|
Alameda, 5. 2º
Izda. Madrid 28014 Teléfono: 91 420 13
88 Fax: 91 420 20 04
|
presencia. Juan Carlos «El Rey» |
|
Jules Dassin, uno de los nuestros
Kaos en la Red 5 de Abril de 2008
Director, guionista, actor, siempre inquieto y militante, Jules Dassin (nacido en, en Middletown, Connecticut, Estados Unidos en 1911), conoció una dilatada trayectoria y en la que se pueden encontrar títulos de interés discutible, pero también un buen puñado de títulos que no pueden quedar en el olvido. En esta revista ya dedicamos una cierta atención a uno de ellos, El que debe de morir (1957), una apasionante adaptación de la famosa obra de Nikos Kazantzakis, Cristo de nuevo crucificado. Un intenso alegato sobre la hipocresía del catolicismo que pasó fugazmente por nuestras carteleras casi por la misma época que El Evangelio según Mateo, de Pasolini como una manifestación de que el mensaje cristiano fue concebido en oposición a los poderosos y a los burócratas. Jules era un miembro más de la numerosa familia de un barbero judío, que comenzó su carrera como actor yiddish con el ARTEF (Yiddish Proletarian Theatre) en Nueva York, actividad que le hizo aparecer a unas pocas películas antes de entrar en una fase de aprendizaje del que se puede recordar una poco inspirada adaptación de un conocido título de Oscar Wilde, El fantasma de Canterville (1944), y en la que lo más destacable era la presencia de Charles Laughton un tanto incontrolado. De haber cerrado su filmografía en 1950, Dassin habría pasado a la historia del cine negro por cuatro títulos de primera: 1) Fuerza Bruta (1947), un vibrante alegato contra el fascismo carcelario escrito por Richard Brooks y magníficamente interpretada por un grupo de actores de la estirpe de Burt Lancaster, Charles Bickford y Hume Cronyn, que aquí fue sabiamente prohibida por el franquismo, pero que sería recuperada por la tele en sus buenos años (ya perdido), en los que ejercía de “filmoteca”.; 2) La ciudad desnuda (1948), un magnífico ejemplo de cine de investigación, adaptación del mejor periodismo (“desentierramierda”) norteamericano, con una trama en la que la ciudad es la protagonista y en la que los delincuentes son seres humanos insertos en una jungla, cuenta además con impresionantes interpretaciones de actores de reparto como el irlandés Barry Fitzgerald (un beodo de cuidado), y el torvo Ted de Corsia cuya persecución final puede compararse a la de James Cagney en Al rojo vivo. 3) Mercado de Ladrones (1949), un tanto inferior, con un discurso quizás más blando, aunque conviene recordar que, aparte de un fuerte contenido anticapitalista, fue una de las primera películas que se aproximaba a las luchas sindicales, y detrás de ellas había la mítica huelga de los camioneros Minneapolis que está inscrita en la historia del trotskismo USA…Como era propio, la película contaba con notables actores característicos: Richard Conte, Millard Mitchell, el luego renegado Lee J. Cobb, y Valentina Cortese. Por supuesto, tampoco fue estrenada en España. 4) Noche en la ciudad (1950), sin duda la culminación de esta fase que tuvo que ser rodada en Londres ya que Dassin comenzaba a tener serios problemas por el Comité de Actividades Antiamericanas por judío y comunista. Interpretada por unos insuperables Richard Widmark y Gene Tierney, es la película de Dassin que más unanimidad concita. Incluso fue objeto de un homenaje titulado La noche y la ciudad (1994), dirigida por un aplicado Irwin Winkler y con Robert de Niro como Dassin… Después de unos años inactivos, llegaría una película policiaca que marcará un canon: Rififí (1955), que sorprenderá al respetable por su desencarnada minuciosidad. El número de secuelas no ha concluido todavía, y entre ellas, señalemos tres por mera curiosidad: la primera, la italiana de Mario Monicelli que aquí se llamó Rufufu, que a mi parecer supera al original y se erige en un cano alternativo (transitado por ejemplo por el mejor José Mª Forqué de Atraco a las tres), la española de Jesús Franco con Fernando Fernán-Gómez, Rififi en la ciudad, y por la propia revisitación de la trama por el propio Dassin, Topkapi (1964), un inteligente montaje magníficamente interpretado que se sitúa muy por encima de otras muchas variaciones. Con buena parte del equipo de actores de Rififi, Dassin haría la ya citada El que debe morir que, entre otras cosas, supuso su primera colaboración con su compañera y musa, Melina Mercouri con la que conocería un gran éxito con Nunca en domingo (1960) y protagonizada por la que luego sería su esposa, Melina Mercouri, que el que escribe vio en Francia y se divirtió de lo lindo, pero que no ha conseguido repescar. Se trata de una suerte de musical (la canción Los chicos del Pireo se hizo celebérrima), en el que el propio Dassin interpretaba el papel principal masculino. Era un inocente americano, mientras que Melina daba vida a una prostituta del Pireo llena de picaresca y alegremente desvergonzada. Por este título fue nominado para el Oscar al mejor director y por el mejor guión. Asimismo, creó la adaptación de la película al teatro, Ylya Darling, que fue un éxito en Broadway en 1967. Pero aunque fue reconocido, el exiliado nunca quiso volver al país de la gran mentira. Lo que viene a continuación resulta por lo general más discutible, en parte porque se trata de películas al servicio de la estrella y de su presunto talento como “trágica”, algo que viendo Fedra (1962) no parece demasiado convincente por su ampulosidad y grandilocuencia. Siempre con Melina, su protagonista favorita, Dassin siguió rodando títulos como Promesas al amanecer (1970) o Gritos de pasión (1978), de las que no guardo especial recuerdo aunque he leído alguna apología. Dassin acompañó y apoyó con entusiasmo a Melina en sus actividades políticas contra la Junta de los Coroneles y en su exilio, y cuando se restauraron las libertades en Grecia, ambos volvieron a Atenas. Entonces Melina fue ministra de Cultura con los distintos gobiernos socialistas (desde 1981 hasta 1989, y de nuevo desde 1993 hasta su fallecimiento), supongo que algo así como Pilar Miró aquí ya que el socialista Papandreu que se había mostrado como un socialista de izquierda en el exilio, en el poder no lo fue ni en un décima parte.
Desde la muerte de Melina, Dassin se
dedicó a luchar por el proyecto que había apasionado a Melina, conseguir
el regreso de los denominados Mármoles de Elgin, las esculturas y frisos
esculpidos del Partenón que se encuentran en el Museo Británico. De
hecho, cedió hace años los derechos de sus películas a la Fundación
Melina Mercouri para apoyar la labor por la que tanto luchó su mujer.
Para acabar, anotemos que el lector interesado tiene a la mano un buen
libro: Jules Dassin, violencia y justicia, escrito por tres reconocidos
crítico y prologado por Juan Antonio Bardem para la T&B Editorial.
|