Alameda,
5. 2º Izda. Madrid 28014 Teléfono:
91 420 13 88 Fax: 91 420 20 04
|
|
José García Abad
El Plural 25
de Mayo de 2006
El juicio central de KIO toca a su fin tras diez años de proceso. El
principal implicado es, naturalmente, Javier de la Rosa, que era el máximo
responsable de las inversiones kuwaitíes en España a través del Grupo
Torras. El pasado martes de la Rosa se reafirmó en lo declarado diez años
antes y ha añadido nuevos detalles y un vocabulario renovado. El empresario
catalán, que fuera considerado por Jordi Pujol como empresario ejemplar es
un ejemplar de cuidado pero no todo lo que dice es pura ficción. El martes
reiteró ante la Audiencia Nacional que en 1990 realizó “pagos de
guerra” por más de 75 millones de euros (12.500 millones de pesetas) al
administrador privado del Rey, Manuel Prado y Colón de Carvajal con destino
al Monarca.
Con semejante suma de la Rosa pretendía que se autorizara a aviones
estadounidenses el uso de la base de Rota para liberar Kuwait de la invasión
iraquí en la primera guerra del Golfo así como apoyo diplomático para que
Arabia Saudí autorizase el paso de soldados americanos para salvar a unas
princesas kuwaitíes retenidas tras la invasión.
Es sabido que el hombre de Kuwait en España aprovechó la invasión del
emirato para llevarse el dinero árabe a su molino pero los juicios también
han demostrado que los 75 millones de dólares fueron entregados
efectivamente al administrador privado del Rey. Sin embargo de la Rosa no ha
podido explicar convincentemente donde fue a parar el resto del dinero
desviado: 300 millones de euros, unos 50.000 millones de pesetas. Prado negó
con formidable vehemencia haber recibido un duro hasta que se probó lo
contrario y a partir de entonces explicó tales transferencias en
fantasmales operaciones financieras.
Consecuencia: fue condenado a la cárcel. Podía haberse salvado de la misma
debido a su provecta edad y a un conjunto de enfermedades pero los jueces
pusieron como condición que devolviera el dinero recibido tan inicuamente.
Con muy buen criterio Prado prefirió la cárcel pues sabía que a los pocos
meses disfrutaría de una libertad vagamente vigilada. Y así ha sido.
Javier de la Rosa miente y aplica la técnica del ventilador de basura con
la vana ilusión de parar una pena muy dura- la fiscalía anticorrupción
pide 38 años de cárcel - y miente también Manuel Prado. La cuestión
obvia y obviada por los periódicos es si Prado usó en vano el sagrado
nombre del Rey para quedarse con el dinero o si transfirió tales cantidades
al monarca y defiende a este con su silencio. El Rey está blindado por la
Constitución que le considera irresponsable e inviolable pero aun está más
blindado por la autocensura de la prensa que tendrá consecuencias nefastas
sobre la consolidación de la monarquía. Estaría muy bien que Don Juan
Carlos explicara todo este vidrioso asunto y las razones por las que ha
mantenido una intima amistad con Prado después de que se conocieran sus
desaguisados.