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La Audiencia de los
Nacionales
Jaume d'Urgell
Septiembre
de 2007
El tribunal especial español
está actuando como lo que siempre ha sido: un instrumento con el que
intervenir en política "por otros medios". Con la sucesión a la
vuelta de la esquina, toca reprimir y evaluar el terreno, para que
alguien decida por nosotros, como siempre, adoptar las medidas que
permitan a los capitalistas continuar en el lado bueno de la
injusticia social.
Una vez más, el tribunal especial de Madrid ha emprendido acciones
de odio político contra un ciudadano –esta vez catalán–, acusándole
de injuriar la persona del dictador Borbón, por el hecho de expresar
su disconformidad con la monocracia, mediante la quema
pública de una fotografía del ciudadano Capeto. El lunes pasado
declararon los dibujantes del periódico
DEIA,
a raíz de una viñeta de humor; y no hace un mes les tocó a los
dibujantes de la revista
EL JUEVES.
A la vista de estas cosas, uno se pregunta qué será lo siguiente:
¿Autos de fe en la plaza Mayor? ¿Acusaciones genéricas de
antiespañolismo? ¿Represión del comunismo y la masonería?
¿Prohibición de las lenguas vernáculas y los credos infieles a Roma?
Los fanáticos de la más rancia súper-ultra-derecha católica,
tradicional y nacionalista española están inmersos en una escalada
de despropósitos legales, destinada a poner a prueba el grado
de aceptación del "franquismo sin Franco", diseñado en los 70, para
perpetuar la obra del extinto genocida.
Y un hecho es seguro: en la próxima legislatura –antes de 2012–, se
producirá la sucesión en la jefatura del Estado: el ciudadano Capeto
morirá o abdicará, y entonces, si el pueblo lo permite, su hijo
intentará acceder al poder –por la puta cara, sin elecciones–.
Análisis del entorno: en términos políticos, hoy el ejército importa
una mierda; la Iglesia Católica es más que nunca una ridícula secta
marginal. Hoy en día el capital es Dios y Dios es el capital. Los
partidos políticos como el PSOE o el PP actúan como meros comisarios
políticos del capital, ofreciéndonos la vana ilusión de que tenemos
capacidad de elección entre unas listas cerradas formadas por
monigotes elegidos de antemano.
El PSOE es necesariamente republicano, circunstancia que solo
consigue evadir mirando hacia otro lado… evitando la reflexión (como
hacían en los años 20, cuando formaban parte del Consejo de
Ministros del dictador Primo de Rivera y su marioneta coronada). Y
el PP es un partido fascista –es decir, totalitario–, por lo que
aspira al poder absoluto, a la presidencia de una República
presidencialista.
En otras palabras: en 2007 la corona representa una molestia para
todos, por eso, con vistas a su supresión, el Estado está tanteando
el terreno por medio de una serie de pruebas destinadas a conocer el
entorno político, reprimir a los antifascistas y preparar el camino
hacia los cambios que se avecinan.
Por eso, no es de extrañar que sea precisamente la fiscalía del
tribunal especial de Madrid, la Audiencia de los Nacionales
–el nuevo Tribunal de Orden Público–, el instrumento elegido para
llevar a cabo estas acciones de odio político, estas aberraciones
contra Derecho: el caso del periódico
DEIA,
el caso de la revista
EL JUEVES, el
caso de Jaume Roure, etc.
La actuación de esta especie de Tribunal del Santo Oficio es triste,
pero también clarificadora: nada es porque sí, todo acto obedece a
una voluntad, nada es casual. "Papá Estado" está dando pasos. Están
jugando al ajedrez con nosotros, y aunque somos peones, la partida
está muy abierta, entre otras cosas, porque nosotros somos más.
Se impone la reflexión, hoy más que nunca es importante hacer un
llamamiento a la unidad de acción: es imprescindible instar a
Unidad Cívica por la República
, a la
Plataforma de Ciudadanos por la República,
a la
Coordinadora Estatal Republicana,
al conjunto de la ciudadanía y a cuantas otras organizaciones
existan, para que –conservando cada una su independencia, sus
matices y demás circunstancias particulares–, se atrevan a trazar
estrategias conjuntas, elaborar análisis colectivos y emprender
acciones verdaderamente unitarias, que sirvan para acelerar el
regreso a la normalidad democrática.
O eso, o seguir como estamos.
¡Salud y República!
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