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Richard
Widmark, que estás en los cielos lor
El
llanto de la Acequia
Antonio Salvador
20 de abril de
2008
Rubio,
malencarado,
siempre cerca de un arma de fuego, su rostro encarnó los sueños y
las pesadillas de varias generaciones de espectadores, a lo largo
del siglo XX.
Murió el 24 de marzo de 2008, a la edad de 93 años. Se llamaba
Richard
Widmark.
Puede que
Richard
Widmark,
el actor, haya pasado a mejor vida, pero sin duda
Tommy
Udo,
el personaje, seguirá aterrorizando a tirios y a troyanos por los
siglos de los siglos, blandiendo la sonrisa maléfica que le hizo
inolvidable. Con este papel, de
psicótico
matón, debutó
Widmark
en la gran pantalla. Corría el año 1947.
La estrella de El Beso de la Muerte (Henry
Hathaway,
1947) era
Victor
Mature,
un soseras de cuerpo atlético y mirada lánguida, el bueno de la
película. Pero, de pronto apareció
Tommy
Udo/Richard
Widmark
, y ya nada fue igual en
Hollywood.
Empezaba así una gran carrera cinematográfica, a la sombra de las
grandes estrellas.
Widmark
nunca llegó a las cotas de popularidad de un
Humphrey
Bogart
o de un
Clark
Gable.
No le mimaron los críticos como a
Kirk
Douglas
o a Marlon
Brando.
Ni siquiera disfrutó de la estela de
malditismo
que arrastró consigo
Robert
Mitchum.
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Secundario de lujo y protagonista ocasional,
detective y
gángster, pistolero despiadado y honrado
sheriff,
Widmark
tocó todos los palos, probó todos los géneros,
legándonos
interpretaciones vibrantes. Recuerdo ahora el mano a mano con
Sidney
Poitier
en Un Rayo de Luz (Joseph
L. Mankiewicz,1950)
o el duelo con ese otro monstruo,
Jack
Palance,
en Pánico en las Calles (Elia
Kazan,1951).
Tampoco olvido su participación en el filme coral Vencedores o
Vencidos (Stanley
Kramer,
1961), al lado de
Spencer
Tracy o
Marlene
Dietrich.
En Brigada Homicida (Don
Siegel,
1968), se metió en la piel del madero
Daniel
Madigan,
a las órdenes del comisionado, el magistral
Henry
Fonda.
Coinciden la crítica y la afición en señalar Noche en la Ciudad (Jules
Dassin,
1950), como el mejor trabajo de
Richard
Widmark.
Esta película es uno de los títulos imprescindibles del cine negro, un
relato seco y desalmado de la perdición de un hombre sin escrúpulos,
habitante de un mundo incluso peor. Noche en la Ciudad supuso,
entre otras muchas cosas, el encuentro entre
Jules
Dassin y
Richard
Widmark,
el realizador comunista
represaliado
y el eterno aspirante a primera figura del cinematógrafo. Casualmente,
Jules
Dassin,
sólo sobrevivió una semana a su mejor actor, falleciendo en
Atenas
el 31 de marzo, tras 96 años de existencia física.
A partir de la década de los 70,
Widmark
comenzó a desperdiciar su talento en producciones de tercera regional.
Justo cuando
Robert
Mitchum resucitaba a
Philip
Marlowe
en Adiós Muñeca(Dick
Richards,
1975), renaciendo de sus cenizas por enésima y última vez,
Widmark
chapoteaba en la serie B, como tantos otros intérpretes maduros.
Abandonó el cine de manera discreta, por la puerta de atrás, a principio
de los años 90. El Color de la Ambición (Herbert
Ross,1991)
ponía punto final a la dilatada trayectoria profesional de este genio de
la actuación. En esta ocasión,
Widmark
adornaba el filme con un papel de reparto, en una película protagonizada
por dos de los actores punteros de aquel momento: James
Spader y
John
Cusack.
Estoy convencido de que, cuando los medios difundieron la noticia de su
muerte, muchos se sorprendieron de que todavía siguiera vivo. Es más,
todo un señor periodista de alto copete, Ignacio
Camacho,
director durante algún tiempo del diario
ABC
(emblema de la derecha monárquica española),
dio
por muerto a
Widmark con ocasión de la defunción de
Glenn
Ford, en
septiembre de 2006*. Así es la prensa borbónica, experta en contrastar
datos y en ofrecer veracidad e imparcialidad, incuso en asuntos
aparentemente nimios como el que cito. El prestigioso
Camacho,
prototipo del señorito sevillano al igual que sus colegas Antonio Burgos
y Carlos Herrera, sólo tenía que haber tecleado el nombre de
Richard
Widmark
en cualquier buscador de Internet, para comprobar que el astro
usamericano
continuaba
vivito y coleando. Que país...
Richard
Widmark
se muda al otro barrio, sin hacer demasiado ruido.
Tommy
Udo
continúa entre nosotros, dispuesto a cruzarse contigo (y conmigo) en
cualquier esquina.
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