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Franco 2 - Historia de un cuento carísimo
Jaume d'Urgell
UCR
14 de Febrero de 2008
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Dentro de unos días nos cambiarán
a un rey por otro —dejándonos al margen, por supuesto— y seguiremos
como moscas: rebotando ante un cristal blindado. Se impone una
reflexión a fondo: llamamiento a la
autocrítica en el seno del republicanismo. ¿Estamos pasando de
moda? ¿Renunciamos a la Igualdad?
No, esto no va de Juan Carlos Primero —o Francisco Franco Segundo,
como ustedes prefieran—. En su caso llegamos tarde… pudo ser
indecisión, falta de entereza, "pragmatismo", ausencia de líderes
creíbles o quizá el sometimiento ante la formidable desproporción de
armas que le concedieron un poder usurpado al conjunto de la
ciudadanía. Mas helo ahí: más de tres décadas de usurpación
institucional, y todavía se atreve a hacer callar a gobernantes
electos.
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Me gustaría más bien hablar sobre Francisco
Franco Tercero —Felipe Borbón, para entendernos—, es decir, el nuevo
militar que también quiere presidirnos sin pasar por elecciones.
Su legitimidad de origen
no son las urnas, sino las
armas
Quisiera hablar de él y de cómo impedir que
este nuevo candidato a autócrata uniformado, se convierta en otra secuela
del último golpe de Estado que ha sufrido la población civil de este país
de países (póngase atención al uso de las palabras: "golpe de Estado", que
no asonada preventiva, auspiciada desde lo que se pretende consolidar).
Este absurdo cuento infantil que las armas
llevaron a la vida real, no solo molesta por su elevadísimo presupuesto;
ni porque en pleno S. XXI constituya una insólita falta de respeto hacia
las familias trabajadoras más humildes; lo grave no es que una sola
familia se haya apropiado de la más alta magistratura del Estado,
usurpando una función que pertenece al pueblo… no, el problema es que la
monarquía es un símbolo: el ejemplo cumbre de la desigualdad, y como tal,
no debería ser la máxima expresión de las instituciones públicas de un
país que se reclame democrático, social y de derecho.
Quien suscribe estas líneas se encuentra a la
espera de conocer el fallo de un juicio penal por "ultrajes a España". En
opinión de los policías de paisano, y a tenor del criterio de los
representantes de la fiscalía, sustituir una bandera roja y amarilla por
otra roja, amarilla y morada, constituye una ofensa a España. La pregunta
es: ¿no es más insultante contemplar cómo el ayudante de un dictador firma
nuestras leyes, encabeza nuestras Fuerzas Armadas, nos representa en el
exterior y se imparte Justicia en su nombre?
La sucesión a la vuelta de
la esquina
Sea como fuere, el cómplice y sucesor del
golpista está ya muy anciano, y todo parece indicar que en cuestión de
meses —días quizá— el hecho biológico inevitable o un volantazo desde las
cloacas, precipitarán el cambio de titular en la máxima institución
antidemocrática del Estado.
Sin duda, toda la maquinaria de propaganda
oficial se encuentra dispuesta, lista para ser activada cuando tenga lugar
el —llamémoslo— "traspaso de incompetencias". Todo está listo: la mayor
parte de los guiones de los telediarios ya se encuentra escrita, las
imágenes de archivo convenientemente seleccionadas y editadas —a falta
únicamente de sobreimprimir la fecha— y otro tanto ocurre con los
periódicos, en los que —con toda probabilidad— incluso se han apalabrado
las características, precio y espacio de los anunciantes.
La pregunta es simple: ¿Lo permitiremos?
¿Dejaremos que otro militar —el tercero consecutivo— se erija en una
suerte de individuo superior a los de nuestra especie?
Los republicanos: pocos,
divididos,
manipulados y sin
estrategia
Con tristeza, observo como en los últimos
años, las organizaciones que se suponen la vanguardia del Movimiento
Republicano se han ido convirtiendo en meras "Comisiones de Fiestas de
pueblecito de provincias", cuyo éxito principal se limita a organizar un
par de manifestaciones al año —manifestaciones pertinentes y llenas de
dignidad, pero previsibles y estancadas–.
Estuvo bien consensuar un documento-base de
ocho puntos mínimos para avanzar hacia la República, pero ahí quedó: con
sus referencias al fallido Plan Ibarretxe (tumbado por la socialdemocracia
españolista) y al también fracasado proyecto de Constitución Europea (que
hoy se nos impone vía Tratado de Lisboa). Una declaración-marco está bien,
pero si con el tiempo se blinda y sacraliza, nos encontraremos ante otro
tótem como esa mierda antidemocrática de 1978 y sus adeptos
"constitucionalistas".
Estuvo bien intentar la unidad de acción de
todas las fuerzas republicanas, pero tampoco pasó de ser un mero intento:
UCR sigue por su lado, contraprogramando —quizá por casualidad, pero sin
corregir cuando todavía se está a tiempo— su "Encuentro Republicano"
anual, coincidiendo en fecha, hora y casi en la denominación del acto con
el "Encuentro Estatal Republicano". Pasó en 2005 y ha vuelto a pasar este
año. Vergüenza ajena ver a dos grupos de más de cien personas, trabajando
por lo mismo, en dos lugares distintos, a la vez.
