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presencia. Juan Carlos «El Rey» |
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Autocrítica republicana
María Faes Rico
La República 11 de Diciembre de 2007
Quienes creemos en la superioridad del sistema republicano no debemos tener miedo a la autocrítica, como quienes sólo “reinan porque amordazan” toda crítica. Si nuestra propuesta avanza tan lentamente aquí, en pleno siglo XXI, y habiendo triunfado ya en todos los demás países latinos, quizá no pueda achacarse toda la culpa –algo tan cómodo y maniqueo- a nuestros adversarios políticos.
Me limitaré a señalar lo que considero dos grandes fallos de la manifestación del 6 de diciembre, que frenan la participación, y han sido destacados por nuestros adversarios para minimizarla, o para intentar justificar su negativa a reseñarla. El primer y capital fallo es que no se trataba de una manifestación por la república… sino también “por la autodeterminación de los pueblos”. Por supuesto, yo, demócrata y catalán, estoy decididamente por la autodeterminación de todos los pueblos, como estoy por la paz mundial, por la justicia social, y por otras causas no menos dignas e importantes. Pero esa introducción repetida y con el mismo rango de dos fines para una manifestación, en las circunstancias que todos conocemos, no engaña a casi nadie, y no favorece a la causa republicana.
Otra cosa muy distinta sería el amparar eventualmente en una manifestación por la república otra causa digna, como se ha hecho esta vez con la protesta por la muerte de Carlos por los fascistas. El otro punto destacado por nuestros detractores –“del enemigo, el consejo”- es la pobreza de los lemas de la manifestación. Por lo general, reseñaron dos que, efectiva y lamentablemente, fueron de los más coreados. El primero: “No hay dos sin tres, república otra vez”, lema in-significante, poco racional, cuya pobreza intelectual es tal que apenas cabe hablar más de él. El otro lema era otro grito voluntarioso, poco dicente: “España, mañana, será republicana”; éste lema tiene además la agravante de que, precisamente en España, “mañana” tiene demasiadas veces el significado de “nunca”, por lo que algunos, más sensatos, han propuesto la variante “España, ya, ya, republicana”.
Y menos mal que nuestros adversarios esta vez nos han perdonado el recordar el sonrojante lema, todavía repetido con entusiasmo por algunos, de “¡Los Borbones, a los tiburones!”; apenas se pueden decir más barbaridades con menos palabras, porque los republicanos no estamos sólo contra los Borbones, sino contra toda dinastía real, y estamos contra la pena de muerte, y contra el maltrato a los tiburones. Aquí, al menos, algunos, más sensatos, ya emplean la variante: “¡Los Borbones, a las elecciones!”.
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