Gustavo
La Zamarra de Gustavo
8 de Junio de 2008
Corren malos
tiempos para los pobres en Europa y en Estados Unidos:
para los pobres que deben emigrar a otras tierras por
diversos motivos, desde económicos y laborales hasta
políticos (perseguidos, refugiados, guerras...); y
digo bien para los pobres, porque, si cuando esa
gentuza habla de frenar la inmigración ilegal no están
hablando del jeque saudí que vive en Marbella, del
adinerado alemán que vive en Menorca sin tener
ciudadanía española (¿es que esto no es también
inmigración ilegal?), o del futbolista que juega en el
Milán (y al que nacionalizarán sin ningún problema):
hablo de la gente (de mi gente a fin de cuentas) que
vienen y van a trabajar, y que por ello son atacados
por aquellos indocumentados que se auto-denominan
patriotas, a la vez que muchos son explotados por
mafias dirigidas por sus mismos paisanos que no tienen
el mínimo escrúpulo en explotar a sus compatriotas.
Los Hombres y los Pueblos no conocemos fronteras ni
colores ni clases: porque a fin de cuentas, aunque de
vez en cuando sea un aliciente, esto no es un problema
racial, sino de clase: o si no, ¿creéis que el
corrupto ayuntamiento de Marbella, legado por Jesús
Gil (al que, hipócritamente se le ha dedicado un
"Torneo Jesús Gil contra el racismo"), miraba de igual
manera a un miembro de la familia real marroquí que a
un trabajador inmigrante del mismo país que dicho
miembro real? No, francamente no.
Pero lo que intento decir lo dice mucho mejor y a la
perfección el dulce cantautor Rafael Amor (que es un
amor):
No me llames extranjero
No me llames extranjero, por que
haya nacido lejos,
O por que tenga otro nombre la tierra de donde vengo
No me llames extranjero, por que fue distinto el seno
O por que acunó mi infancia otro idioma de los
cuentos,
No me llames extranjero si en el amor de una madre,
Tuvimos la misma luz en el canto y en el beso,
Con que nos sueñan iguales las madres contra su pecho.
No me llames extranjero, ni pienses de donde vengo,
Mejor saber donde vamos, adonde nos lleva el tiempo,
No me llames extranjero, por que tu pan y tu fuego,
Calman mi hambre y frío, y me cobije tu techo,
No me llames extranjero tu trigo es como mi trigo
Tu mano como la mía, tu fuego como mi fuego,
Y el hambre no avisa nunca, vive cambiando de dueño.
Y me llamas extranjero por que me trajo un camino,
Por que nací en otro pueblo, por que conozco otros
mares,
Y zarpé un día de otro puerto, si siempre quedan
iguales en el
Adiós los pañuelos, y las pupilas borrosas de los que
dejamos
Lejos, los amigos que nos nombran y son iguales los
besos
Y el amor de la que sueña con el día del regreso.
No me llames extranjero, traemos el mismo grito,
El mismo cansancio viejo que viene arrastrando el
hombre
Desde el fondo de los tiempos, cuando no existían
fronteras,
Antes que vinieran ellos, los que dividen y matan,
Los que roban los que mienten los que venden nuestros
sueños,
Los que inventaron un día, esta palabra, extranjero.
No me llames extranjero que es una palabra triste,
Que es una palabra helada huele a olvido y a
destierro,
No me llames extranjero mira tu niño y el mío
Como corren de la mano hasta el final del sendero,
No me llames extranjero ellos no saben de idiomas
De límites ni banderas, míralos se van al cielo
Por una risa paloma que los reúne en el vuelo.
No me llames extranjero piensa en tu hermano y el mío
El cuerpo lleno de balas besando de muerte el suelo,
Ellos no eran extranjeros se conocían de siempre
Por la libertad eterna e igual de libres murieron
No me llames extranjero, mírame bien a los ojos,
Mucho más allá del odio, del egoísmo y el miedo,
Y verás que soy un hombre, no puedo ser extranjero.