Y por si todo eso fuera poco, los
republicanos neoliberales (léase: ultra conservadores de extrema derecha)
también andan por su lado: idolatrando a su cadáver viviente, que todavía
cree que está en la Junta Democrática y todavía conserva intactas sus
ínfulas de presidenciable. ¿Unidad de acción? ¡Un poco de sinceridad, por
favor!
¡Alto! Detengámonos a
reflexionar,
mejoremos y sigamos
adelante
No se trata de llorar, sino de reflexionar
para corregir: ¿Por qué somos pocos? ¿A quien beneficia que estemos
divididos? ¿Quién trata de manipularnos? ¿Qué significa y qué
implicaciones tiene el carecer de una estrategia propia?
La autocrítica no es mala. Seamos capaces de
vencer al sectarismo: los demás también existen, luego no solo estamos
nosotros; cada persona es un ciudadano; cooperar no implica confundirse.
Partidos escuchad: apostar no significa controlar ¡joder! Cada vez que
hacemos algo intencionadamente ajeno a los demás republicanos, es como si
gritáramos: ¡Viva el Rey! ¡Abajo el pueblo! ¡Muera la inteligancia!
Resultado: pasan los días, muere Tecglen y
nosotros aquí: dedicándonos a conmemorar cosas, en lugar de avanzar hacia
hitos que algún día merezca la pena conmemorar.
Si nos resignamos, será como si ya hubiéramos
perdido. Vendrá un Francisco Franco Tercero, una Francisca Franco Cuarta…
y así, hasta el fin de los tiempos; hasta que un día —sin saber cómo ni
por qué—, leer a Rousseau esté penado con la cárcel, igual que hoy lo está
hacer política en defensa del pueblo vasco.
Muchos dicen: "modera tu léxico", "jovencito
impulsivo", "la República no es mañana mismo"… ¡Y una mierda! ¿Acaso
tenemos miedo a vivir acontecimientos históricos? ¿Nos sentimos más
seguros viviendo un auto engaño? ¿"Ya hacemos lo suficiente"? ¿"Algún día
llegará la República"?
Así no es como cambian las cosas. No hay, no
existe un "los otros"… los demás somos cada uno de nosotros en particular,
tú por ejemplo, que lees estas palabras. ¡Hay que ir más allá del
republicanismo de baja intensidad! Tenemos que ser capaces de dejar de
decir que queremos una República y empezar a hacer cosas para tener una
República. Esa es la esencia de la coherencia política e intelectual:
atrevernos a decir lo que pensamos, y ser capaces de hacer lo que decimos.
La maquinaria mediática
bien engrasada
Cualquier día, EL PAÍS sufrirá un ataque
combinado de HOLA y Blancanieves, EL MUNDO sucumbirá a la línea editorial
de LECTURAS y Cenicienta, y el ABC seguirá igual que siempre. Ese día,
veremos una maravillosa Ceremonia de Usurpación, televisada a todos los
confines del planeta.
Una turba embrutecida saldrá a las calles
para celebrar lujos ajenos directamente relacionados con sus dificultades
cotidianas para comer, vestir y poder seguir devolviendo préstamos… ese
día, asistiremos al triunfo de la desigualdad, y los responsables no serán
los mercenarios del Francisco Franco de turno, ni la hegemonía del
capital… los principales culpables seremos nosotros, ciudadanos que, a
pesar de ser conscientes de todo, consentimos en no hacer todo lo posible
para evitar un nuevo punto y seguido dictatorial.
A rey muerto, rey puesto
El rey ha muerto… ¿Tenemos un plan? Si la
respuesta es: no, estamos jodidos. Y lo mismo vale para el caso de una
abdicación en vida, o cualquier otro cuento que implique nombrar a un
nuevo jefe de Estado sin pasar por las urnas.
¿Tenemos una hoja de ruta hacia la República?
¿Tenemos a alguien electo en quien confiar? ¿Tenemos organizaciones
verdaderamente democráticas y participativas que sirvan para avanzar
decisivamente hacia la República? ¿Tenemos medios de comunicación que
demuestren ser republicanos? ¿Apoyamos lo suficiente a los partidos
republicanos? ¿Qué hacemos para republicanizar a los partidos que todavía
no lo son?
Recordémoslo: los dos únicos límites son
nuestra imaginación y la absoluta renuncia al uso de la violencia. Dicho
esto, en nuestra mano está cuestionarlo todo, unirnos fuerzas, crear y
resistir, hasta retomar el control de las instituciones del Estado y
ponerlo al servicio de la ciudadanía.
Hasta la victoria, siempre
Ni todo está mal, ni todo está perdido, pero
como no nos "pongamos las pilas", nos va a caer otra corona, y otra, y
otra más…
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