiente. Nuestro partido ganó un diputado y 400.000 votos más. La ley electoral con el truco
D’Hont y las manipuladas circunscripciones comenzaba a hacer
estragos.
Las elecciones municipales de Abril del 79 (un mes después de las
generales) lograron equilibrar, a
favor de la Izquierda, el mapa electoral. Los acuerdos entre el P.C.E. y el
P.S.O.E. dieron lugar a gobiernos
conjuntos en muchos ayuntamientos de nuestro país. Aunque, como más tarde
se vio en las elecciones del
82, el Partido no salió favorecido en esos acuerdos, no así los
socialistas que supieron capitalizarlas mejor.
La firma del Acuerdo Marco por U.G.T. y la C.E.O.E., así como la
aprobación del Estatuto de los
Trabajadores por el P.S.O.E. y U.C.D. marcaron el giro a la derecha de esas
dos formaciones políticas. La
aprobación del Estatuto, que provocó algunas manifestaciones y huelgas en diversos lugares de España, contemplaba la
posibilidad para la patronal de conseguir despidos bastante arbitrarios, el arbitraje del gobierno en los conflictos colectivos y la
exclusión de funcionarios y personal de la administración militar de
sus posibilidades negociadoras, así como posible la privación parcial del
seguro de paro.
La dimisión de Suárez y la llegada a la presidencia
del gobierno de Calvo Sotelo el 23 de Febrero del
81 fue el momento elegido para el intento de golpe de Estado propiciado por
los Milans del Bosch, Armada
Tejero y compañía. Aunque el golpe fracasó, sus efectos políticos se
dejaron sentir en la política española,
que se derechiza globalmente al tiempo que se consolida la monarquía. tras
el intento golpista, U.C.D. se
cuartea en peleas internas (ya Suárez las había sufrido) y vá desapareciendo corroída por sus enfrentamientos públicos y
privados, y el P.S.O.E., con una política extremadamente moderada, se beneficia de la ruptura y desprestigio del partido de
Suárez y comienza su ascensión hacia la mayoría absoluta de
1982.
EL
ABANDONO DE LA CALLE
Los resultados del P.C.E. en dichos comicios del 82 revelaron tanto su hundimiento electoral, como el estado de
postración pública de un partido que durante toda la dictadura
franquista había mostrado, sin
parangón con ningún otro, su influencia social y su capacidad de penetración
en amplias capas sociales,
fundamentalmente entre la clase obrera y sectores de la cultura que ahora
nos dan la espalda. Ocurría, sin
duda, que nuestro partido de lucha y de gobierno, había cometido el grave
error de primar excesivamente
la política “por arriba”, la institucional , en detrimento claro de su presencia en la calle. Se había abandonado, prácticamente la
presencia comunista en el tejido asociativo que habíamos más que nadie (practicamente en solitario) ayudado a construir
pacientemente durante años y años de lucha antifascista, y que era el único capaz de servir de contrapeso al poder del Estado
que se estaba construyendo.
El P.C.E. políticamente, y también a causa de una territorialización
orgánica mal concebida y peor
llevada a cabo, en mi opinión, se había recluido en sus locales cociendose
en su propia salsa, lo que dio
lugar a discusiones agrias, largas y estériles que desmoralizaron a muchos
y muchas militantes. La crisis
de los llamados renovadores ( la mayoría de los dirigentes de dicha
corriente militan hoy en el P.S.O.E.)
y otras que vinieron después, estaban ya servidas.
La transición había terminado con el asentamiento de las libertades
democráticas, pero también con
la derrota, desde un punto de vista de clase y político, de las fuerzas
populares, entre ellas el P.C.E., que
propugnaban una democracia avanzada que abriese paso al socialismo en
nuestro país.
/
Del 82 a nuestros días ya es otra historia. Pero todo indica que el P.C.E. hoy,
al cumplir su 75 aniversario y a pesar de los errores cometidos,
si vuelve a afincarse con fuerza en fábricas y otros centros de trabajo- los
comunistas no debemos olvidar nuestra militancia al afiliarnos a un sindicato-
en la Universidad, entre profesionales y artistas podrá, con la política de
Izquierda Unida, crear una nueva situación en el país./ (2)
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* Notas de la charla ofrecida por Armando López
Salinas el 10 de Noviembre de 2000
en la sala de la Agrupación
del P.C.E. del distrito de Hortaleza, organizada por el Área